¿Por qué los antiguos griegos no desarrollaron una revolución industrial? Éste es uno de los más intrigantes enigmas de la historia, una vez que sabemos que ellos alcanzaron altos grados de sofisticación en ciencias como la matemática y la astronomía. Uno de los ejemplos más citados del avance de la ciencia griega antigua es la estimación de la circunferencia de la Tierra realizada por Eratóstenes alrededor del 200 a. C. Uniendo una ingeniosa medida de las sombras con conocimientos matemáticos, su error fue de apenas algunas centenas de kilómetros. Una de las teorías que explicaría esta falla de los griegos sugiere que aunque tuvieron genios tan grandes no había el número suficiente como para sustentar una revolución científica y tecnológica. O quizá no querían aplicar sus grandes abstracciones al mundo real, no se sabe si por desdén al trabajo manual en una sociedad esclavista con amplia numerosa de obra. La teoría parecería razonable, si no fuese por el descubrimiento al inicio del siglo XX del más complejo instrumento tecnológico de la antigüedad conocido hasta hoy: el mecanismo de Antikitera. Este artefacto aislado, como una especie de piedra Rosetta de la ciencia y la tecnología, permite que tengamos acceso a toda una historia que nunca pensamos que existiera. ARQUEOLOGÍA SUBACUÁTICA El descubrimiento del notable mecanismo comenzó en 1900. El buzo Elias Stadiatos tuvo una sorpresa: a una profundidad de poco más de 40 metros en el mar próximo a la pequeña isla griega de Antikitera, vio lo que, aterrorizado, describió a su capitán como “un monte de mujeres desnudas y muertas”. Lo que Stadiatos había visto debieron ser en verdad estatuas de bronce, apenas parte del magnífico tesoro que permaneció perdido por casi dos mil años cuando un navío mercante griego se hundió en las aguas de la región. El artefacto más valioso recuperado de este cargamento pasó inicialmente inadvertido. Cuando lo retiraron de las aguas, era algo como una caja de madera carcomida, de tamaño aproximado a una caja de zapatos. Debido a las precarias condiciones, el objeto pronto se deshizo en pedazos, pero por otro lado esto permitió que quedaran expuestos algunos engranajes, y el artefacto pasó a ser conocido como el mecanismo de Antikitera. Las inscripciones en griego permitían fecharlo de forma aproximada, y tal fecha coincidía con la de otros objetos encontrados en los destrozos del navío. El mecanismo de Antikitera fue construido y se hundió en las aguas del Mediterráneo al final del siglo I a.C. Se pensó que era un astrolabio, aunque había quienes argumentaban, con razón, que las inscripciones eran demasiado complicadas para un mecanismo de este tipo. Al mismo tiempo, estaban los que decían que los griegos del siglo I a.C. ni siquiera podían construir un astrolabio. Pasarían más de cinco décadas hasta que el trabajo de restauración del mecanismo de Antikitera llegase a un punto en que se podía poner más atención, lo que fue hecho de forma casi heroica por el físico e historiador de la ciencia Derek de Solla Price. ESTUDIOS PIONEROS En 1951 Derek Price fue al Museo Nacional en Atenas para analizar por sí mismo el mecanismo. Él estaba familiarizado con la construcción de astrolabios medievales, y comenzaría una larga jornada de investigaciones. En su primera publicación sobre el tema en 1955 sitúa el mecanismo de Antikitera como precursor de todos los relojes mecánicos. Más adelante, en un artículo fascinante en la revista “Scientific American” de junio de 1959, llamó la atención del mundo científico sobre diversos aspectos del mecanismo, apuntando que debía ser una computadora astronómica a partir de las inscripciones con referencia al zodiaco, cuerpos celestes y a los meses del año. Estos contadores son singulares por presentar claras marcas periódicas, y si inferimos la existencia de punteros móviles, esto establece al mecanismo de Antikitera como el instrumento científicamente graduado más antiguo que conocemos. Todos los más de 30 engranes que componen el mecanismo original parecen haber sido cortados de la misma placa de bronce con una pequeña cantidad de latón, con dientes simples compuestos de triángulos con un ángulo de 60 grados en cada uno de ellos, y por lo tanto intercambiables. A partir de los engranes, Price conjeturó que el giro de un engrane motriz, ya perdido, movía todos los otros que llevaban los punteros e indicaban el movimiento de los cuerpos celestes a lo largo del tiempo. El mecanismo sería así una especie de simulador capaz de indicar las posiciones celestes en cualquier fecha, simplemente con girar una manivela para el frente y otra para atrás. Este giro podría ser incluso automatizado, representando el cielo junto con un reloj de agua. La hipótesis era tan osada que se llegó a proponer que el artefacto había caído en medio de los destrozos del navío (sic) en un período medieval. De hecho, por todo lo que sabemos, el mecanismo de Antikitera está más de mil años adelantado a su tiempo. Mecanismos conocidos con gran sofisticación similares solo se vieron surgir después del siglo XIII o más tarde. Mas, nuevamente, una