Durante la gran oleada de 1973 en los Estados Unidos, un policía norteamericano logró tomar cuatro fotografías de un insólito ser cubierto con un traje plateado. Era justo después de las diez de la noche del 17 de octubre de 1973, cuando el policía Jeffrey Greenshaw, de Falkville, Alabama, estaba descansando en su casa. De pronto sonó el timbre del teléfono. Se trataba de una llamada de emergencia. Al otro lado una vecina a la que el policía conocía muy bien, informó que acababa de ver aterrizar un platillo volador con luces destellantes en una pradera al oeste de la ciudad. Greenshaw, de 26 años, estaba fuera de servicio en ese momento, pero decidió ir a investigar. Saltó de su asiento y salió corriendo hacia su vehículo, el coche radio patrulla oficial. En pocos minutos se presentó en el lugar donde la señora dijo haber visto posarse el OVNI, y realizó una inspección ocular: el terreno era despejado (una pradera) y ahí no había absolutamente nada. Subió de nuevo al coche y siguió un poco por la carretera, hasta llegar a otra ruta, a la izquierda, de menor importancia, pues era de gravilla y estrecha. Se introdujo por ahí, bien atento a lo que pudiera haber a ambos lados del camino, iluminados por los faros del vehículo. Había recorrido sólo unos cientos de metros por aquella carretera cuando vio caminando por ella a un hombre, o al menos eso fue lo que el policía pensó. Era aproximadamente del tamaño de un ser humano adulto. Detuvo el coche a unos pocos metros de él y descendió para preguntarle quién era y si le podía ayudar en algo. “Cuando le vi, estaba parado en medio de la carretera. Paré enseguida el auto y le pregunté si era extranjero, pero no salió ningún sonido de su boca”. La figura de aquel ser quedaba iluminada tenuemente por las luces cortas del automóvil que, además, no lo enfocaba directamente, ya que el camino trazaba ahí un recodo pronunciado. Aquella figura estaba a unos 25 metros del policía. Jeffrey lo llamó dándole voces; pero el hombre no respondió. Se acercaba lentamente, andando con torpeza. Entonces el policía observó que la figura iba vestida con un traje de aspecto metálico, enterizo, una suerte de “mono”, y cubría su cabeza con un casco, de manera que ésta sólo era visible por su parte frontal. Una antena parecía brotar de la parte superior del casco. Fue entonces cuando Greenshaw relacionó aquel ser con el “platillo volante” que había mencionado su vecina. Tomó su cámara Polaroid y enfocó hacia aquella extraña silueta, que se encontraba ya a 15 metros de él. Obtuvo una primera fotografía. El enigmático ser no se inmutó: prosiguió lentamente su avance, tomando el policía una segunda fotografía cuando se hallaba a seis metros, y una más, cuando estaba a tres metros, que fue la menor distancia a la que estuvo el personaje. Encendió la luz giratoria de su coche; entonces el extraño ser se detuvo un instante, como desconcertado. Luego la figura dio media vuelta y echó a correr “más rápido que cualquier ser humano que haya visto alguna vez”. Jeffrey enfocó y pudo divisarlo corriendo en dirección a Lacon, que dista de Falkville unos cinco kilómetros. El testigo no lo dudó, subió a su coche con la intención de perseguir al ser y darle alcance. Pero tanto aceleró al arrancar, que el automóvil derrapó, deslizándose a la cuneta. Greenshaw maniobró durante unos instantes hasta recuperar el control del coche y enfilar de nuevo la carretera. Cuando finalmente lo logró, condujo bien atento mirando en todas direcciones. En todo el trayecto hasta Lacon no halló ni rastro del mismo. Parecía haberse esfumado. “Éste es el final inconcluso de lo que parece ser una historia forzada”, escribió Charles Bowen, editor de la “Flying Saucer Review”. El mismo Bowen aclaró: “Las cuatro fotos muestran a una criatura que parece vestida con papel de aluminio, volteando gentilmente su cara hacia la cámara”. Por su parte Antonio Ribera escribió: “Si realmente las fotos de Greenshaw fuesen auténticas (posibilidad que no debemos descartar), entonces el documento tendría un valor