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"Toy Story": Lo Absurdo
Como Sistema de Vida
publicado en 11/07/2006

Autor: Sergio Sánchez

No me detendré en los pormenores del “descubrimiento”, ni en lo que siguió en cuanto lucha por ganarse el crédito ufológico. Ya sabemos que algunos especialistas han determinado que el pequeño ser de ocho centímetros, que otros no tardaron en identificar como un alienígena –al que han dado en llamar “Toy”–, resultó ser el feto de un mamífero bien terrestre, probablemente un marsupial propio de los bosques chilenos: el “monito del monte”. Lo que me preocupa son los oscuros y hasta ridículos mecanismos mentales despertados por la historia.

Lo concreto: esta suerte de feto semi-momificado es presentado por los medios (en realidad, por el canal televisivo Mega) más que como una curiosidad, como un enigma digno de un debate público. Luego vino la reacción de los ufólogos de la línea sensacionalista; se les vio preocupados, inquietos, interesados vivamente en las bizarras informaciones.

Poco importa que “prudentemente” hayan salido con frases del estilo de “no podemos asegurar que se trata de un extraterrestre pues debemos esperar el juicio de los especialistas”. No, esa supuesta prudencia no califica. ¿Qué por qué no califica? Pues porque toma el asunto con la seriedad de una esperanza de que “tal vez sí, quién sabe”... Una denuncia como la que comentamos no podía, desde el mero principio, ser tomada en serio. ¿Prejuicios? ¿Cerrazón mental? ¿Estrechez de miras? No, amigo lector. Yo preferiría hablar de sentido del ridículo.

Los ufólogos que aparecieron tras la pista de Toy, aun cuando declarasen a regañadientes que, por cosas del destino, la cosa podía ser terrestre, se prestaron inconscientemente a uno de los shows más vergonzantes de la ufología criolla del siglo XXI. ¿Cómo puede alguien atribuirle a un simple objeto curioso un carácter alienígena? ¿Qué mecanismos cerebrales llegan a operar para que se haga rápidamente tal suerte de asociación?

Los ufólogos comprometidos en la divulgación de esta zarandaja creen que han estado muy bien al no haberse pronunciado favorablemente. Lo cierto es que debieron imitar en masa la actitud saludablemente escéptica de Rodrigo Fuenzalida en este asunto, quien manifestó, con un 99,9% de posibilidades de acertar, que estábamos ante un hecho “no ufológico”, pues no veía por qué determinadas personas habían creído que la recolección de animales raros tuviera algo que ver con los elusivos OVNIS.

Por el contrario, los ufólogos acríticos han demostrado una vez más su excesiva credulidad, por el solo hecho de tomarse tan en serio la historieta... al punto de considerarla de interés ovnístico, incluyéndola en sus páginas web y hasta citando a reuniones extraordinarias de sus colectivos para discutir tan trascendentales hechos. Suena absurdo y el mundo ilustrado no ufológico ríe y ríe con estos deslices mediáticos.

No sería extraño que, como es típico, en algún momento digan que “el caso está abierto” y que “seguirán investigando”. Y cuando vuelvan a escribir sobre Toy hablarán, seguramente, de un caso “polémico”. En esta lógica, los sucesos polémicos son los fraudes y los informes que han sido ya explicados por los verdaderos expertos. Las fraudulentas fotos de Billy Meier: “polémicas”; los plagios de J. J. Benítez en su “Caballo de Troya”: “polémicos”; las aspiradoras de Adamski... “polémicas”; para qué seguir. La polémica eterna.

Pero siguen. Ahora resulta que un pequeño núcleo de ufólogos –cuando, a estas alturas, incluso Tamayo y Riffo parecen incrédulos– impugna la opinión de un veterinario, el mismo que ofreció la decepcionante y convencional explicación de un marsupial de los bosques. Es que así la cosa se prolongará lo suficiente como para captar un poco más de cámaras y entrevistas.

Es esto tan entretenido, sobre todo si, después de aplicarle torniquetes a la realidad, se puede prolongar el misterio ad infinitum. ¿Por qué no un veterinario comprometido en la conspiración del silencio?

Yo prefiero hacerme otras preguntas: ¿cómo puede alguien creer que los extraterrestres anden quedando por ahí, botados para el mejor postor? ¿Cómo es posible que, pasada la comprensible perplejidad inicial, el asunto trascienda como objeto de discusión pública? ¿Qué clase de concepciones biológicas tienen los ufólogos que tan seriamente se han tomado esta anécdota?

Aun en el caso de que se trate de un error de los primeros veterionarios y no de un feto de marsupial, gato o roedor, ¿convierte eso al engendro en un ser de otro planeta? ¿Cómo puede plantearse seriamente –en el caso de Toy– la “hipótesis ET” con el mismo nivel de probabilidad que una explicación prosaica, tal como lo ha hecho el entusiasta y poco riguroso Erick Martínez (CIO) en sus tragicómicas apariciones televisivas?

Pero, bueno, ya sabemos cómo opera la farándula ufo-mediática. Lo que esos promotores del misterio parecen no entender es que seguirán llegándoles denuncias, cada vez más disparatadas, de alienígenas encontrados a la vera de los caminos. Claro, como el aspecto de los “grises” ha sido construido en base a imaginería claramente perinatal, cualquier feto –semi-momificado o no– se transformará ipso facto en un “alien”. ¡Que no digan que no les advertimos!

Publicado originalmente en La Nave de los Locos Nº 19 – Noviembre de 2002

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Toy junto a su dueño.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Otra de las imágenes de Toy.

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