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Fuegos de San Elmo
publicado en 11/07/2006

Autor: Luis Ruiz Noguez

“I boarded the Kings’ ship; now in the beak,
Now in the waist, the deck, in every cabin,
I flamed amazement; sometimes I’d divide
And burn in many places; on the topmast,
The yards and bowsprit, would I flame distinctly,
Then meet and join”. 

“He abordado la nave del rey –dice Ariel en La Tempestad–, y ora sobre proa, ora en los costados, ora en cubierta, ora en las cámaras, por doquier he encendido el asombro. Tan pronto me dividía, y ardía entonces por aquí y por allá, y llameaba separadamente en el palo mayor, en el bauprés y en las vergas, como me reunía de nuevo juntando todas mis llamas…”.
La Tempestad, Acto I, Escena 2 (1)


San Elmo o san Erasmus (303 d. C.?, Formia, Italia) fue uno de los primeros obispos cristianos. Es el patrono de los marinos, quienes lo asociaron románticamente al fuego de san Elmo (o san Telmo). Es uno de los mártires que constituye los “Catorce santos de ayuda”, un grupo de santos venerados conjuntamente en la Alemania medieval. Fue obispo de Formia (antigua Formiae), donde murió martirizado, probablemente durante la persecución de cristianos por el emperador Diocleciano. De acuerdo con el papa San Gregorio I el Grande, sus reliquias están en la catedral de Formia. Después de que los sarracenos destruyeron Formia en el 842, el cuerpo de Erasmus fue transferido a Gaeta (Italia). Varios actos espurios han embellecido la leyenda. De acuerdo con esto, él fue obispo de Siria y resistió milagrosamente las torturas de Diocleciano en Líbano y después fue guiado por un ángel a Formia. Se le confunde con el sirio san Erasmus de Antioquia (25 de noviembre), aunque algunos proponen que es la misma persona. 

San Rudolf escribió la biografía de san Elmo hacia el año 1130. En su “Vida de san Elmo”, escribe: 

“Una noche de gran tormenta, san Elmo se dirigió a visitar al obispo de Auvergne, Ranco, quien se encontraba en cama por enfermedad. Los discípulos de Elmo le acompañaban en el camino, pero era tal la oscuridad, que prácticamente estaban imposibilitados de seguir adelante.

 

“Elmo comenzó a encender una vela, lo cual sorprendió a sus discípulos. ¿Acaso pretendía san Elmo que tal vela permaneciera encendida enfrentando semejante noche torrencial?

 

“Pese a las dudas de sus acompañantes, la lluvia que caía a cántaros y las ráfagas de viento no pudieron apagar la vela, y san Elmo logró llegar a su destino.” 

Debido a esta leyenda, san Elmo ha sido adoptado como patrono de los marinos del Mediterráneo, quienes han visto el destello que acompaña a la descarga en cepillo que aparece sobre los mástiles de los barcos durante las tormentas. Elmo es la corrupción italiana de Erasmus (a través de Ermo). Otras derivaciones etimológicas incluyen Ramus, Eramus, Ermo, Elm, Elme y Telmo. Este último es en realidad el pseudónimo adoptado por Pedro González, el cual los marinos españoles y portugueses veneran como patrón. De aquí que en Portugal el fenómeno se conozca como “Luces de Pedro”. La fecha de veneración del santo es el 2 de junio. 

También se le ha llegado a conocer como San Nicolás y San Hermes, Corpusante o Corpus Santos.  

Al fuego de san Telmo, fuego de san Elmo, feu Saint-Elme o St. Elmsfeur se le conocía con el nombre de Helena por los romanos, en el caso de que fuese una llama solitaria, y si la llama era doble, Cástor y Pólux. Creían que era el numen protector de Cástor y Pólux. Séneca, en cambio, decía que eran estrellas que se posaban en los palos de los buques. 

Julio César escribió en su “Comentarios de la guerra de las Galias” que “en el mes de febrero, alrededor de la segunda hora de la noche, apareció repentinamente una nube seguida de una tormenta de granizo, y en la misma noche las puntas de las lanzas de los soldados que pertenecían a la Quinta Legión parecían estar en llamas”. 