extraordinario. Sería, ni más ni menos, la única fotografía que poseeríamos de un ser del espacio, de un extraterrestre”. Ésta es, a grandes rasgos, la historia del robot de Falkville. Una historia polémica que sería acompañada de acaloradas discusiones en el seno mismo de la comunidad ufológica. Algunos autores como Colman von Keviczky la aceptan como auténtica; otros, como Marion Webb, Walter Andrus, Ralph Blum, William Spaulding, James Oberg y John L. Acuff, la consideran un fraude. Para seguir el hilo de los acontecimientos veamos la polémica principal entre von Keviczky y Spaulding. A continuación presentaremos la traducción de un trabajo de este último, publicado en “The MUFON UFO Journal”, seguida de la réplica de von Keviczky y de algunos comentarios finales de un servidor. EL ANÁLISIS DE LAS FOTOGRAFÍAS DE FALKVILLE Por William Spaulding Desde que iniciamos análisis con nuestros modernos medios de investigación (1974) nos han enviado fotografías de supuestos fenómenos no identificados, para ser evaluadas en nuestro centro. Es muy raro tener oportunidad de evaluar fotografías de presuntos ocupantes. Durante la oleada de 1973 (en los Estados Unidos) hubo docenas de noticias sobre “criaturas” directamente asociadas a la observación del fenómeno OVNI. Una imagen de éstas, obtenida en la oleada de 1973, fue enviada para su análisis por Walt Andrus, director del MUFON. Hemos utilizado nuestras técnicas de evaluación por computadora en más de 600 fotografías de OVNIS. Si podemos analizar un “objeto”, evidentemente también lo podremos hacer con la imagen de una criatura de aspecto humano. Las fotografías del humanoide de Falkville, Alabama, han sido sometidas, con la ayuda de una computadora, a las evaluaciones siguientes: realce de los contornos, separación de los colores, análisis de distorsión de los píxeles y digitalización. Realce de contornos. Toda la serie de imágenes ha sido sometida al análisis del relieve de los contornos, para poder ver los detalles de la criatura y conocer el estado de la superficie (fotográfica). Al realzar los contornos se consigue suavizar algunos de los reflejos de la luz, que estallan desbordando ampliamente el traje de color aluminio y ocultan los detalles. Al suprimir los reflejos y las facetas de la luz, este contorneado detalla también la superficie del traje. Esto permitió a los técnicos observar los detalles de su superficie, e identificar algunos fragmentos de hojas de aluminio pegados sobre el traje. Todos los diferentes modos de evaluación y de examen utilizados en estas fotografías se detallan en la “Nota Explicativa” del análisis. Separación de colores: Todas las imágenes fueron sometidas a la técnica colorimétrica, a fin de comprobar en cada una de ellas su verdadero valor de gris (densidad), que se combina continuamente en densidad (nivel) y en espacio (zona). Esta técnica proporciona al fotógrafo analista datos sólidos sobre la fuente luminosa, su dirección con relación al tema fotografiado y la densidad real de la imagen. Se utilizó este método de comprobación para evaluar los datos del último plano. El resultado fue que se encontraron densidades anormales, difícilmente perceptibles por el ojo humano. Se examinó toda la serie de fotografías mediante escaneo, utilizando un densitómetro digital. Se registraron las zonas interesantes para una ulterior comparación entre las imágenes. Análisis de distorsión de los píxeles: El análisis de los píxeles (celda-imagen) se utilizó para evaluar la distancia aproximada de la imagen a la cámara o al testigo. Un programa especial subraya los contornos de la fotografía; luego, esos mismos contornos (zonas) se aumentan y se miden los distintos cuadrados de los píxeles para verificar su rectilinealidad o la falta de ésta. Debemos remitirnos a la imagen No. 4 que da la información píxel de distancia. Una regla general en materia de distancias medidas a partir de datos de los píxeles es que si los píxeles son rectilíneos, la imagen está cerca; si son ondulados, el objeto fotografiado está a la distancia. Digitalización: