Portada
Insólito
Ciencia
Cultura
Sobre p#
MarcianitosVerdes

+
Fotos de ETs
++
Viaje Lunar
Religión OVNI
Ruido Blanco
Ulises Criollo
Dones ETs
Lo Sagrado
Mutualista
Tolantongo
IQ
Yo Quiero Probar
Simetría
Paranormal
Pesadilla Anticipada
Nombre de Dios
+++
Arriba
 
 
Recomendamos
» Marcianitos Verdes
»
La Nave de los Locos
» Bajo el Volcán
»
El retorno de los charlatanes
»
Dios!
»
Fundación Anomalía
»
Magonia
» Pensar
»
CeticismoAberto
 
 

 

El Día en que
los Nacos Invadieron Tolantongo
publicado en 11/07/2006

Autor: Héctor Chavarría


“Hay otros nacos, pero no en este mundo”.
Albert Zweistein

Para Lilia Yolotzin

Después de la cinta “El día de la independencia”, en todas partes se tiene la idea de que los ET se lanzan sobre los planetas con naves gigantescas. Ya hasta hubo algún vigilante y al parecer también maussanita que vio una así, como las de la película gringa, en el Zócalo un 16 de septiembre por la mañana... nadie más que él la vio y eso que el sitio, como todos sabemos, estaba lleno de soldados por el desfile y había miles de personas mirando hacia arriba por los aviones militares. Pero en fin, si el amigo ése hubiera estado bien de la vista y de paso de sus facultades mentales, no habría sido vigilante o posible maussanita...  

La verdad es que las invasiones no son así. Suelen ser de lo más discretas. Y los ET tampoco eligen días de independencia. 

Porque ellos también vieron la película y no quieren hacer enojar a algún presidente gringo aviador... y menos si se apellida Arbusto. Habían recibido la señal de CNN y visto, como le constaba al tal Saddam Hussein, lo peligroso que puede ser molestar a los bushes o arbustos, metidos en el business del petróleo... 

Así pues, decidieron irse un poco más al sur, aunque aún dentro de Norteamérica: a los EUM, también llamados México y otras cosas peores...           

De hecho esta cuasi invasión tuvo lugar en el aniversario del natalicio de don Benito Juárez (a) el Benemérito de las Américas. Claro, la fecha no tenía para ellos, los ET, un gran significado, de hecho no tenía alguno en absoluto, se sospecha fuertemente que tampoco lo tiene para los mexicanos.           

Tampoco fue en el DF, ni en Tepito, la Doctores, la Buenos Aires o encantadores sitios similares que sabemos están muy bien defendidos por socorristas, teporochos, viene-vienes y fauna afín. En esta ocasión los extraterrestres invasores llegaron aviesamente a Tolantongo, un pacífico balneario termal del estado de Hidalgo, y el que arribaran en la fecha del natalicio del benemérito indio, imaginamos fue una mera y vil coincidencia más, de ésas que suelen ocurrir y le dan sabor a la vida. 

Claro, era un “puente”, porque el 21 de marzo caía ese año en viernes y pa’ festejar al indio (en un país que no quiere para nada a los indios) y de paso la llegada de la primavera (que había empezado un día antes), nadie trabajaba. Detalles...  

-*- 

-Ustedes dos tienen la misión de investigar las costumbres de los habitantes de este sitio, graznó el Uyy’att con tono entre morado y amarillo (eso significaba indignada severidad) mientras el par de solícitos subalternos lo miraba con adoración y... bastante miedo. Este último muy justificado. 

El más pequeño de los dos –lo cual indicaba que era una hembra de la especie–, movió uno de los brazos con un gesto interrogatorio. 

El Uyy’att la interrumpió con un ademán imperioso que daba a entender que no había más de qué hablar, o lo que era lo mismo: ¡a callar! El macho a su vez hizo una muequita con una de las bocas... 

El Uyy’att se puso color verde bilis... lo cual indicaba que lo siguiente podía ser la digestión lenta y directa de un subalterno, primer aviso... Los dos enviados se encogieron como telas no sanforizadas, adoptando tono fucsia de sumisión.           

- Con estos –dijo el Uyy’att tendiéndoles sendos multiaparatos: comunicadores con láser y desintegrador–, podrán avisar de lo que requieran, defenderse o en caso necesario pedir refuerzos. Úsenlos sabiamente o... 

Los puntos suspensivos punteados por chispazos naranja fueron algo poco grato de ver: segundo aviso... 

-La flota espera esos informes lo más pronto posible, yo que ustedes comenzaría de inmediato. ¡Nosotros los nacos somos lo mejor de la galaxia! El que no lo sea, o lo dude: ¡será digerido! ¡En nombre de Naconia la Grande!            

