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Michel Monnerie: El Ufólogo
del Gran Naufragio Espacial
publicado en 11/07/2006

Autor: Alejandro Agostinelli

"Polémico, discutido". Esos son los rasgos típicos que los periodistas de poco vuelo le suelen atribuir a las personalidades que no se atreven a definir. Las mismas palabras que usan cuando no quieren tomar partido y –por fuerza– se encuentran en la obligación de dar a entender que se trata de alguien fuera de serie y , por lo tanto, que debe ser apartado de estereotipos ocasionales. "Mientras no se pueda probar una sentencia psicológica más apropiada –meditarán en su defensa–, buenas son las frases hechas".

Sin embargo, nadie cree que esos eufemismos sirvan para "mantener la opinión en suspenso". Lo que sí revelan, en cambio, es que son usados para tapar el cielo con las manos, ocultando el verdadero carácter de un autor peligroso. Ya se comprende por qué los ufólogos (en el fondo periodistas monotemáticos o para ser menos severos, escritores amateurs) apenas consideran "polémico" el discurso de Michel  Monnerie.

En lo que a él respecta, bendice la hora en que decidió retirarse de la ufología, no sin antes convertirse en el satisfecho autor de las dos obras que más conmovieron a la colonia platillista europea en tan breve lapso. En el libro pre-fundacional del modelo psico-sociológico ”¿Y si los OVNI no existieran?” (Ed. Les Humanoides Associés, París, 1977), el enigma de los OVNI merecía un replanteo filosófico, por cuanto cabía la posibilidad de que estos no constituyeran ningún enigma. La pelota picaba frente al arco.

¿Y qué resolvieron hacer los ufólogos?... Ante la audacia de aquellas conclusiones, oponerse les resultaba más difícil que seguirlas con obediencia. Quizá fue por eso que –a la creciente sombra de la embestida de autores como Monnerie–, la ufología de final de siglo amanece atravesada por un nuevo rayo: la nouvelle vague, una corriente crítica que promete inmolar en el altar de la pseudociencia a las arcaicas creencias donde el gran mito de los OVNI estuvo estacionado durante los últimos 58 años. El autor de esta crónica –que también fue iluminado por aquellos claroscuros– intentará un sintético perfil de este personaje... traumático y desalentador para la ortodoxia ufológica contemporánea y bienvenido y auspicioso para los escépticos de buen corazón.

¿MARINERO DE TIERRA?

Estar frente a Monnerie es estar frente a un "ganador". Simpático, gracioso, conversador. Un poco pedante, también. En medio de una pequeña convención de ufólogos, él probablemente sea el único incapaz de fruncir el ceño, de no ensayar jamás un gesto de preocupación ni dedicarle al tema ni una palabra de más.

¿Por qué? Porque el gran enigma de las astronaves interplanetarias dejó de quitarle el sueño. Porque se dio cuenta de que los platillos dibujaban en su mente un garabato invisible, que llevaba inscrito un mensaje muy simple: los OVNIS no son más que un sueño social encarnado en la era de los viajes espaciales. El imaginario colectivo había tendido una caña de pescar hacia las profundidades del océano cósmico, y la ilusión mecanicista había terminado. A su manera, él resolvió el problema y de su vocabulario la palabra "duda" había sido desterrada.

El segundo libro de Monnerie –y según parece, también el último– fue “El naufragio de los extraterrestres” (Nouvelles Editions Rationalistes, Paris, 1979). Para su autor fue algo así como el happy end de la ufología. Ese libro puede explicar el descansado semblante con el que afirma: "Existen temas más importantes que los OVNIS". Hace más de diez años que no tiene ninguna participación en la actividad ufológica francesa, pero continúa moderadamente interesado en el tema. Tal vez por eso sea tan caballeroso cuando llega a su ciudad otro ex-ufólogo al que no se le ocurre mejor idea que pedirle que reitere su posición frente al problema.