Francesco Antonio Pigafetta, quien acompañó a Magallanes en su expedición (1519-1522), relata con gran viveza la aparición de este fenómeno en el transcurso del viaje. El cronista del viaje escribe, en su “Relazione in torno al primo viaggio di circumnavigazione, noticia del Mondo Nuevo con le figure dei Paesa scoperti”, lo siguiente: 

“Aparecía en más de una ocasión el cuerpo Santo, esto es, Santo Elmo, como otra luz entre las nuestras, sobre la noche oscurísima; y de tal esplendor cual antorcha ardiendo en la punta de la gabia (…) Cuando esa bendita luz determinaba irse, permanecíamos medio cuarto de hora todos ciegos, implorando misericordia y creyéndonos muertos ya”. 

Cristóbal Colón reportó en su segundo viaje uno de estos avistamientos: “(Una) flama fantasma que bailaba entre nuestros marinos y que luego se quedó quieta como una vela quemándose brillantemente sobre el mástil… Cuando aparecía no había peligro”.

Pocos años después Alvar Núñez Cabeza de Vaca sufrió tan fuerte impacto al enfrentarse con uno de estos meteoros, que en su “Relación de los naufragios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca”, escribió que “más estábamos cerca de la muerte que de la vida (…) estuvimos pidiendo a Nuestro Señor misericordia y perdón de nuestros pecados”. 

En una nota de Francis Bacon sobre los trabajos de Plinio, afirmaba que “si es uno solo, pronostica una tormenta severa, que puede ser todavía más intensa si la bola de fuego no está adherida al mástil, sino que rueda y danza sobre él. Si hay dos de ellas, en el momento en que la tormenta se ha incrementado, se puede tomar como un buen signo. Pero si hay tres, seguramente la tormenta será terrorífica”. 

Darwin escribió en una carta a J. S. Henslow que una noche, cuando el Beagle estaba anclado en el estuario de Río de la Plata, “todo estaba en llamas, el cielo con sus relámpagos, el agua con sus partículas luminosas, y aun todos nuestros mástiles estaban coronados con una flama azul”. 

La aparición del Fuego de san Elmo se consideraba como buen presagio, ya que comúnmente se le veía cuando la tormenta estaba amainando. Por eso se interpretaba como el resultado de las plegarias de los marinos. 

En su novela Moby Dick, Melville hace decir a Ismael: 

“Todos los palos y las vergas estaban coronadas con un fuego pálido, y al tocarse, tres relámpagos con tres anillos estrechos de flamas blancas, en cada uno de los tres mástiles, se quemaban en el aire sulfuroso, como gigantescos cirios en el altar… juro que en todos mis viajes nunca había oído que el dedo flamígero de Dios hubiera caído sobre la nave…”. 

Además de los mástiles de los barcos, se les ha visto en las chimeneas, las torres y campanarios de las iglesias, las copas de los árboles y las cumbres de las montañas. Incluso se ha reportado en los cuernos del ganado, saltando de cuerno a cuerno. Al iniciar la era de la aviación, el Fuego de san Elmo se trasladó de la tierra y los mares hacia el cielo. Ahora aparecía en los extremos de las alas, en las hélices y las antenas de los aviones. Incluso alteraba las comunicaciones de radio (efecto electromagnético). 

Usualmente es de color púrpura, azul, blanco-azulado o blanco. La “flama” no desprende calor y dura entre unos minutos hasta horas, pues no se consume. Algunos creen que el relato bíblico de la zarza ardiente, que no se consumía, pudiera tener un origen en este fenómeno. Ocasionalmente se reporta un ruido eléctrico. 

Cuando Benjamín Franklin inventó el pararrayos, se dio cuenta de que el fenómeno aparecía en la punta de esos aparatos: “Lejos de la nube y silenciosamente, antes de que estalle, en la punta se puede ver una luz como el corpuzante de los marinos”. 