Los subalternos rodaron fuera, con una prisa bastante comprensible, mientras sonaba marcial su himno de batalla. No deseaban averiguar si aquello era o no el tercer avieso aviso, pero por aquello de las dudas gritaron la consigna: ¡Por el Poder de Naconia! Y se escabulleron raudos...  

Así fue como los nacos del planeta Naconia se lanzaron a examinar la Tierra con planes gastronómicos de conquista, inmediata, inevitable e implacable.           

Por alguna indescifrable razón eligieron Tolantongo, en la fecha del natalicio de Juárez y de la llegada de la primavera, los designios de Naconia la Grande suelen ser así: indescifrables. Se equiparon como excursionistas.           

Eso fue así porque el Departamento Naco de Inteligencia, PFP por sus siglas en idioma naconez, el de Naconia, claro: había deducido que los nativos deberían ser examinados cuando se encontraban “relajados”, en uno de sus sitios de diversión... de esa manera se harían más patentes sus debilidades.           

Los espías iban maquillados para parecer humanos, muy buen maquillaje por cierto, aunque la neta, tenía sus defectos. Pero eso ellos aún no lo sabían. 

Claro, los de la PFP, con toda su sapiencia naca, no conocían las peculiares maneras mexicanas de buscar diversión en los muchos “puentes” que suele tener el calendario laboral de aquella especie de país. Tampoco sabían que Tolantongo es un balneario ejidal, con características propias muy peculiares. Si lo hubieran sabido se hubieran ido a otra parte, aunque eso es improbable porque ellos además eran Nacos de Naconia la Grande y, esos nacos no abandonan así nomás las cosas. 

Los de la PFP tampoco conocían a los nacos mexica (apócope de NAcidos COrrientes), posiblemente la especie depredadora / oportunista más dañina y exitosa del planeta. Y, por esas fechas, había en Tolantongo más o menos un promedio de 25 nacos mexica por metro cuadrado. Muchos de ellos provenientes de Chilangolandia, o sea chilangos... algo en verdad letal. 

Y también, algunos excursionistas de verdad, un tanto despistados, por cierto. 

-*- 

Era el caso de la dulce Yolotzin y el fúrico Ehécatl. Ella: una encantadora y tolerante maestra de kinder que adoraba a los niños chiquitos, la filosofía, los indios –en especial los zapatistas–, la música latinoamericana, los balnearios de aguas termales (por ser muy friolenta), la convivencia con los demás y en general a la gente, una bella y agradable mujer; él: un periodista cínico y altamente escéptico al que también le gustaban los niños chiquitos (pero sólo en foto o al horno), la música clásica, la soledad, las montañas nevadas y... claro detestaba las multitudes, en especial si eran de nacos; odiaba a los indios en general y a los “zapatistas” en particular, a los panistas (indios o no) por definición... y a cualquier cosa u objeto que sonara u oliera a creencia... irracional o no, era obviamente para la plebe, y otros no tan plebe, un fulano achinado y altamente desagradable, como hasta cualquier naco podría imaginar. 

Aunque pareciera difícil o casi imposible creerlo, aquellos dos tan disparejos eran una pareja bien avenida, muy amorosa (en verdad para Ripley), pero eso sí, llevándose la contraria siempre y de manera sistemática, para no aburrirse.           

A los dos les gustaban mucho las excursiones, pero esa vez en particular estaban en el lugar correcto en los días equivocados: llegaron poco después de iniciada la invasión de los nacos: los defeños, los locales y los otros. 

De hecho los nacos locales y los mexica-chilangos,  ya ocupaban el 95% del lugar para cuando ellos entraron al área de campamentos, cerca del río.           

Por supuesto y ante esto, el Ehe estaba que se lo llevaba la chin... y la Yolo tampoco estaba muy de buenas, por los nacos, el calor, el largo y lento viaje de varias horas en autobús (estaban arreglando la carretera), con una película chafa, sin desayunar y por haber sugerido ella... ir a Tolantongo, en vez de a la Iztaccíhuatl.           

El Ehe, por su parte, estaba al borde de la apoplejía ante la vista –sin previo aviso–, de una serie de viejos, monumentales, deformados y obviamente horribles traseros –aunque fueran femeninos–, bajando a trompicones las escaleras hacia el río (y ocupando con su anchura desparramada todo el espacio disponible), mientras sus dueñas cargaban anafres, refrescos, niños gritones y toda la parafernalia habitual... y luego, casi se infartó al percatarse de que, al parecer todos los presentes sin excepción, tenían encendidos sus aparatos portátiles estéreo reproductores (algo esencial en el equipamiento naco para una excursión), con grabaciones pirata (¿hay de otras?) de “La Golosa”, música tecno-punk y la Rata de dos patas –junto con las demás canciones de “Paquita la del barrio” –, a todo el volumen posible, of course.           

