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OVNIS Cadentes
publicado en 11/07/2006

Autor: Kentaro Mori

Analizando puntos negros en las imágenes de satélites, comúnmente interpretados como simple ruido, Louis A. Frank, de la Universidad de Iowa, sugirió en 1986 que los puntos eran en realidad cometas menores compuestos básicamente de hielo. Una cantidad enorme de ellos entraría a nuestra atmósfera, alrededor de 20 cometas de 40 toneladas cada uno por minuto. Con un bombardeo continuo a través de mil millones de años, gran parte del agua de nuestro planeta debió entonces haber llegado de esta forma inusual, o al menos ésta es la teoría de Frank. Imágenes más recientes, esta vez del observatorio robótico de Iowa, llevaron a Frank a publicar en el 2001 en el “Journal of Geophysical Research más evidencias de su controversial pero seria y razonable teoría.

Eso se parece más a la teoría cada vez más citada de la panspermia cósmica, según la cual la propia vida en la Tierra habría sido “sembrada” desde el espacio. Lo cierto es que la caída de cometas y de meteoritos, llamados estrellas cadentes (que felizmente no son verdaderas estrellas que caen), influye en todo el planeta y para eso es suficiente con recordar las caídas de meteoritos más grandes, incluyendo el que habría extinguido a los dinosaurios.

Reconocer esto es impresionante, considerando que la ciencia tiene poco más de doscientos años, y si bien ya preveía los eclipses con precisión y trazaba los movimientos celestiales, tomaba las historias de piedras que “caían del cielo” como pura superstición, fruto de la confusión de campesinos incultos con relámpagos o rocas expelidas por los volcanes.

Desde entonces las “estrellas cadentes” habrían pasado de supersticiones incultas a factores determinantes en teorías sobre temas tan profundos como la propia vida, lo que no deja de ser una característica central de la ciencia: su capacidad de reconocer sus propios errores. De hecho después de que los científicos acumularon evidencias suficientes de la existencia real de rocas que “caían del cielo” no pasaron veinte años hasta que esto fue ampliamente reconocido por todos los expertos. En ciencia, el último árbitro siempre es la evidencia.

Sin embargo, en las últimas décadas muchos comenzaron a hablar de algo más “cayendo desde el cielo”: “OVNIS”, “discos voladores”, que se entienden como naves espaciales extraterrestres. Las semejanzas son fascinantes. Aunque la ciencia solamente ha aceptado las “estrellas cadentes” hace doscientos años, la creencia en la caída de cuerpos provenientes del espacio existe desde épocas inmemoriales. Particularmente relevante es el origen de la superstición de pedir un deseo al ver una estrella cadente. Se creía que éstas eran parte del reino de los dioses y que caían por accidente cuando ellos abrían agujeros en la bóveda celeste para espiar nuestro mundo.

De esta forma, las estrellas cadentes serían indicios de aberturas al mundo de los dioses y usted podía hacer una pedido. Las analogías con las caídas de OVNIS son claras: en su actividad de observar nuestro mundo, algunas partes del reino de los extraterrestres acaban cayendo inadvertidamente. Quizás nuestros pedidos esta vez sean interpretados por el deseo de adquirir un poco de la tecnología mágica de ellos a través de la ingeniería inversa. En ambos casos los artefactos de “otros mundos” caen por accidente al nuestro mientras que los seres de esos mundos nos visitan o espían, y esto nos permite alcanzar parte del poder mágico de ellos.

También puede ser curioso notar que el propio islamismo tiene como uno de sus dogmas la peregrinación a la Meca, donde los devotos deben dar siete vueltas a la Caaba, en cuyo interior está nada menos que un meteorito. No son pocos los ufólatras que encuentran esencial hacer su peregrinación a Roswell por lo menos una vez en la vida, exactamente como dice el Islam. Dentro de algún tiempo, es probable que la costumbre de dar vueltas a los “lugares de impacto” se convierta en otra parte de este nuevo culto. Por lo menos visitar el museo local ya lo es. 

Pero lo que más debe interesar a los aficionados a la ufología es el prospecto del reconocimiento científico de las caídas de OVNIS, teniendo como modelo el caso de las “estrellas cadentes”. Aquí también hay semejanzas y, sin una duda, la ciencia podría un día reconocer la veracidad de las caídas de OVNIS o, podemos decir, de los “OVNIS cadentes”. Basta que eso sea probado de forma satisfactoria y científica y sea claro, para lo cual es crucial que realmente existan las naves espaciales alienígenas accidentadas por allí.

¿Y si las hubiera? Podemos analizar la idea de los “OVNIS cadentes”, pero debemos entender que no solo su eventual realidad como sus consecuencias también se deben comparar con las de las “estrellas cadentes” reales, que como vimos pueden ser entre muchas otras cosas el origen de toda el agua en el planeta, o sea, que tienen impactos ambientales en escala planetaria.

Una lectura sin compromiso de la literatura OVNI apunta centenares de caídas de UFOs (esta lista del CSETI señala 272 “caídas posibles”). La gran mayoría de éstas, sin sorpresa, habrían ocurrido después del inicio de la ufología en 1947. Haga cuentas y habría alrededor de 5 supuestas caídas de OVNIS por año en los últimos 50 años. La mayor parte de estos incidentes serían falsos, muchos ufólogos lo admiten, pero también son rápidos en retrucar que solamente una parte de la “actividad OVNI” por el mundo acaba siendo notada por la ufología debido al encubrimiento gubernamental. El razonamiento dice que muchas otras caídas verdaderas deben ser totalmente desconocidas por ocurrir, por ejemplo, en alta mar o lugares mucho más desiertos que Nuevo México, y serían así totalmente encubiertos por el gobierno. Tiene sentido. 