Se efectuó una digitalización de las imágenes para realzar los detalles ocultos. Los diversos modos de digitalización añaden claridad y resolución a la imagen con relación al original, y por lo mismo, aclaran las zonas oscuras, ponen de relieve las sombras, las partes bien definidas sobre la película y acentúan el contraste general de la película. Esta técnica pone de relieve los detalles de cada imagen, a fin de permitir medidas precisas sobre el tamaño, altura, anchura, posición, etcétera. La digitalización se realizó sobre video-micrómetro, que mide las dimensiones con un margen de error de una milésima de pulgada. Conclusiones: El consenso de los analistas es que las fotografías en cuestión no deben considerarse como una prueba sólida de una entidad extraterrestre. Los siguientes son los datos que determinan esa conclusión: a) La vestimenta de la criatura es un traje de bombero, fabricado con materiales ignífugos, como el amianto y otras fibras no conductoras e ignífugas, y después recubierto con una capa de aluminio. b) En las fotografías se utilizó un flash que sobreexpuso la superficie y se reflejó en ella de forma brillante, enmascarando así detalles de fabricación evidentes. c) La densitometría digital reveló ciertas zonas de baja reflectancia, no atribuible a sombras. Un análisis posterior reveló que esas inconsistencias (anomalías) eran atribuibles a pedazos de hojas de aluminio, fijadas aquí y allá sobre el traje. Estos pedazos fueron colocados, probablemente, para ocultar los detalles de fabricación, tales como botones, cremalleras, insignias, etc. d) Los detalles anatómicos que figuran sobre las imágenes se consideran como normales (de aspecto humano) y comprenden: la longitud de los brazos, la posición de los miembros y sus tamaños correspondientes. El efecto de hinchazón de las piernas y los pies se debe al tipo de traje y no al cuerpo en el interior del mismo. e) La descomposición de la imagen, calculada teniendo en cuenta los puntos de referencia (sin considerar las declaraciones del testigo) ha revelado que la criatura tenía una estatura de cinco pies y seis pulgadas a seis pies (1.67 a 1.83 metros). f) En ausencia de datos seguros referentes a la cámara, parece ser que la fotografía se tomó a una distancia relativamente cercana. Se calcula que fue inferior a doce pies (3.66 metros). En el mejor de los casos, estas fotografías no representarían sino una tentativa de una alegre serpiente de verano con la intención de asemejar una criatura espacial; el GSW opina que ésta habría sido suscitada por la influencia de los medios de comunicación en los Estados del Sur en el curso de la oleada de 1973. FALKVILLE. UNA RETROSPECTIVA Tratemos de analizar los datos que tenemos disponibles hasta el momento para dar un juicio en este caso. En realidad hay muchos puntos oscuros que nos remiten a un probable fraude, independientemente de los análisis computarizados que dieron resultados negativos, pero que von Keviczky no acepta. En primer lugar está el hecho de que Jeffrey Greenshaw no estaba en servicio aquella noche del 17 de octubre de 1973. La llamada fue recibida en su casa (¿?) por una vecina a la que no quiere identificar (para evitarle molestias con los curiosos). Sin embargo, sí da el nombre del dueño del prado en donde, supuestamente, aterrizó el OVNI: Bobby Summerford. Esta actitud incongruente tendría fácil explicación si pensamos que en realidad no existió ninguna llamada telefónica, y por lo tanto tampoco existió ninguna vecina. Además, lo lógico es que la señora se hubiera comunicado a la oficina de la policía (en donde había un guardia) y no a la casa de Greenshaw. Otro punto sospechoso es la curiosa coincidencia de que el policía llevara una cámara Polaroid. Según von Keviczky, la utilizaba para fotografiar las infracciones cometidas en el sitio. Pero el mismo Jeffrey dice que “como había oído hablar de los OVNIS, llevaba conmigo un aparato Polaroid”, es decir, iba con todas las intenciones de fotografiar una nave o un extraterrestre. ¿Por qué estaba