No había ya ni un centímetro cuadrado de espacio disponible para colocar otra tienda de campaña, aunque fuera de juguete... Entonces, y luego de bajar hasta el río, comprobarlo y volver a subir con sus nada ligeras mochilas... La Yolo y el Ehe se fueron a la zona más exclusiva de las albercas, con la esperanza de hallar algo...           

Ahí también estaba lleno, pero bajando la cuesta había algunos sitios, con la tierra mojada, pero más o menos despejados; aunque peligrosamente cerca de donde se hallaban los agrupamientos nacos.            

-¡Aquí hay un lugar, amor! –Exclamó la Yolo, mientras señalaba un sitio plano.            

El Ehe miró la explanada señalada por ella, a su alrededor y... eligió otro lugar, con ligero desnivel, para colocar la tienda de campaña: típico.            

Mientras se preparaban algo de comer, arribó la pareja de espías de Naconia.           

El Ehe los miró oblicuamente mientras se echaba un trago generoso de su ánfora número uno llena con mezcal y masculló hacia la Yolo una advertencia:           

-Llegan más nacos, amor...           

El espía macho advirtió quedamente a la espía hembra en naconez:           

-¡Cuidado!, creo que nos han reconocido... vigílalos...           

La naquita dirigió hacia el Ehe y la Yolo una sonrisa que quería ser encantadora, al estilo de las telenovelas del Canal de las Estrellas que habían captado meses atrás. El Ehe hizo una mueca de disgusto y gruñó algo ininteligible y seguramente ofensivo... La Yolo, dado que era harto comprensiva, le mostró francamente los dientes a los nacos en señal de simpatía... En la lejana y añorada Naconia la Grande ese gesto en particular significaba pelea a muerte, guerra total inmediata, promesa de aniquilación con tortura y digestión lenta... la naquita se confundió más que antes. Y como la Yolo tiene unos dientes blancos parejos y grandotes, también se asustó.           

Ni siquiera el maquillaje de la PFP ocultó el tono fucsia-morado-amarillo subido que adquirió entre sumisión confusión e indignación; para su fortuna, en ese momento sus vecinos estaban mirando para otra parte, previendo la llegada de más nacos cuando un grupo grande se acercó a husmear por ahí, en busca de un sitio donde acampar... y la iluminación no era muy buena ya, a esas horas de la tarde-noche.           

La colocación de la tienda no les ofreció a los espías muchos más problemas que los habituales para los novatos, pero luego el naquito se hizo bolas con la estufa, que no era de gas butano... los de la PFP les habían dado parte del equipo de los años 50 del siglo pasado a falta de otras cosas y porque no tenían ni idea, así que... nunca fue fácil encender una estufa de gasolina blanca: hay que realizar por lo menos tres movimientos simultáneos; es todo un arte. La solícita naquita acudió en ayuda de su compañero y el resultado fue relampagueante... un flamazo que casi quema la tienda y que chamuscó parte del maquillaje de él, provocándole un grito.           

El Ehe emitió una risita malévola, sin la más mínima intención de prestar ayuda mientras echaba un trago de ron de su ánfora número dos y, recordando que él también estuvo a punto de quemarse así alguna vez, fue en...  

-¿Vamos a una de las pozas de agua caliente amor? –Intervino la dulce Yolo.           

El Ehe masculló un gruñido afirmativo y luego de verificar que el grupo grande de los otros nacos que se habían acercado afortunadamente habíanse ido a otra parte... De guardar su equipo y cerrar su tienda ambos se fueron a remojar en agua caliente, para relajar sus nervios. Todo estaba callado, demasiado silencioso... amenazador.           

-¿Te fijaste bien en ese par, amor? –Inquirió el Ehe con sorna mientras el agua caliente le relajaba haciéndole sentir casi humano otra vez...           

-Algo raritos, ¿no crees? –Rió la Yolo.           

En efecto: los de la PFP habían tratado de maquillar lo mejor posible a sus espías. En el caso del macho, no se veía mejor o peor que cualquiera de los nacos que pululaban por ahí, pero en el caso de la hembrita... el maquillaje la hacía ver más como un jotito feo y obvio que como la chiquilla que pretendía ser.           

-¡De todos los sitios llenos de nacos, tenían que tocarnos de vecinos, joder!            

-Bueno amor, no nos hacen ningún daño, ¿verdad?           

El Ehe volvió a mascullar algo ininteligible y seguramente feo, no era homofóbico, pero los gay amanerados tampoco eran sus preferidos... era un buga convencido, según él lesbiano, dado su gusto por las mujeres. Detalles...           