Si el de las preguntas proviene de la Argentina –República remota si las hay, y no sólo con respecto a la posmoderna Europa occidental–, no vacila en someterlo a un exhaustivo interrogatorio sobre la casuística OVNI de ese país. Así surgen algunos "clásicos" nacionales: las fotografías del Capitán Niotti, los "espectaculares" fenómenos de la villa tucumana de Trancas... Sin duda, el inquisidor engranaje que mueve su curiosidad alcanza para hacer vacilar al más credulón de los hombres.

En algún momento se habló de las peculiaridades de la profesión de Monnerie. Por error o burla y si fue así, con bastante de malicia, alguien dijo que en su juventud supo de marinero de tierra, oficio frustrante para un planeta cuya superficie está cubierta en sus tres cuartas partes por el océano más hermoso del universo. Según se sabe, Monnerie es, sin embargo, un reconocido restaurador de obras de arte. En seguida, la imagen que acude es la del perfeccionista. Y bien: si la ufología fuese una escultura, para él había que repararla. Hurgando entre muescas y molduras, había también que restaurar la razón perdida. 

Para hablar con propiedad, el escéptico parisino no es más que uno de los desertores más escandalosos de la historia de la ufología. La que, según él mismo, es un barco "indistinguible" entre tantos otros, que se hunde en un horizonte ya lejano. Pero... ¿para siempre? Los buenos marinos, aunque tengan los pies sobre la tierra, nunca abandonan del todo la nave que lleva puesta su bandera. También sirven para otras guerras, porque siempre existen mejores causas por las que luchar...

EL OVNI ES EL REFUGIO

A: En los "primeros buenos tiempos", cuando escribías las crónicas del RESUFO en “Lumières Dans La Nuit”, ¿creías tener evidencias que revelaran la naturaleza extraterrestre de los OVNIS?

M: No era totalmente así. Yo sólo buscaba evidencias, pero esto no quiere decir que creyera en los extraterrestres. Aunque debo confesar que sí, que yo empecé creyendo. Pero me pareció que "creer" en la existencia de un fenómeno en realidad era una actitud anticientífica y, cuando llegué a ser responsable en París de la revista “Lumières Dans La Nuit”, me apresuré a crear grupos de carácter científico, con amigos que se ocupaban de las "pruebas físicas" (los efectos electromagnéticos, algunas aplicaciones en la informática, etcétera) y busqué gente que pudiera eventualmente colaborar en otros campos, aunque siempre detrás de las "evidencias". Desde el principio me interesaron las pruebas fotográficas y astronómicas, que fueron mi especialidad. Y bien, el trabajo de esos grupos fue conducido –bastante rápido, desde 1973 hasta 1978– a un callejón sin salida.

Dedicándome a la investigación de las evidencias fotográficas me di cuenta de que esas placas revelaban muchas confusiones, y entonces traté de estudiar todos los casos a través de esa  óptica, y ver si, a fin de cuentas, los OVNI no eran más que confusiones. Más avanzaba en este campo, más notaba que había dos aspectos: por un lado, el relato de la gente, que era conforme a lo que ya sabía sobre OVNIS; y por el otro comprobé que la realidad de las observaciones generalmente delataba una gran banalidad. Llegué a la conclusión de que el observador no comprendía la naturaleza de lo que veía y desde esa instancia, tenía la posibilidad de escoger entre varias hipótesis: podía se la luz de un automóvil, un astro... o uno de esos OVNI de los cuales todo el mundo hablaba.

A partir del momento en que el observador acepta la hipótesis OVNI, ajusta su visión conforme a lo que conoce del fenómeno. Para tomar un ejemplo, la confusión más corriente se produce con astros como la Luna. La persona que la observa de pronto parece encontrarla deforme, sea por el paso de nubes o por cualquier otra causa, y descubre en ella un aspecto desconocido.

La Luna aparece demasiado diferente de lo que el testigo cree saber de ella; y se dice: "No es un avión, no es un reflector, pues entonces será un OVNI", y todas las particularidades específicas de la observación van a ir cobrando el aspecto de lo que conocemos por "fenómeno OVNI": si una nube pasa por el medio de la Luna, el testigo dirá que el OVNI se cortó en dos partes, y así sucesivamente. Este mismo fenómeno lo observé en otros casos. Por ejemplo, estudiando fotografías de supuestos OVNI, en donde se comprueba con toda seguridad que se trataba de la Luna.

