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De Fugos a UFOs
publicado en 11/07/2006

Autor: Kentaro Mori, en colaboración con Fernando J.M. Walter del CETESbr

Extraños objetos voladores invaden los Estados Unidos y todo es encubierto por el gobierno. No estamos hablando de discos voladores sino de fugos, globos-bomba japoneses de la Segunda Guerra Mundial. Estos, fabricados en gran parte de papel, increíblemente consiguieron alcanzar su objetivo principal: lanzados desde Japón, atravesaron sin escalas el océano Pacífico y bombardearon los Estados Unidos, llegando no sólo (y principalmente) a regiones del medio oeste americano, sino hasta los estados de Michigan y Texas y aún a países vecinos (México y Canadá). 

Los fugos destruyeron el mito americano de inexpugnabilidad y, probablemente, también ayudaron a alimentar los mitos conspiranoicos tan presentes en la ufología. Tras el trágico ataque del 11 de septiembre, comentaristas y analistas se cansaron de repetir que éste era el único ataque sobre tierras americanas en la historia reciente, apenas comparable con Pearl Harbor. Se habían olvidado de los ataques con fugos sobre buena parte de los estados americanos en el período comprendido entre noviembre de 1944 y abril de 1945. Llamar a esto conspiración sería demasiado dramático. Pero los fugos sí fueron parte de una operación real de encubrimiento y desinformación, lo que explica un amplio desconocimiento de estos hechos hasta el día de hoy. 

Pero vamos a comenzar contando cómo eran esos globos-bomba. El globo en sí estaba hecho de papel de seda engomado colocado con pasta de batata. No es broma. Parte de toda una cultura japonesa con relación al papel, muchos de ellos fueron construidos por alumnos de las escuelas niponas. Cuando se llenaban por completo de hidrógeno, los globos tenían cerca de diez metros de diámetro y un color blanco azulado. Amarrados con cuerdas de lino a ellos, estaban el absorbedor de choques, el lastre y el armamento.  

Entre los sistemas que garantizaban la llegada y la autodestrucción, estaban las cargas de bombas incendiarias de cinco o doce kilos. Tal vez no es nada muy impresionante, pero es preciso recordar que los fugos eran efectivamente bombas intercontinentales. Además de esto, las bombas tenían un objetivo diferente a la simple destrucción inmediata: la idea era iniciar múltiples incendios forestales que consumirían parte del esfuerzo de guerra americano, sin olvidarse del efecto moral de provocar miedo y pánico en el continente. 

La forma en que los fugos funcionaban y llegaban a su objetivo es uno de sus más curiosos aspectos. Consiguieron ir desde Japón hasta los Estados Unidos en sólo tres días, gracias a un fenómeno meteorológico poco conocido en la época: las corrientes en chorro, jet streams o corrientes de aire a grandes velocidades presentes en la alta atmósfera. De día, el Sol calentaba el hidrógeno y hacía que el globo se elevara, hasta que una válvula liberaba la presión excesiva. De noche, con el enfriamiento del hidrógeno y la caída de altitud, un sensor barométrico liberaba parte del lastre. Después de tres ciclos de subir, navegar en las veloces jet streams y descender, los fugos estarían sobre Estados Unidos y entonces en lugar del lastre, estarían liberando su carga explosiva para después activar sus mecanismos de autodestrucción. Un crimen perfecto.  

Cuando se detectaron los primeros fugos, los estadounidenses pensaron que habían sido lanzados por submarinos japoneses próximos a la costa oeste. Sólo después de algún tiempo, con un gran número de fugos y un análisis perspicaz de la arena usada como lastre –arena que se constató pertenecía a áreas específicas de la costa japonesa, las cuales posteriormente fueron bombardeadas por la USAF– se llegó a la conclusión de que los globos estaban llegando directamente del Japón. 

Exactamente después de que una gran cantidad de incidentes fueron registrados por el gobierno, el pueblo americano permaneció sin saber del ataque directo a que estaba siendo sometido su país. Y aquí entra el encubrimiento oficial en el período de guerra, cuando el 4 de enero de 1945 la Oficina de Censura hace su trabajo y oculta el tópico de los globos-bomba. La intención benigna era evitar que los japoneses supiesen del éxito inusitado de su proyecto fugo, quedando casi tan ignorante como el pueblo americano.  

En historias verdaderas, que más parecen salidas directamente de las anécdotas paranoicas, el FBI y los militares realmente recogieron partes y restos de estos globos y pedían a los eventuales testigos de las ciertamente bizarras apariciones de fugos, que “olvidaran lo que habían visto”. Los grandes medios cooperaban con el encubrimiento, evitando publicar cualquier nota sobre los casos. Hipotéticamente, en caso de que no existiese una guerra en pleno desarrollo, los mitos de visitas extraterrestres e incontables Roswell podrían haber comenzado ya en 1945. Es una hipótesis bastante viable, así que buena parte del clima que llevó a la manía americana por los discos voladores a partir de 1947 fue estimulada por la mal contada historia de encubrimiento de los fugos. 