La naquita había logrado acomodar otra vez, lo mejor posible, el maquillaje de su compañero, por lo menos estaban cubiertas dos de las bocas, aunque la supuestamente única tenía un casi irresistible y chueco parecido con la de Sylvester Stallone...           

Ambos salieron de su tienda, luego que lograron colocar algo de luz para observar a los humanos y la naquita saludó con exquisita cortesía a unas nacas locales que pasaban por allá; recibió como respuesta una serie de floridas mentadas de madre. Ellas sí eran  homofóbicas.            

Por contraste, del agrupamiento de nacos cercano, les llegó la invitación para unírseles en la fiesta que estaban organizando: tenían con ellos guitarras, aparatos de estéreo y harto tequila, o sea que el asunto prometía ser por lo menos estruendoso.           

Cuando el Ehe y la Yolo entraron a su tienda, para tratar de dormir temprano, relajados ya por el agua caliente, y mientras él echaba un trago del ánfora número tres, la de vodka... Arrancó sin la más mínima consideración o aviso la “música” del cercano Mariachi Rascuache de Nacotitlán con su muy particular versión de la música ferrocarrilera: El son de la Negra. El Ehe dio un grito y salto convulsivos y hasta derramó el tanguarnís, lo cual es un pecado mortal para cualquier borracho como él.           

-Ay amor –exclamó la Yolo–, no seas exagerado, no tocan tan mal... 

-¡Custer! ¿Dónde estás? –Aulló el Ehe. 

Los naquitos de Naconia la Grande tampoco las tenían todas consigo, además del muy alto decibelaje que estaba destruyendo su muy sensible oído. Los nacos mexica estaban en la fase “estrujar-palmotear” previa a la fase “tú eres mi hermano del alma, realmente un amigo”, en la cual el contacto físico suele ser más íntimo.           

La siguiente palmada casi le arranca el maquillaje a la naquita, quien seguía preguntándose por qué la trataban como si fuera macho... menos, por lo menos en el lenguaje, a su compañero no le estaba yendo mucho mejor. Un par de machines lo agarraron y para demostrarle que eran very open mind y les valía que fuera marica, le metieron por la boca (la que se veía a lo Stallone) una botella de tequila, con técnica judicial: o bebes o bebes... y el resultado estaba siendo catastrófico, el tequila, como sabemos bien en México, es una de las bebidas más potentes del planeta, en especial si es del adulteradín que venden en Tolantongo, donde se supone está prohibido entrar con botellas... pa’ vender el propio. ¿No?            

O sea que aquel ya andaba más allá de la fase del “amigo” y entraba de lleno en la fase nostálgica-llorona, listo ya para los cantos locales, la naquita logró impedir que comenzara a cantar en naconez y como pudo lo arrastró hasta la tienda.           

El Mariachi Rascuache de Nacotitlán se arrancó poco después con las “nostálgicas” y con una que otra de protesta, en tono de tequila, claro.           

-Amor –dijo la dulce Yolo. Creo que están cantando una de Silvio Rodríguez...           

El Ehe, que había logrado medio dormirse, no la oyó, pero dio otro salto convulso, en el momento que el naquito, a pesar de los esfuerzos de su compañera puso, a todo lo que daba, en su equipo de sonido: las marciales notas del himno de batalla de Naconia la Grande. Estaba en pleno estado nostálgico-patriótico a causa del tequila tolantonguez.           

-¡Me lleva la chingada! -Aulló el Ehe al oír las inspiradas notas naconezas: ¡Lo único que faltaba, ahora también pusieron el Sirenito del Rigo Tovar!           

En medio del pandemónium resultante, se despertó un “inocente” niño –también había en el sitio bastantes enanos nacos como para hacer un kinder–, y comenzó a pedirle pan a su progenitora. Su señora madre, para calmarlo, le dijo que ahora iría a comprarle el pan, olvidando que eran las tres de la madrugada... y que en Tolantongo no hay panaderías.           

-¡Pero o o voy y y contigo oo ooo! –Amenazó el vástago con trémolos en la voz.           

-¡Señora, ahogue al maldito escuincle con el sleeping! –Sugirió a grito pelado el Ehe para indignación de la dulce Yolo.           

La naquita estaba luchando por taparle las bocas a su beodo colega, quien insistía en echar para afuera el pulmón cantando ¡Vamos a la conquista! En naconez...           

Alguien allá afuera dejó caer parte del contenido de una botella de tequila tolantonguez sobre una fogata: se vio algo así como el brillo en Hiroshima aquel lejano agosto de 1945, y varias tiendas estuvieron a punto de entablar el triste diálogo de los pollos rostizados; “en una llamarada se quemaron nuestras vidas”.           