En la novela “San Elmo”, escrita por Augusta Juana Evans, posteriormente a la Guerra Civil norteamericana, se narra la historia del santo. La novela fue tan popular que muchas poblaciones en los Estados Unidos fueron bautizadas con su nombre en Alabama, Tennessee, Georgia, California, Colorado, Illinois, Kentucky, Louisiana, Mississippi, Missouri, Nueva York, Texas y Virginia. Augusta Evans era una firme antifeminista. En todas sus novelas, nunca fue más que una escritora mercenaria. Era tan superficial, moralista y pomposa que “The New York Times” se mofaba regularmente de ella, y una vez publicó una parodia de “San Elmo”, “San Twelmo”. 

Estos “fuegos” han provocado también pánico y leyendas en la imaginación popular. Este fenómeno era muy acentuado en los veleros, que generalmente llevaban varios mástiles y mucho aparejo. La aparición de esta luminosidad en la oscuridad era de efectos sorprendentes para los supersticiosos marinos de antaño, que desconocían la causa del fenómeno. 

“Ciertas piezas de ropa, sobre todo las de nylon, acumulan electricidad estática en alguna cantidad; en la oscuridad producen una lluvia de chispas, por ejemplo al quitarse la ropa. A veces, estas ropas quedan rígidas o se mueven, pareciendo un ‘fantasma’, aún cuando estén colgadas de las perchas, por efectos de pequeñas descargas eléctricas”, según el padre Óscar González Quevedo (2). 

Existe una evidente e íntima conexión entre el más inofensivo de estos fenómenos flamígeros y los Cozmozants (o cuerpos santos) de electricidad estática que juegan en torno a los extremos de los mástiles de los barcos en alta mar. Esta carga estática fue la responsable de la catástrofe del Hindenburg. Se piensa que uno de los depósitos de gas, lleno de hidrógeno, habría dejado escapar su contenido antes de llegar al punto de amarre de Lakehurst. En los cientos de metros cuadrados de la superficie del gigantesco dirigible alemán, se había formado una gran carga de electricidad estática a causa de la fricción con el aire. Una chispa, producto de esa carga, produjo la ignición del hidrógeno (3).

 

LA DESCARGA EN CORONA 

El fuego de san Elmo es un tipo especial de descarga eléctrica, llamada “Descarga en corona”, que puede ocurrir en los objetos cuando el campo eléctrico cerca de ellos se incrementa por alguna razón. La descarga es luminosa y puede estar acompañada de un sonido audible. La “Corona eléctrica” es un efluvio que se produce alrededor de los conductores cilíndricos, cuando se encuentran sometidos a una gran diferencia de potencial con respecto del aire ambiente (4). La carga atmosférica induce cargas en los mástiles y estructuras elevadas. El resultado es una luminosidad esférica notable alrededor de aquellos puntos. 

Los fuegos de san Elmo son de forma ovalada, inmóvil, de tamaño entre diez y 40 centímetros y de color blanco o azul (5). 

El fenómeno ocurre en las puntas de los objetos, en donde la fuerza de potencial alcanza valores de cientos de volts por centímetro. Cuando el potencial es superior a esos valores, la corriente empieza a fluir, de acuerdo con la ley de Ohm, por lo que no se podrá observar el fenómeno. En un día normal, la fuerza del campo eléctrico en la atmósfera es de alrededor de 1 volt por centímetro. 

Al inicio de la formación de un cumulonimbus (nubes de tormenta), el campo se incrementa hasta unos cinco volts por centímetro, y justo antes de la descarga de un relámpago el valor se eleva a miles de volts por centímetro. De ahí que el fuego de san Elmo sólo aparezca cuando el campo eléctrico es muy elevado, esto es, en la vecindad de tormentas o tornados. Se ha reportado, por ejemplo, la presencia del fenómeno en navajas, cuchillos y otros objetos filosos durante la aparición de tornados (6). 