A: ¿Tan sencillo como eso?

M: El modelo que acabo de explicar sólo se ha usado en algunos casos, pero el ejemplo me parece importante porque encierra dos aspectos. Por un lado tenemos un astro bien conocido, la Luna y por otro tenemos un relato bien parecido a todo lo que suele decirse sobre los OVNI. Aparte de mis conocimientos de astronomía (soy astrónomo aficionado, pero de buen nivel) y de ufología, me pregunté si no era posible extender esa idea al conjunto de los casos OVNI. Desde ese entonces volví a investigar muchos informes e hice las encuestas basándome en esta óptica.

Con bastante rapidez, me di cuenta de que el conjunto de los casos podía ser juzgado desde aquel enfoque.

A: ¿Qué distinciones haces según las distintas clases de testigos?

M: Es común decir que los observadores son gente normal, de quienes nadie va a sospechar. Pero veo que, en general, a la gente le gusta ser capaz de explicar lo que ve. Cuando un testigo se detiene ante un fenómeno que no puede entender, enseguida busca una explicación. Tras descartar las primeras hipótesis, esta persona ajusta el relato con lo que conoce del fenómeno. Ese proceso de adaptación se da a tal punto que se vuelve muy difícil comprender qué es lo que realmente ha visto el testigo. Cuando es posible descubrir cuál fue el objeto que dio origen a la observación, ante su banalidad, uno se queda muy extrañado.

Una sencilla nube bruma, por ejemplo, puede llegar a transformarse en un objeto metálico con personajes que giran a su alrededor, y si se percibe un estado de angustia en el testigo es porque éste se da cuenta de que existe un "pasaje", un hiato entre la interpretación que hace de lo que vio y lo que ha visto realmente, y nota que aquellas cosas que están en el relato no son del todo coherentes.

No son pocos los casos OVNI donde aparece esta angustia, que no se desencadena tanto debido a la situación en que los testigos se encuentran, sino ante la dificultad que tienen de ajustar la hipótesis del OVNI a la descripción que hacen de su observación. En algunos casos, el proceso se detiene allí; pero en la mayoría de ellos los ufólogos le demandan al observador detalles de mayor rareza y la consecuencia es que su cerebro comienza a imaginar las cosas más diferentes.

Para indagar esta angustia del testigo, los casos de alta extrañeza son quizás los más interesantes. Al testigo, el contenido del relato puede parecerle inconexo de acuerdo con su lógica, pero no en cuanto a la narración en sí, ya que él se esforzará para que tenga la máxima coherencia posible. Obviamente, estamos hablando de los testigos sinceros, no de los bromistas. Yo creo que los psicólogos no me van a contradecir: las personas que están muy angustiadas tienden a refugiarse en un estado de  ensoñación, en el que se sienten más confortables.

LA ODISEA DEL ESPACIO

A: ¿Por qué entre tantas hipótesis que podrían servir para explicar lo que ve, el testigo opta por la de los OVNI?

M: El OVNI encarna un sueño colectivo, que pertenece a toda la humanidad, ya desde la Segunda Guerra Mundial. En ese entonces, la conquista del espacio estaba al alcance de la mano, aparecía como una cosa posible. Estaban los cohetes, la electrónica, las conexiones de radio para que los astronautas pudieran entrar en comunicación con su base, ya teníamos todos los medios necesarios par que ella sea una realidad.

En los Estados Unidos se publicaban artículos en pro de esta conquista espacial, y para el público parecía una aventura posible, inminente. Desde el momento en que esto aparece como una posibilidad, la esperanza del hombre hace creer que esto ya es real. Y entonces, algunos comienzan a decir que así como vamos hacia el espacio otros seres pueden llegar. Desde luego, esta explicación también debe ser enfocada teniendo en cuenta el clima creado por la literatura de ciencia ficción, que vino a añadirse a todos los comentarios sobre la conquista del espacio. Así, los observadores de platillos voladores consideraron que había seres que venían desde el espacio a su encuentro.