-¡Tienen armas de plasma! –Exclamó el naquito con miedo palpable, olvidando por unos instantes los efectos del tequila.           

La naquita se retorció las extremidades con angustia mientras pensaba que se encontraban en un terrible peligro... y recordando los dientes brillantes de la Yolo: tan cerca... se estremeció.           

-¡Debemos advertir a La Flota! –Sollozó la naquita–, deben saber que todos aquí, hasta relajándose tienen armas así: si llegan a venir sin saberlo...           

-¡Y lo terrible del tequila! –Agregó él, sintiendo otra vez que su cráneo se partía en dos. El alivio de la “tequilepsia” había sido sólo momentáneo.           

El Uyy’att les ordenó quedarse y averiguar más... el precio no importaba. Y, como de paso, les recordó como se trataba en Naconia la Grande a los fracasados.           

El exhorto fue harto elocuente...           

La tranquilidad fue descendiendo sobre el balneario en la medida que los nacos caían borrachos en los sitios más extraños, la Yolo y el Ehe se durmieron, el niño, agotado, dejó de pedir pan, el Mariachi Rascuache de Nacotitlán se ahogó en su tequila, los nacos de Naconia la Grande trataron de reorganizarse.           

El silencio llegó a Tolantongo. Pero no por mucho tiempo...  

-*- 

Amaneció con cautela... trémulamente.           

-¡Niño! –Gritó el Ehe nomás saliendo de su tienda. ¿Y tu pan?         

Hubo una pausa de aterrado silencio y... se reanudó el lloriqueo en fa mayor sostenido, ma’o menos a 200 decibeles. El Ehe sonrió con torva satisfacción oyendo las protestas y promesas de la confundida madre del enano y los gruñidos de los nacos crudos rudamente despertados por el escuincle chillón y panista. 

El día anterior había sido más bien malo, pero éste estaba comenzando muy bien...           

Los naquitos, ante la posibilidad de que el lloriqueo y la palabra pan (con trémolo) repetida hasta el cansancio fuera un canto u grito terrícola de guerra, amartillaron sus armas por aquello de las dudas, y comunicaron a La Flota sus temores.           

El Ehe y la Yolo decidieron ir a remojarse en agua caliente antes de preparar el desayuno y para no oír al niño chillón tan cerca.            

El agua estaba deliciosamente caliente y prácticamente no había nacos a la vista, excepto una viejecilla que insistía en bañarse en cueros en una de las pozas, la Yolo y el Ehe buscaron de volada otro sitio, donde no hubiera exposiciones indecentes o, mejor dicho, agresiones visuales, y se pasaron la siguiente hora discutiendo sobre filosofía y educación preescolar. El Ehe insistía desde tiempo atrás en fundar una cadena de escuelas que llevaran el nombre de Jardines de Herodes, o El Reyezuelo Feliz, para educar debidamente a los enanos, o más bien para encargarse de ellos con los métodos pedagógicos del Lieb Onkel, Heinrich Himmler, de ya probada eficacia en los centros de reeducación alemanes de los años 40: Auschwitz, Treblinka, etcétera. La dulce Yolo, por supuesto, estaba en profundo desacuerdo.           

Cuando regresaron a su campamento, el ambiente estaba un poco menos denso, claro aún había nacos crudos y borrachos tirados bajo los árboles, en el césped, cerca de las albercas, pero otros ya se iban (entre ellos el Mariachi Rascuache de Nacotitlán) y varias tiendas de campaña habían sido desmontadas. Los naquitos se habían atrevido a salir de la suya y estaban mirando con timidez por los alrededores, cumpliendo la orden de conseguir información... No habían encontrado una sola de las armas de plasma, pero eso más que tranquilizarles, les producía aún más desconfianza: podría significar que aquellos terribles terrícolas quizá poseían una tecnología aún no detectada y las hacían lo bastante pequeñas como  para ocultarlas a la perfección.            

El Ehe empezó a organizar el desayuno muy a su manera: fanático de los huevos con tocino y el colesterol en general, comenzó a preparar una sartén grande de ellos. De una de las tiendas vecinas surgió una vocecilla infantil:           

-¡Mira mami, están preparando huevos!            

La madre del niño (no la del niñopan, sino una modelo Las Lomas), torció el gesto. A su vástago le fascinaban los huevos para desayunar, pero ella no había querido llevarlos prefiriendo unas deliciosas hamburguesas McDonald’s para calentar. El comentario del niño le cayó en los ovarios. Gruñó una especie de contestación.           

-¡Pero están preparando huevos! –Insistió el enanín...           