Toda el ingenio implicado en el proyecto fugo pudo no tener resultados equivalentes. El encubrimiento americano aparentemente funcionó: sin tener certeza de que los globos habían alcanzado su objetivo y con recursos cada vez más escasos (sumándose a eso los bombardeos, aunque un poco a ciegas, hechos por la USAF a las “fábricas” de fugos), los japoneses cancelaron el proyecto en abril de 1945. Como si no bastase su fracaso en provocar el pánico, como los fugos habían alcanzado Estados Unidos durante el invierno, la intención de causar incendios forestales no logró un éxito completo. Lanzarlos en ese tiempo no fue  una necedad, sino algo que se puede explicar debido a que el período de invierno es justamente la época del año en la cual las jet streams eran más apropiadas para llevar los globos. 

A pesar de los más de 300 incidentes con fugos registrados a lo largo del continente americano, no sólo en los Estados Unidos sino (como ya dijimos) en México y Canadá, se estima que fueron lanzados más de nueve mil Fugos. La gran mayoría de ellos debe haber caído en el Pacífico antes de alcanzar su objetivo. De los más de 300 incidentes, sólo uno, conforme a los registros, ocasionó muertes, y muertes particularmente trágicas: en un día de campo organizado por de iglesia en la ciudad de Bly, en Oregon, cinco niños y una mujer embarazada murieron al producirse una explosión por una bomba de Fugo no detonada. Ese incidente con muertes, el 5 de mayo de 1945, finalmente rompió parte de la censura (un mes después de que fuera cancelado el proyecto japonés) y de ahí en adelante la desinformación pasaría a operar, lo mismo minimizando que ridiculizando la eficiencia del invento. Después de la guerra, “The New York Times” señaló: “El primer premio por armas de guerra inútiles va para Japón, por sus globos-bomba de ‘origen único’ pretendiendo esparcir fuego y terror”.  

Lejos de ser inútiles, los fugos permanecerían como el único ataque al continente americano con bajas durante toda la guerra, al menos hasta el 11 de septiembre de 2001. Documentos más relevantes sobre los globos-bomba sólo serían liberados en 1980, pues mucha de la información cosechada para el proyecto fugo sería usada por los Estados Unidos en iniciativas de globos experimentales en plena Guerra Fría. ¿Inútiles, no? Ironía de ironías, uno de estos proyectos llamado Mogul habría sido uno de los responsables de las historias de la caída de un disco volador en Roswell en 1947. 

Los fugos todavía tienen algunas ironías desconcertantes. Uno de ellos se enredó en las líneas de transmisión eléctrica que servían a una fábrica de enriquecimiento de uranio en Hanford, Washington. El uranio que sería usado en Nagasaki meses después, bajo la forma arrasadora de una bomba atómica. Como si no fuera suficiente, la forma en como los cables del globo se enroscaron en las líneas de transmisión, causaron un corto circuito que vendría a ser repetido en los años 90 por las avanzadísimas bombas americanas en Irak y en Kosovo, compuestas de tiras de carbono destinadas a enredarse en los cables de alta tensión. Otra: Los planes de ataques bacteriológicos lanzados por globos que fueron encontrados hace poco en Pakistán. Éste era justamente el mayor temor del uso de los globos-bomba durante la Segunda Guerra, algo que nunca ocurrió. Debemos notar que, como el inusitado ataque de aviones suicidas del 11 de septiembre (que recuerda los ataques kamikazes), un ataque terrorista utilizando “fugos” es el peligro real más ampliamente desconocido. 

Lejos de ser meras curiosidades históricas, como hemos visto los fugos tienen innumerables implicaciones en el escenario actual. Ellos también enseñan que la historia se relaciona con las teorías ufológicas de conspiración, sacando los detalles más fantásticos, al mismo tiempo que la ufología se relaciona con la historia, que tiene sí sus conspiraciones y encubrimientos gubernamentales. Que son algo bien terrestre, humano y concreto.

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Cliquee en las imágenes para abrir el slideshow


Atrapado en los árboles, este fugo debió haber sido una aparición sorprendente en pleno 1945.

 

 


Réplica de fugo en museo japonés


La góndola, con el lastre, las bombas incendiarias y la bomba principal bien visible.

 


Diagrama, dé un clic para ampliar.

 

 


Fugo capturado es probado por los estadounidenses. Note la persona a la izquierda y compare su tamaño.

 


Fugo enredado en cables eléctricos. No es el fugo de Hanford, sino un incidente en California.

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