A partir de aquí entramos en una etapa constituida por rumores banales. Cuando alguien ve algo en apariencia extraño, pues entonces su vecino quiere ver lo mismo. Los periódicos –encantados de publicar este tipo de cosas– se ocuparon de amplificar el fenómeno de rumor. Es en esta instancia en la que aparecen los motivos sociales para comprender la génesis de las observaciones. En una palabra: cuando alguien no entiende algo demasiado bien, escoge el rumor de moda para explicar su observación.

A: ¿Cuál fue la reacción de la comunidad científica francesa cuando fue publicado tu primer libro?

M: Antes de responder conviene hacer algunas aclaraciones. Para el gran público, la ufología había perdido base de sustentación. Sobre todo porque los astrónomos, desde 1978, ya habían establecido que era imposible hacer contacto con otras civilizaciones. Y además, los datos que comenzaron a conocerse con la carrera espacial ya en marcha, enseñaron que los mundos que nos rodean no solamente están desiertos, sino que también son hostiles.

Debido a ese estado de cosas, el sueño de la conquista espacial quedó destruido. Por otra parte, los sociólogos comprueban que para que un rumor sobreviva y se renueve, éste tiene que ser continuamente alimentado. Pero el rumor de los OVNI no evolucionaba, y entonces el público, decepcionado, comenzó a buscar otro tipo de explicaciones.

En este marco debe considerarse la actitud de los medios científicos en Francia, que, entre el 76 y el 78, era muy abierta. Mi libro fue bien recibido y adoptaron una actitud más que racional. Como siempre sucede, algunos se llamaron a silencio. Pero tanto científicos como periodistas opinaron que era mejor no ir más lejos en este asunto. En cuanto el público empieza a cansarse de un tema, el periodismo sigue su sombra.

A: ¿Y los ufólogos?

M: Fue una reacción bastante diferente de la que esperaba. Más bien "naif". La ufología había evolucionado bastante, y para entender este comportamiento hay que volver al pasado. Si bien había varios grupos que creían en la ufología clásica, en el 76-78, cuando publiqué mi primer libro, pensé que otros iban a llegar a mi misma conclusión, ya que muchos de ellos conocían tan bien como yo el fenómeno. O, por el contrario, imaginé que vendrían a decirme: "¡Muy bien! ¡Usted ha llegado al final de la investigación!". Sin embargo, buena parte de ellos se mantuvieron en su posición, creyendo en la ufología clásica.

A: ¿Por qué hasta los críticos más benevolentes con tu modelo como por ejemplo, Thierry Pinvidic (1) opinan que no está apoyado sobre cimientos sólidos?

M: Bueno, si es por Pinvidic, él ha evolucionado mucho. Pero esa acusación es una reacción visceral, emocional, que trata de sacar partido de mis debilidades para intentar contradecirme. Desgraciadamente, yo no tengo necesidad de probar que los OVNI no existen. Los otros son los que tendrían que ofrecer las pruebas de su existencia. Desde que se publicó "¿Y si  los ovni no existieran?" se han dicho tantas cosas... hubo tanta polémica... Pero nadie trajo elementos de prueba convincentes para demostrar que mi tesis era falsa.

Entre los que no estuvieron de acuerdo, algunos se quedaron mudos, como si fuese el libro lo que nunca hubiera existido... La mayoría, sin embargo, aprovechó para abandonar la ufología y desaparecer. Otros, por ejemplo, se preguntaron qué pasaría si Monnerie no está equivocado del todo, y de ahí surge la "nueva ola"...

A: Hecho del que debes estar orgulloso...

M: ¿Ah, sí? Debo reconocer que estoy encantado. Lo que más gusto me da es que este grupo empiece a llegar a las conclusiones que yo expuse al final de mi segundo libro. La ufología no termina con los OVNI: empieza estudiando Psicología, Sociología, que ambos son campos muy interesantes. Parece ser que en esta etapa hubiera hecho falta que aparezca alguien que dijera algunas cosas para que luego otro grupo de personas se ocupara de  buscar elementos con qué probar mi tesis. Posiblemente la historia recordará los nombres de Scornaux, Pinvidic, Maugé...(2).