Estos fuegos por lo regular se relacionan con la acción de los cristales de hielo, nieve o granizo. Las colisiones de los cristales de hielo en las nubes, su rompimiento e interacción con gotas de agua subenfriadas, produce descargas eléctricas que causan estática en la radio y frecuentemente descargas luminosas. El movimiento de torbellinos de partículas de humo, nubes de humedad y cristales de hielo provoca cambios en el potencial y puede afectar el campo magnético. 

El efecto corona es una luminiscencia debida a la recombinación de átomos ionizados por elevados campos electrostáticos. Es susceptible de manifestarse en la proximidad de conductores de energía eléctrica de alta tensión (220 mil volts), cuando la separación de los conductores (de tres centímetros de diámetro) es inferior a los cinco metros, y las condiciones atmosféricas le son propicias (altos índices de humedad). 

La corriente eléctrica fluye de los puntos que tienen un potencial más elevado a los de menor potencial. Sin embargo, cuando el potencial eléctrico del campo es lo suficientemente elevado, los electrones de las moléculas con un mayor potencial adquieren la energía suficiente para escapar de la molécula y pueden colisionar con otras, sin ser capturados. Cuando ocurren las colisiones entre estos electrones libres, las moléculas ionizadas y las moléculas no ionizadas del aire, se produce una luminosidad. Cuando estas colisiones están confinadas a un volumen pequeño, como las puntas de los mástiles o de otros objetos, la luminosidad puede hacerse visible como un destello azul o blanco. 

Cerca de las puntas que se proyectan en la atmósfera, las líneas de fuerza eléctrica se reflectan de su posición normal y tienden a concentrarse en la punta. Cerca de este punto, la fuerza del potencial de campo eléctrico es considerablemente mayor que la de sus alrededores.  Ésta es la razón por la cual funcionan los pararrayos. Cuando se encuentran puntos con una elevación considerable sobre terrenos planos, el campo eléctrico en la punta puede alcanzar los 200 volts por centímetro y formar un fuego de san Elmo. También ésta es la razón por la cual es sumamente peligroso cruzar un terreno plano en época de tormenta: el cuerpo se transforma en un pararrayos. 

Philip J. Klass, quien ha publicado varios trabajos para tratar de explicar los avistamientos de OVNIS (7), estudió la oleada de Exeter, New Hampshire y quedó impresionado por la cantidad de observaciones que informaban de objetos vistos cerca de líneas de alta tensión. Exeter está lo suficientemente cerca de la costa como para que se forme sal en los cables de alta tensión, lo que facilita los efectos de la descarga en corona, dando lugar a la aparición de bolas luminosas de gas ionizado sobre los transformadores y líneas de alta tensión (8). 

La siguiente sección se la puede saltar aquel lector que no tenga conocimientos de física. Puede retomar la lectura después de la tabla de plasmas. Recomendamos que los que manejen algo de física y deseen comprender un poco más el mecanismo de formación de los fuegos de san Elmo, lean los siguientes párrafos. 

Como se ha visto, si un voltaje entre un conductor en una línea de transmisión excede un valor crítico, se produce un sonido como de siseo en el lugar en donde aparece un destello alrededor del conductor (corona). El voltaje crítico depende del diámetro del conductor, la rugosidad de la superficie y su distancia a otros conductores. La corona se produce por la ionización intermitente del aire que rodea al conductor, produciendo ondas de alta frecuencia y provocando pérdidas de energía e interferencia en radios y televisores cercanos (¡he aquí el famoso efecto electromagnético!). La única forma práctica de minimizar la corona es incrementando el diámetro del conductor. Al nivel del mar, por ejemplo, es necesario un diámetro mínimo de una pulgada, para una línea de 230 KV; de 1.5 pulgadas para una de 330 KV y de 2.5 pulgadas para otra de 500 KV. Los tamaños se deben incrementar a mayores alturas (9). 

Se prefiere el aluminio para líneas conductoras de voltaje extra-alto, a pesar de que su conductividad es menor que la del cobre. La mala conductividad del aluminio resulta ventajosa porque se requiere un gran diámetro (especialmente con un centro de acero) para altos voltajes. 