-¡Cállate y ven para acá!, ¡al rato desayunamos! –Instó la señora progenitora totalmente Palacio, cayéndole de súbito el veinte, que las hamburger ésas del McDonald’s, o MacMadres, se calentaban en  horno de microondas. Detalles...            

El Ehe, con una sonrisa feliz, agitó los huevos revueltos con harto tocino y otras cosas, para que se revolvieran bien y para que el aroma le llegara más directo al chiquilín...            

Llamó a la Yolo y ambos comenzaron a prepararse unos ricos emparedados de huevo con tocino, queso y otras cosas, en pan tostado con mantequilla, ante la mirada ansiosa y casi llorosa del enanín... eso era demasiado para la dulce Yolo, la cual procedió de inmediato a darle el emparedado del Ehe al niño babeante, aprovechando que aquel miraba hacia otra parte. Miró enternecida cómo se iluminaban los ojitos del nene, el cual luego de arrebatarle el sándwich, sin siquiera darle las gracias, procedió a hincarle el diente. 

Pasaron varias cosas de inmediato...           

El chido niñín lanzó un berrido capaz de despertar muertos al dar la primera mordida al emparedado y se quedó con el bocado en el hocico, chillando como si lo estuvieran matando: el Ehe hizo un comentario no muy apto para oídos castos, al darse cuenta del asunto y deduciendo que el nene se había agenciado su sándwich, la Yolo puso cara de what?... La madre del bebé corrió al rescate. Le arrebató el emparedado al chiquilín y procedió a lanzarlo lejos, luego mientras le limpiaba la boquita al lloroso, le dedicó al Ehe y a la Yolo una mirada asesina al estilo Bin Laden.           

Siguieron pasando cosas... 

El emparedado voló por los aires, cual vil platillo volador maussanita y aterrizó en la boca abierta (la estilo Stallone) del naquito, que aún herido de muerte por el tequila, estaba tratando de interpretar lo que veía. El espía naconez lanzó un alarido digno de La Llorona, cuando la mezcla ingresó en su organismo y echó a correr como si lo persiguiera una caterva de demonios, encabezada por Raulito y Carlitos Salinas de Gortari.            

El Ehe, de súbito muy divertido por todo aquel rollo, procedió a prepararse otro sándwich poniéndole aún más chile habanero que al anterior... algo no muy adecuado para organismos ET o niños más o menos pequeños, a menos que sean yucatecos. 

Definitivamente aquel estaba siendo un excelente día.           

El naquito corrió fuera de la línea de tiendas de campaña, saltó a un lado de los servicios sanitarios, mientras sentía que ardía por dentro, lo cual no era una figura de lenguaje: quiso pedir ayuda sólo para descubrir que en la desesperación había dejado caer su aparato de comunicación. Se desplomó entre las cabañas para renta, sobre unos arriates frondosos, retorciéndose como lombriz en cal viva. Tequila y chile habanero juntos son mortales por necesidad para la mayoría de los humanos, tanto más para un alienígena. Kapput...           

-¡Mira amor –dijo la Yolo–, qué chistoso teléfono celular!           

-Debe ser de los jotitos de al lado, mejor guárdalo para cuando regresen, amor, no se les vaya a perder –Sentenció el Ehe mientras se echaba un trago de tequila añejo de su ánfora número cuatro.           

Ambos miraron hacia todos lados, pero sus vecinos de Naconia la Grande, (a) los jotitos, no se veían por ninguna parte. Finalmente se encogieron de hombros y se dedicaron a otros rollos, como beber cervezas bajo el sol, meterse a las pozas otra vez y organizarse para ir a las albercas. El Ehe le había prometido a la Yolo que la enseñaría a nadar.           

La naquita, mientras tanto, había llegado a la zona de las albercas buscando a su compañero y comenzando a sospechar que los terrícolas podrían haberlo capturado: cualquier cosa podía pasar. Si era así, seguramente irían a por ella enseguida, así que era imperativo que informara a La Flota lo más pronto posible... un terrícola con grandes bigotes, sombrero de ala ancha, cinturón grueso con hebilla rara, botas con grandes tacones y una reata vaquera en la mano, se le quedaba viendo con fijeza cada vez que se acercaba al borde de alguna de las albercas... posiblemente pensando en capturarla tan pronto recibiera la orden. Se alejó lo más que pudo para informar lo que ocurría y para pedir que la sacaran de allá.           

Lo que ella no sabía era que el “ranchero” se llamaba Arnulfo Aguilar Aguilera, (a) AAA, y era uno de los encargados del ejido y además el salvavidas... por eso la vigilaba cada vez que se acercaba al agua. La pobre se veía sumamente torpe, quizá hasta drogada. Claro, él pensaba que ella era un “el” y que además se trataba de un pinche joto, y siendo él un machín total, sólo verlo, al jotito, le molestaba...           