seguro de que lo iba a lograr? La actitud de Greenshaw al ver el humanoide es otra curiosidad. Normalmente los patrulleros se acercan al sospechoso, pero este policía se paró a más de 15 metros de distancia y desde ahí interrogó al ser. ¿Por qué le preguntó si era extranjero? Lo más lógico hubiera sido que preguntara quién era, su nombre, la razón de que se encontrara en ese sitio a esa hora, etcétera, pero no si era extranjero. Greenshaw habla de un minuto, tiempo que utilizó para retirar los negativos. Si consideramos que ése fue el mismo tiempo que utilizó el humanoide para trasladarse de 15 a tres metros de distancia, eso nos da doce metros por minuto (0.72 km/h): una velocidad sumamente lenta. Lo anterior contrasta con su declaración de que el ser “corría de una forma bizarra… parecía tener muelles en los pies para propulsarse, podía cubrir cerca de tres metros en cada paso… iba más de prisa que cualquier otro humano que haya visto correr”. Hay que hacer notar que esta última declaración la hizo exactamente seis meses después de su avistamiento (17 de abril de 1974), en una carta dirigida a von Keviczky. Originalmente no mencionó esa velocidad de vértigo. ¿Qué fue lo que provocó que hiciera esta declaración? Algunos investigadores se preguntaron por qué había dejado escapar a un ser que se desplazaba tan lentamente. Él tenía una patrulla y fácilmente le hubiera dado alcance. Para pasar por alto esta crítica, Greenshaw primero descalifica su patrulla: “En mi excitación debo haber pisado brutalmente el acelerador… y fui a parar a un hoyo”. Pero esto no es suficiente, ya que a esa distancia, aún habiendo perdido algunos segundos en esa maniobra, podía alcanzar fácilmente a la criatura; por eso es necesario que diga que el humanoide corría a una velocidad increíble. Por otra parte, el mismo análisis del ICUFON indica que la anatomía del ente “sugiere un equilibrio del cuerpo muy inestable”, es decir, que un movimiento a tal velocidad sería prácticamente imposible. En sus primeras declaraciones, el policía dijo que creyó que el ser estaba relacionado con el “platillo volador” en el momento en que se dio cuenta de la extraña forma en que estaba vestido, justo antes de tomar su cámara. Fue precisamente ésa la razón que lo indujo a tomar las fotografías. En su reporte a ICUFON (seis meses después) dice que comprendió que el sujeto podía ser miembro de la tripulación del OVNI cuando lo vio huir. Ambas declaraciones son inconsistentes entre sí. Existe un detalle curioso en la serie de fotografías, señalado en el análisis de von Keviczky: en todas ellas el ser mantiene la misma postura, la posición de sus miembros no presenta movimiento y las piernas aparecen constantemente separadas. Tal pareciera que el ser no está en movimiento o caminando. Hasta se podría suponer que fue el fotógrafo quien se movió mientras que el humanoide permanecía estático, como maniquí o como modelo para ser fotografiado. A esa misma conclusión llegó Charles Bowen cuando escribió que el ser volteaba “gentilmente su cara hacia la cámara”. ERRORES Y MÁS ERRORES En todo este asunto se han cometido diversos errores en ambos bandos. El primero que habría que señalar es el de Antonio Ribera, quien dijo que se trataba de “la única fotografía (...) de un ser del espacio”. Como vemos en este sitio, ésta no es una fotografía de “un ser del espacio” y mucho menos es “la única” en su tipo. Von Keviczky menciona que Falkville es una población de 200, pero luego dice que es de mil 200 habitantes. ¿Cuál es el dato correcto? También dice que la criatura se paró a dos pies del policía (“Análisis psicológico”, inciso C). Afirma que Falkville “es una pequeña comunidad en donde toda la gente se conoce” (en un lugar con 200 habitantes sería posible, pero en uno con mil 200 es un poco más difícil) y que por lo tanto no se mantiene una simulación perpetrada por Greenshaw. En realidad ese argumento no tiene ningún sustento. Greenshaw, o cualquier otro, podría haber hecho la simulación en un lugar en donde todo mundo se conoce o en otro