serie de evidencias indican con seguridad que data del siglo I a.C. La hipótesis es sin duda extraordinaria, y se acompaña de una serie de evidencias extraordinarias. LA DECODIFICACIÓN DE PRICE Más de 20 años después de iniciar su trabajo, teniendo como base fotografías recientes de rayos X y rayos gamma del objeto, Price publicaría su trabajo final sobre el mecanismo. En “Gears from the greeks” (1974) llega a la meta de decodificarlo para saber cómo funcionaba originalmente. Según la reconstrucción conjetural de Price, el mecanismo de Antikitera era un arreglo de engranes creados y dispuestos para indicar las posiciones del Sol y la Luna de acuerdo con el calendario. La reconstrucción revela aspectos increíbles. Por el lado científico, construir el mecanismo de Antikitera involucró trabajar a partir de una serie de tablas astronómicas con precisión admirable para pueblos que observaban el cielo sin telescopios. Eran tablas que los griegos deben haber heredado de los babilonios. Observando las tablas, los ciclos astronómicos se hacen más claros. El mecanismo de Antikitera incorpora la razón astronómica de 254/19, lo que es una excelente aproximación al valor real, irracional, con un error aproximado de solo una parte en 86 mil. Se pueden imaginar varias explicaciones para que los griegos antiguos hayan llegado a tal valor, pero la más económica –sin recurrir a seres extraterrestres o descendientes de la Atlántida– sugiere que al observar y compilar tablas astronómicas pudieron haber percibido el ciclo de 19 años de equinoccios, solsticios y fases de la Luna. Diecinueve años equivalen a 235 + 19 = 254 revoluciones de la Luna en relación con las estrellas, siendo una adición derivada del hecho de que hay una revolución más por año mientras la Luna gira con nosotros alrededor del Sol. Aplicar la proporción de 254/19 con engranes no es tarea fácil, y aquí entra el notable aspecto tecnológico del mecanismo. Con engranes simples de eje fijo, por más complejos que se hagan los arreglos, estamos limitados a multiplicaciones y divisiones de números. Para efectuar adiciones y sustracciones en nuestra pequeña computadora mecánica, necesitamos de un enorme avance tecnológico: el engrane diferencial. El uso moderno y más cotidiano del engrane diferencial es en los automóviles, en donde permiten que las ruedas de cada lado del coche giren a velocidades diferentes, con una distribución proporcional de tracción de eje. Un diferencial es, básicamente, un engrane de eje móvil capaz de girar libremente entre otros dos. El movimiento del eje móvil es equivalente a la mitad de los movimientos sumados por los dos engranes en cuestión. Este engrane diferencial fue inventado por el inglés James Starley, en 1877. Según Price, el mecanismo de Antikitera incorpora de forma ingeniosa un engrane diferencial, y es éste su aspecto tecnológico más notable. Hay relatos chinos legendarios que hablan de un “carruaje apuntando al sur” usado en batallas en el mil a. C. o antes. Sería un dispositivo de navegación que movido con cuidado, siempre apuntaba al sur a partir de un movimiento diferencial de sus dos ruedas. Tal carruaje incorporaría un diferencial, no obstante evidencias directas de tal mecanismo datan recién del 300 d. C. en adelante. De esta forma, el diferencial del mecanismo de Antikitera también es el más antiguo diferencial conocido de forma segura. Tanto científica como tecnológicamente, el mecanismo de Antikitera se revela como fantástico y singular. ESPECULACIÓN ¿Cómo debemos entender la singularidad sin par de este mecanismo aparentemente adelantado mil años a su tiempo? Price ya sugería que es el “venerable antepasado de toda nuestra plétora presente de instrumentos científicos”. En el Renacimiento los fabricantes de instrumentos científicos se habían desarrollado de los relojeros, y la tradición de relojería proviene de una tradición de construcción de modelos astronómicos mecánicos, siendo el mecanismo de Antikitera el ejemplo más antiguo. De alguna forma el conocimiento sobre esta ascendencia importante de modelos mecánicos se perdió trágicamente, pero los frutos de la tradición en sí mantuvieron una continuidad de la Grecia Antigua al mundo moderno, siendo los árabes un puente crucial. La especulación es mayor en cuanto al uso del mecanismo simulador de los movimientos celestes. ¿Se le utilizaría como una ayuda en la educación de jóvenes en astronomía o sería sólo un juguete de demostración o la decoración en grandes monumentos o para entretener a los más ricos? El profesor Christopher Zeeman hizo algunas sugerencias curiosas sobre el mecanismo de Antikitera. Según él, primero los astrónomos babilonios observaron los movimientos celestes como se ven desde la Tierra. Después, los matemáticos griegos crearon formulas y cálculos para describir tales movimientos. Entonces vinieron los ingenieros griegos, que crearon modelos mecánicos para reproducir esos movimientos, siendo el mecanismo de Antikitera un ejemplo. Con la ayuda de estos modelos, los estudiantes aprendieron astronomía hasta culminar en Ptolomeo, que al final del 150 d. C. habría