El Ehe y la Yolo se fueron a las albercas. Él se dedicó a enseñarle a ella a nadar, aunque el número de nacos remojados no dejaban mucho espacio y producía nata, así que decidieron salir un rato a ver si se despejaba, en eso llegaron las gordas.           

-¡Mira, amor –exclamó el Ehe–, las Keikos en traje de baño! ¡Joder, una en bikini!            

-¡Qué malo eres, amor! –Respondió la dulce Yolo.           

La naquita recibió con angustia la negativa del Uyy’att a sacarla de ahí, aunque si con la resignación que caracterizaba a los nacos de Naconia la Grande, de cualquier manera quizá era mejor así. Aunque había pasado su informe, había fracasado... valía más quedar ahí, junto con su colega, que sufrir lo que le esperaba. Así pues, finalizado el informe, a sabiendas de que La Flota comenzaría a alejarse de ahí enseguida, amartilló su arma y se dispuso a morir, matando a la mayor cantidad posible de terrícolas.           

Se fue hacia las albercas y los primeros terrícolas que vio ahí fueron la Yolo y el Ehe. Comenzaría por esos, su sonrisa de ferocidad hizo resbalar una buena parte del maquillaje facial, pero eso era ya lo de menos. Avanzó con intenciones homicidas, tendiendo su arma hacia aquellos dos, la Yolo sonrió al verla, ahora podría devolverle el celular que hacía pareja con el que aquel jotito traía. La naquita vio esos dientes y comenzó a oprimir el gatillo. Entonces...            

Dos de las Keikos pasaron corriendo y agitando impúdicamente sus masas... atropellaron con un avasallador movimiento lateral de nalga a la ET, la cual se fue a la alberca con un grito. Por supuesto, no sabía lo que era nadar. Ahora era el turno del AAA.           

El sistema de salvavidas tolantonguez es, por decirlo de alguna manera, único: en vez de aparatos flotadores o nadadores, se usan reatas vaqueras y la habilidad de los ex vaqueros para usarlas, como si atraparan reses. El tal AAA era de los buenos, lazó a la naquita con pericia notable... por el cuello.           

Fuera porque el jotito no le caía bien, porque los cuellos ET son débiles o porque AAA jaló con demasiado entusiasmo, el caso es que ahorcó a la naquita: aquí o te ahogas o te ahogas. Sistema salvavidas ranchero. Por supuesto cuando los curiosos vieron aquello muerto y sin el maquillaje... Las Keikos se desmayaron, el Ehe miró con sospecha su ánfora número cinco la de ginebra, y prometió no volver a beber de esa porquería, de hecho como era un ánfora de plástico, la arrojó lejos. La Yolo se explicó muchas cosas de pronto, una de las ventajas de ser tolerante: el jotito simplemente había sido diferente eso era todo... Y el AAA, por su parte, se sintió profundamente aliviado y hasta medio heroico: había despachado al chupacabras, o tal vez a la Elba Esther Gordillo, después de todo no ahogó a un jotito.           

-Tienes suerte, buey –le dijo con simpatía el Ehe–, no te acusarán ni de homicidio ni de homofobia. Chance y hasta te dan una medalla, me cae.           

El Ehe echó una mirada más a la cosa: sí, posiblemente era el chupacabras, porque se veía demasiado guapo (a) para ser la Elba Esther, eso era bueno para el tal AAA, porque ahora no lo demandarían ni desechos humanos ni la Sociedad Protectora de Animales.           

Sacó el ánfora número uno, pa’un trago de mezcal y de paso, como si nada, recogió del suelo el “celular” de la naquita. A fin de cuentas ese anuncio de la tele acerca de devolver teléfonos abandonados era una pendejada. Ya lo activaría a lo pirata con un amigo suyo, además a quien lo había traído, fuera lo que fuese, ya no le servía para nada. Por alguna razón eso  último le dio mucha risa.           

-¿De qué te ríes, amor?           

-De que las Keikos se ven más feas que esa cosa que está allá... 

-*- 

Así fue como se estropeó la proyectada invasión a la Tierra por las huestes de Naconia la Grande. Los nacos, ante el reporte de sus agentes, partieron en busca de algunas presas más fáciles. Cuando se halló entre los arriates de las cabañas el cuerpo del otro naquito, cocido por el tequila y el chile habanero, se armó tremendo revuelo en Tolantongo, lo cual es fácil de imaginar... se pensó que era un ataque de chupacabras beodos, que la familia Salinas había decidido irse a vivir a Hidalgo, que se trataba de un par de asesores de Martita Saddam de Fox... ¿O serían extraterrestres?            