en donde todos son desconocidos. Por otra parte, en cuanto al segundo argumento de von Keviczky (“Si fuera una simulación perpetrada por un tercero tampoco se sostiene, pues implicaría muchas más personas incluidas en el golpe”) tampoco es válido, porque en nada afectaría al caso que estuvieran más personas involucradas. En cuanto a la negativa de ICUFON de que Marion Webb analizara de nueva cuenta las fotos originales sólo indican el miedo de sus miembros de que se demostrara que esas fotos son falsas. Cuando von Keviczky pide que se demuestre que las cartas del Arsenal son falsas, está utilizando la vieja táctica de los ufólogos de desviar la carga de la prueba y con ello la atención. En ese punto nadie está dudando de la veracidad de esas cartas; eso no es lo que está en discusión. Y el pedir que Webb presente un acta notarial del cómplice de Greenshaw implicaría, de poder hacerlo, que ya no sería necesario analizar las fotos. Un ejemplo más de esa misma táctica lo vemos en el punto seis de la réplica de von Keviczky a los análisis del GSW. Según von Keviczky, Spaulding da esos datos (altura del ser entre cinco pies y seis pulgadas y seis pies, a unos doce metros de la cámara) “para echar abajo la estimación de Greenshaw”. Sin embargo la estimación del propio von Keviczky fue muy similar a la de GSW. Entonces, ¿en dónde está la contradicción? En el inciso “a” del punto seis se sugiere que “las fotos 1 y 2 fueron recortadas de una imagen negativa mayor”. Si esto es cierto, entonces el sujeto estaría más allá de donde lo ubicó originalmente Greenshaw, y ahí sí habría una contradicción, pero ésta sería en contra del relato del policía y no contra el análisis del GSW. Cuando el director del ICUFON señala en el inciso “b” la vieja ecuación para determinar el tamaño real de los objetos que aparecen en una fotografía, tratando de enmendarle la plana a Spaulding, también está cometiendo un error. Si el director del GSW hubiera analizado por métodos convencionales (sin ayuda de la computadora) las fotografías de Greenshaw, la llamada de atención del multicitado von Keviczky tendrían razón de ser (y habría que tomar en cuenta todo lo de las lentes astigmáticas). Sin embargo, el análisis se hace digitalmente, por lo que la “distorsión” de los bordes de los píxeles (y no de la imagen, como escribe mañosamente el ICUFON) no proviene del astigmatismo del objetivo, sino del propio píxel. No obstante no todo son errores de parte del ICUFON, también hay aciertos y encontramos errores de la otra parte. Durante mucho tiempo Spaulding dijo que sus análisis eran válidos si se hacían con el negativo original o con copias de primera, o cuando mucho de segunda generación. Pues bien, los análisis se hicieron sobre copias de una revista. Éste es un punto a favor de von Keviczky. EL FINAL Llegados a este punto éstas serían nuestras reflexiones finales. En primer lugar, el origen de la oleada del 73 de los Estados Unidos fue la serie de pruebas atmosféricas a gran altitud que realizó la Fuerza Aérea de la Base Aérea de Elgin. Los primeros reportes, simples luces y fenómenos aéreos, se deben a estas pruebas. Posteriormente se generó una psicosis avivada por la prensa, que llevaría a la generación de reportes más sofisticados, como la presencia de humanoides. Los comentarios del ICUFON en cuanto a que esas pruebas no explican la persecución de taxis, camiones agrícolas, la aparición de vacas muertas o la de seres humanoides, nuevamente caen dentro de las tácticas de desviación ufológicas. El cabo Greenshaw no era el ciudadano ejemplar que nos quisieron presentar los ufólogos. Posteriormente se sabría que tenía una personalidad desequilibrada: era un mentiroso redomado, con problemas pendientes con la justicia. Ésa fue la razón, y no otra (mucho menos la relacionada con los OVNIS), de que fuera despedido de su puesto. Ni siquiera su propio jefe, el sheriff del condado de Morgan, John C. MacBride, dio la cara por él, puesto que ya sabía de qué tipo de persona se trataba. Por otra parte resulta pueril afirmar