A: ¿Crees realmente haber llegado al final, que no queda nada más por investigar?

M: Esa pregunta es difícil de contestar. Porque la ufología como tal merece un estudio, no ya histórico, sino también sociológico. Pero atención. Esto no equivale a decir que no existan seres en otros sistemas planetarios. Lo que sucede es que ese problema tiene nada que ver con la ufología. La ufología está basada en un rumor, en un mito muy ligado a la conquista del espacio que no tiene ninguna relación con la exobiología.

A: En las "confesiones" que aparecen en las primeras páginas de "El naufragio de los extraterrestres" reconoces haber estado "viviendo un sueño". Finalmente, no fue una pesadilla... ¿No crees que fue positiva, a pesar de todo, la experiencia de haber transitado por la ufología?

M: Bueno, aquél fue un artificio literario. Con "sueño" quise decir que durante diez años estuve fuera de la realidad, que le había dado una importancia exagerada a un fenómeno que humanamente es muy reducido. Lo importante en la vida es el trabajo, la familia, los problemas filosóficos o políticos que cualquier hombre puede plantearse. La ufología es algo estrecho, y yo digo que durante diez años viví un sueño donde ella ocupaba todo el espacio.

A: En un sentido "filosófico", entonces... ¿No te parece que un rumor como el de los OVNI que ha influido en la sociedad al punto de provocar cambios importantes en las creencias populares sigue mereciendo ser objeto de reflexión?

M: Seguro. Pero es probable que de momento no tengamos la suficiente perspectiva histórica como para ver las cosas con claridad. Cualquier fenómeno con la amplitud de los OVNIS es capaz de dejar huellas culturales suficientemente significativas como para que los historiadores, dentro de 50 o a más tardar 100 años, puedan dar su veredicto.

* Este reportaje (del que también existe una versión en video) fue traducido en forma simultánea por la paciente amiga Françoise Jazón. El autor desea agradecer vivamente su amable colaboración.

NOTAS

(1) La crítica de Thierry Pinvidic al modelo psicosociológico de Monnerie fue volcada en "Quelques réflexions sue les priorités de la recherche", publicada por la revista “Inforespace” Nº 6 (extra), editada por la SOBEPS, diciembre de 1982. En español puede consultarse “Cuadernos de Ufología” Nº 6. 2ª época, septiembre de 1989: “El pensamiento vivo de Thierry Pinvidic, o el sueño despierto de un ex-homo ufologicus”, por Marcial Nikopol, pps. 72-78.
(2)  Junto con Pinvidic, Jacques Scornaux y Claude Maugé son dos de los principales exponentes de lo que se ha dado en llamar la "nueva ola".
Scornaux es autor de "Du monnerisme et de son usage: essale dánalyse des théses défendue dans l'ouvrage 'Le naufrage des extra-terrestres'", en "INFO-OVNI" Nº 7/7 ( Special: "Monnerie, Scornaux et les autres..."). Montuçlon, junio de 1981. Maugé ha defendido la Hipótesis Psicosociológica para explicar el mito de los OVNIS en distintas tribunas de la prensa ufológica europea. En español ver por ej.: "El fenómeno real, cuestionado", en “UFO PRESS” Nº 20, año VII, Ed. Comisión de Investigaciones Ufológicas (CIU), Buenos Aires, junio de 1984, pps. 3/28. Para enterarse de los pormenores de la HPS en nuestro idioma, ver dossier "La Nueva Ufopatía", por Alejandro Agostinelli (compilador), publicado en “Cuadernos de Ufología” Nº 6, 2ª época (septiembre de 1989) y Nº 7 (enero de 1990). Dirección: Apartado 5041 – 39080, Santander, España.

Publicado originalmente en El Ojo Escéptico Nº 1 - Buenos Aires, marzo de 1991. Reproducido luego en Contacto OVNI y La Nave de los Locos Nº 5 - Noviembre de 2000.

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Michel Monnerie.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Portada de la revista francesa "Lumieres dans la nuit".

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 


El profesor y ufólogo Claude Maugé.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Alejandro Agostinelli.

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