interpretado la mecánica celeste como una reproducción literal de esos mecanismos, ¡proponiendo esferas celestes girando alrededor de la Tierra! Los planetarios mecánicos pueden haber influenciado el pensamiento humano por más de mil años, y los que eran simples simuladores del cielo visto desde la Tierra habrían dado una sólida noción de que nuestro planeta estaba realmente en el centro del Universo, y las esferas celestes giraban a su alrededor movidas por una compleja ingeniería oculta creada por Dios. El hecho es que la mera existencia del mecanismo de Antikitera torna plausible toda una serie de aparatos descritos en unos pocos manuscritos antiguos y que de lo contrario pensaríamos que eran completamente fantasiosos. ¿Sería sólo una leyenda que Arquímedes logró repeler una flota de navíos utilizando espejos concéntricos? En Rodas, Filo de Bizancio encontró y describió un políbolo, una catapulta “ametralladora” capaz de tirar en serie sin necesidad de recarga constante, lo que debe haber sido un aparato considerablemente complejo que se torna ahora más real que legendario. De forma ilustrativa, podemos encontrar una referencia crucial con relación al mecanismo de Antikitera. En el 79 a.C. el orador y político romano Marco Tulio Cícero fue también a Rodas, probablemente la ciudad en donde fue construido el mecanismo de Antikitera, y lo describió en “De natura deorum II”: “Se supone que un viajero leve a Cítia o Bretaña el planetario recientemente construido por nuestro amigo Posseidonio, que a cada revolución reproduce los mismos movimientos que tienen lugar en los cielos a cada día y noche el Sol, la Luna y los cinco planetas. ¿Los nativos irán a dudar que este planetario es el trabajo de un ser racional?”. La descripción de Cícero parecía fantasía, pero ahora indica la existencia muy plausible de una tradición en la construcción de planetarios en Rodas. REVALUACIÓN Y PERSISTENCIA DEL ENIGMA Poco antes de su muerte, Derek Price notó con tristeza que el mecanismo de Antikitera se había hundido dos veces: la primera hace dos mil años, y después de la publicación de su trabajo final en 1975. El mundo académico prestó poca atención al tema, a despecho de la importancia seminal del artefacto evidenciada por él. De forma irónica, felizmente se han propuesto otros estudios y nuevas ideas que aunque todavía no reconocen la relevancia del trabajo de Price, comienzan a revalorarlo. La reconstrucción conjetural de Price no describe la función de algunos engranes, y la estimación de dientes para diversas piezas se hizo para ajustar la preconcepción de que el mecanismo representa los movimientos del Sol y de la Luna, con un diferencial. Uno de los mayores engranes del mecanismo no encuentra mucho uso. Alterando tales estimaciones, es posible proponer reconstrucciones capaces de exhibir los movimientos del Sol, Luna y algunos otros planetas de los cinco conocidos por los antiguos griegos. Se especula que el planetario descrito por Cícero, y creado por Posseidonio, podría ser el propio mecanismo de Antikitera. Y, finalmente, el propio diferencial es puesto en duda. Todos esos estudios dependen ahora de nuevas radiografías del mecanismo con tecnologías de última generación para seguir adelante y quién sabe si revisar en forma profunda el trabajo pionero de Derek Price. El mecanismo de Antikitera pudo haber sido parte de un sistema mayor, capaz de exhibir los movimientos de todos los cuerpos celestes. Su función pudo haber sido más astrológica que astronómica, lo que no sería sorpresa o un gran desengaño para los científicos, ya que sabemos que los orígenes de la astronomía se fundan innegablemente en las supersticiones de la astrología. Lo que sabemos con razonable certeza es que el mecanismo de Antikitera continúa siendo un artefacto singular para la historia de la ciencia y la tecnología, con complejidad notable en por lo menos 30 engranes dispuestos de forma cuidadosa en una pequeña caja, con indicadores graduados de forma comparable a un reloj científico moderno. En su artículo para “Scientific American”, Price termina escribiendo que asusta un poco saber que poco antes de que declinara su gran civilización los antiguos griegos llegaron tan cerca de nuestra era, no sólo en su ciencia, sino en su tecnología. Esto no sólo permanece como motivo de preocupación frente al futuro de nuestra civilización, sino que es un verdadero enigma. - - - AGRADECIMIENTOS A los doctores Mike Edmunds y Rob Rice por el gentil envío de material relevante para el artículo. SEPA MÁS Investigaciones recientes del mecanismo están siendo realizadas por Tony Freeth, Allan Bromley, Mike Edmunds y Phil Morgan, entre otros. Artículos de Freeth para MAA pueden ser leídos en: http://www.rhodes.aegean.gr/maa_journal/ Una instructiva simulación en Java de la reconstrucción de Price se puede ver en http://www.mathlab.sunysb.edu/~tony/whatsnew/column/ antikytheraI-0400/kyth5.html El artículo para “Scientific American” de Derek Price puede leerse en portugués En http://www.str.com.br/ca/antikythera.htm Este texto fue publicado en la revista “Misterio” No. 2. |