que su divorcio fue a causa de unas llamadas telefónicas. Ninguna esposa se comporta de esa manera. En doce días (del 17 de octubre, día del avistamiento, al 29 de octubre) no puede decidir un divorcio debido a un OVNI, por más presionada que se encuentre. Al contrario, eso haría que se unieran más, para presentar un frente común. La realidad es que los problemas del matrimonio venían de antes. Greenshaw trató de solucionarlos con el dinero que obtendría de las fotos, pero sus planes fracasaron. Otra fuente dice que, después que Greenshaw reveló las fotos y se las enseñó a su mujer, ésta, “espantada, tuvo una reacción bastante insólita: se fue inmediatamente de casa y el día siguiente acudió donde un abogado pidiendo el divorcio”. Todo son simples leyendas que contribuyen a engrosar más la literatura OVNI. Si verdaderamente existieron esas llamadas anónimas, lo más seguro es que fueran hechas por los clásicos bromistas que en todas partes abundan. Nadie puede demostrar que la NASA, la CIA, la Fuerza Aérea, el Opus Dei, los escépticos, etcétera, tuvieran nada que ver con el asunto. Pensar de otra manera sólo sería paranoia. Tampoco existe ninguna prueba de la explosión del motor del automóvil de Greenshaw, y el incendio de su casa rodante en nada contribuiría a cancelar la difusión de sus fotografías, ya que habían sido impresas en infinidad de medios. Por otra parte, sí podría ayudar a la mermada economía del policía (al cobrar el seguro y vender la historia). Ahora bien, resulta altamente significativo que diversas fuentes independientes. Como “El Arsenal de Redstone”, el “Centro de Vuelos Espaciales George C. Marshall”, el NICAP y el GSW llegaran a la misma conclusión de que se trataba de un hombre vistiendo un traje ignífugo de bombero. También es sorprendente que varias de esas fuentes, incluyendo el propio ICUFON, encontraran la presencia de “fragmentos de hojas de aluminio pegados sobre el traje”. El ICUFON las describe en el capítulo III “Análisis. La criatura” con estas palabras: “(…) hojas metálicas brillantes, con largas manchas”. Esos pedazos de papel aluminio, como dice el GSW, servían para ocultar algunas marcas que pudieran ser reconocidas en las fotografías. Queda un detalle por contestar: ¿Por qué se escogió la figura de un bombero para representar al humanoide? Si recordamos, uno de los casos más sonados de aquella oleada ocurrió el 11 de octubre, pocos días antes del avistamiento de Greenshaw, y no muy lejos de Falkville, en Pascagoula, Mississipi. Ese día y en ese lugar fueron abducidos dos pescadores (Charles Hickson y Calvin Parker). Su relato, la descripción de los humanoides y los dibujos y pinturas que de ellos se hicieron, aparecieron en infinidad de periódicos y revistas. Si vemos esos dibujos, no nos será difícil comprender cuál es el origen del “robot de Falkville”. REFERENCIAS - Anónimo. “Un policía norteamericano logró fotografiar un extraterrestre”. En “Lo Insólito”. Año I. No. 5. Lima. 1 de septiembre de 1977. Páginas 4-5. - Blundell, Nigel y Boar, Roger. “Misterios de los grandes encuentros”. Edivisión Compañía Editorial S.A. México. 1987. Páginas 130-131. - Bowen, Charles. “OVNIs: Libro de casos”. Electra Editores. Bogotá. 1994. Pág. 100. - Ribera, Antonio. “Galería de condenados”. Planeta. Barcelona. 1984. Páginas 56-57. - Rickard, Robert y Kelly, Richard. “Photographs of the unknown”. New English Library. Londres. 1980. Página 97. - Spaulding, William. “The Falkville’s creature photographs. Analisis”. “The MUFON UFO Journal”. No. 108. Noviembre de 1976. Páginas 3-5. - Téllez, Fernando. “Tripulantes OVNI”. Equipo Sirius Mexicana. México. 1994. Páginas 82-83. - Von Keviczky, Colman. “Fotografías de un humanoide obtenidas por un cabo de policía, en el perímetro exterior del Arsenal Redstone, Alabama, USA”. En Durrant, Henry. “Premieres enquetes sur les humanoides extraterrestres”. Robert Laffont. París. 1977. Páginas 294-315. - Von Keviczky, Colman. “The Falkville Store”. En “Mundo Desconocido”. No. 30. Barcelona. Diciembre de 1978. Páginas 54-59. |