Alguien propuso llamar al experto y sabio Jaime Maussán, para que los sacara de dudas, ante la risa descarada del Ehe, quien aún en presencia de los cuerpos, llevados a los baños de hombres a falta de una morgue, seguía sin creerse el rollo. 

Entonces pasaron varias cosas:           

Los naquitos de Naconia la Grande se desintegraron como en los mejores momentos de la serie sesentera “Los Invasores” y lo único que quedó en el sitio fue un polvillo muy parecido a ceniza de cigarrillo, por supuesto antes siquiera de que alguien les tomara una foto, un video, algo: lo cual fue muy desconsiderado... Ante tal contingencia, los confundidos nacos locales y mexica, los cuidadores rancheros, incluidos salvavidas, el Ehe y quizá otro par de escépticos medio sobrios, llegaron a la conclusión de que simplemente andaban pedos y todo había sido un sano delirium tremens, o sea que todo era asquerosamente normal y podían respirar tranquilos otra vez, entonces el Ehe regresó por su ánfora de gin. 

Jaime perdió la oportunidad única de tener un OETP: Objeto Extra Terrestre Permanente y los escépticos le siguen viendo la cara y agarrándolo de botana, como ya es su costumbre desde 1991.           

Para esa noche, los nacos ET ya andaban bastante lejos, pero no lo suficiente para no captar la señal de uno de los comunicadores, activado por accidente dentro de la tienda del Ehe y la Yolo... 

El Uyy’att fue llamado de inmediato, pero en vez de escuchar a alguno de sus enviados, sólo oyó unos ruidos indistintos que subían y bajaban de ritmo y como grititos, gemidos o algo así. Dedujo mientras se ponía naranja de indignación que, por la naturaleza de los ruidos, seguramente estaban torturando a los espías antes de matarlos con exquisita lentitud... y lo dejaban oír como una advertencia, eso le confirmó que los terrícolas eran muy peligrosos. 

Cerró la señal para no seguir enojándose y ordenó aumentar la velocidad, mientras sonaban marciales las notas de la música naca/cósmica.           

Al día siguiente, y luego de fastidiar a los vecinos que no tenían cerillos, sacar fotos a las Keikos y enseñar a nadar a la Yolo, el Ehe oprimió otro de los botoncitos del “celular” y se oyó un chillidito muy chido... hubo un resplandor súbito y uno de los rancheros salvavidas se volatilizó con todo y reata.. 

El Ehe se alejó de ahí silbando una tonadilla de Wagner y haciéndose el pentonto... sin cuerpo del delito no hay delito, aquel aparatito era… ¡una maravilla!           

Los nacos de Naconia la Grande habían temido que los terrícolas tuvieran armas de plasma y no sólo tequila tolantonguez y habían corrido. 

Bueno, ahora gracias a ellos, los terrícolas sí tenían armas de plasma, y todos sabemos que son malos, crueles y perversos, en especial los nacos. 

¡Que alguien proteja a la galaxia! 

- - -

VACACIONES ACCIDENTADAS Y CIENCIA FICCIÓN: 

Los nacos son un asunto serio, nadie consciente se ríe en su presencia.           

Hay que aclarar de volada que todos los hechos aquí narrados son ficticios, excepto por supuesto los ET y Jaime, pero todos están inspirados en circunstancias reales,  vacaciones accidentadas y ciencia ficción mexicatl.           

Tolantongo está allí, las pozas también y, claro, los salvavidas con reata, estos últimos no sólo bien reales, sino también  peligrosos: no exponga su cuello, si no sabe nadar ni se meta a la alberca.          

Todos los nombres fueron cambiados para proteger a los culpables, siguiendo la recomendación de la Comisión Nacional de Desechos Humanos, a la cual siempre hacemos caso.           

Tolantongo vale la pena, es un sitio muy bonito, pero jamás se les ocurra ir cuando haya vacaciones o sea un puente, pues estará de nacos hasta el copete.           

El día que los nacos invadieron Tolantongo es uno de los pocos cuentos inéditos de esta colección, y de hecho todavía está caliente del horno... 

Cliquee en las imágenes para abrir el slideshow
 
Más

Arriba ] Viaje Lunar ] Religión OVNI ] Ruido Blanco ] Ulises Criollo ] Dones ETs ] Lo Sagrado ] Mutualista ] [ Tolantongo ] IQ ] Yo Quiero Probar ] Simetría ] Paranormal ] Pesadilla Anticipada ] Nombre de Dios ]

Portada • Insólito • Ciencia • Cultura • Sobre p# • MarcianitosVerdes

MMIV-MMVI © perspectivas - Contáctenos - Todos los derechos reservados