Incluso porque, pueden contar ellos, en cinco décadas millones de avistamientos fueron registrados por el mundo a pesar de la misma conspiración gubernamental. El resultado es que, incluso un lego puede quedar impresionado, la ufología popular ve hoy las “caídas de OVNIS” como algo realmente comparable a las estrellas cadentes. Quizás no numéricamente igual a los millones que diariamente caen dentro de la atmósfera, sino como algo que ocurriera con bastante frecuencia. El conocimiento de esto sería algo irrefutable, que solo aquellos mal informados o mal dispuestos no aceptarían.

Entonces tomemos la estimación inicial de cinco caídas de OVNIS por año. Suponga que la actividad OVNI es constante desde el surgimiento de nuestra especie. Esto rápidamente nos trae la estimación de 500 mil caídas en 100 mil años. Suponga que antes del surgimiento de la especie humana propiamente dicha la actividad OVNI era menor y había “solamente” una caída anual. Así, a lo largo de cuatro mil millones de años que tienen las más antiguas rocas encontradas, entre 500 mil y cuatro mil millones de OVNIS deben haber caído ya en nuestro planeta.

Ahora suponga que cada “disco volador” pesa en promedio cinco toneladas. Llegamos a un número muy grande: más de 20 mil millones de toneladas de legítimo material extraterrestre de “discos voladores” estarían dispersos por nuestro planeta. Este número es solamente un cálculo, basado en diversas suposiciones, incluyendo la primordial: de que realmente hay naves extraterrestres cayendo en nuestro planeta. Sin embargo, todas estas suposiciones parecen coherentes con las creencias más populares de la ufología, y el número es así consecuencia obvia de la creencia de que naves extraterrestres caen con regularidad a la Tierra. Si imaginamos que aproximadamente cada 100 mil años una “nave nodriza” de decenas de kilómetros de tamaño y millones de toneladas se accidenta por aquí, sólo esto ya debería agregar decenas de millones de toneladas de material extraterrestre a lo largo de sus millones de años de existencia.

Quizás fuese más adecuado trabajar con las estimaciones basadas en el volumen de las naves extraterrestres. O quizás la idea de que somos visitados hace millones de años se opone a la misma ufología corriente. Sin embargo, lo que se intenta exponer aquí es que las naves extraterrestres no deben ser los monstruos sobrenaturales de las películas de matiné que se convierten en polvo o en humo cuando mueren.

Del mismo modo parece que las naves espaciales extraterrestres casi mágicamente se convierten en polvo o humo. Pero a menos que violen las leyes físicas básicas la masa de su material no puede simplemente desaparecer. Las reacciones nucleares podrían convertir parte de la masa en energía, pero esta conversión nunca podría ser significativa o la energía liberada fácilmente partiría el planeta por la mitad. Todavía podemos suponer que los materiales que componen un “disco volador” deban ser excepcionalmente resistentes. Recordemos aquí el metal mágico de Roswell que se “repara solo” y vuelve a su forma original. Cómo un material mágico como éste no impide que las naves caigan con tanta frecuencia debe ser otro enigma.

Si las caídas de OVNIS son algo tan común como se dice, o ya sea que ocurra un promedio de “solo” una caída por año en todo el planeta, entonces el impacto ambiental de estas caídas a lo largo del tiempo debe ser significativo, planetario. La cuestión no es más de encubrimiento gubernamental, sino geológica, de ciencia planetaria. Cada año la explotación minera mundial del oro totaliza “apenas” una tonelada y media. Todo el oro producido en la historia humana se estima en solamente 300 mil toneladas (algunos estiman menos de la mitad de esto). O sea, por nuestro cálculo anterior el material de los “platos voladores” que está o estuvo accesible en la superficie del planeta de forma ‘pura’ sería más de 60 mil veces superior a todo el oro que nuestra especie ya usó. La caída de un único OVNI con masa superior a una tonelada y media supera en instantes la producción anual de oro del mundo en una época en la que extraemos este metal valioso de todos los confines del mundo con las técnicas más sofisticadas. ¿Quién no desearía que los OVNIS estuviesen hechos de oro de 24 quilates? 

Nada de esto desaprueba ninguna “caída de OVNI”. Sin embargo, según lo esperado, impone serias limitaciones básicas a la idea que domina la escena ufológica desde la resurrección hace poco más de 20 años del “caso Roswell”. El mayor y mejor “caso” relacionado al tema con centenares de testigos, hasta hoy no trajo mucho más que eso: testimonios contradictorios. Cuando hay centenares de supuestas caídas de OVNIS sin ninguna –siquiera una– confirmación segura, en lugar de corroborar lo que los crédulos no notan es que esto es en sí evidencia de que el fenómeno no implica realmente naves espaciales extraterrestres cayendo. Por el contrario, la cotización de un gramo de disco volador debe ser más baja que la del oro.

Cliquee en las imágenes para abrir el slideshow


Louis A. Frank.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


La Caaba.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

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