Dijimos que para 500 KV el conductor debe ser de 2.5 pulgadas o más. Tales conductores pesan cerca de seis kilogramos por metro, por lo que son difíciles de manufacturar, trasladar e instalar. Para subsanar estas dificultades se instalan dos o más cables (llamados subconductores) de diámetro mucho más pequeño, espaciados un pie o más, en lugar de un solo conductor. Este arreglo, conocido como “haz de conductores”, hace decrecer la impedancia de la línea e incrementa la capacidad de carga eléctrica en un 25% o más. 

En términos generales los fuegos de san Elmo son plasmas. Un plasma es una colección de cargas positivas y negativas de igual densidad que forman una distribución neutra de materia. Pueden existir en sólidos (como electrones excitados en metales), en líquidos (como sales disueltas en agua), pero es más común relacionarlos con los gases. Se cree que aproximadamente el 99% de la materia en el universo se encuentra en esta forma. Se considera como el cuarto estado de la materia. Es un medio conductor, en general compuesto de electrones e iones positivamente cargados. Las auroras, relámpagos y arcos eléctricos (de soldadura) son plasmas. 

En general, un plasma es una mezcla compleja de muchos tipos diferentes de partículas en movimiento térmico rápido. Las propiedades básicas del plasma son independientes de sus propiedades químicas y están determinadas en primer lugar por las leyes de conservación de energía y moméntum y por la conducta de los electrones. Se usan métodos estadísticos para estudiar los plasmas.  

La densidad (η) y la temperatura cinética (T) son los parámetros básicos. El promedio de la energía cinética por partícula es de 1.5 veces la constante de Boltzman por T, o sea 3/kT. La presión está definida por ηkT. En equilibrio termodinámico todas las temperaturas son la misma e (ignorando las interacciones de partículas) la suma de las presiones cinéticas es la fuerza por unidad de área en el continente. Se puede hacer una clasificación básica de plasmas en términos de densidad electrónica (ηe), temperatura electrónica (Te) y grado de ionización, o fracción de plasma ionizado. 

Uno de los parámetros más importantes asociado con los plasmas es la longitud de Debye, un concepto similar al introducido en 1923 por los químicos Meter W. Debye y Walter K. F. Huckel (10) en su teoría de los electrolitos fuertes. En un plasma la longitud de Debye es la máxima distancia en la cual una gran diferencia en el número de cargas positivas y negativas puede ocurrir. Ésta es una constante (h) que es igual a 69 (Tee)1/2 dada en metros. Para distancias mayores de h, existe una casi-neutralidad, pero para distancias menores, un ion positivo puede ejercer una fuerza sobre un electrón. Este fenómeno lleva a la definición cuantitativa del plasma: un gas ionizado es un plasma si la dimensión física del gas es mucho menor que h. 

Cuando el plasma no está en equilibrio y, especialmente cuando tiene corrientes eléctricas (movimiento general de los electrones relativo a los iones positivos), la interacción de partículas dentro de la esfera que tiene un radio de Debye se explica mejor en términos de colisiones binarias equivalentes. Esto es, sí es posible sumar las muchas interacciones simultáneas entre las partículas dentro de tal esfera en tal forma que pueda representarse como una serie de eventos discretos solamente entre dos partículas. El número de tales eventos se llama “frecuencia de colisión”. 

La frecuencia angular (Wp) de las oscilaciones del plasma es igual al promedio de la velocidad térmica del electrón por H o: 

Wp = 56(ηe)1/2  (en radianes por segundo) 

A temperaturas del orden de un millón de grados K, los átomos han sido despejados de todos sus electrones y pueden ocurrir reacciones nucleares. 

Los plasmas pueden emitir Bremsstrahlung (radiación por frenado de electrones en colisiones elásticas). La potencia (energía por unidad de volumen) radiada es proporcional a la raíz cuadrada de Te

Cuando un electrón es capturado por un ion positivo, emite un fotón (luz). Esto se llama Recombinación radiativa. 

Como hemos dicho, el 99% de la materia en el Universo se encuentra en estado de plasma. Esto no es una exageración, puesto que el Universo se generó de una violenta explosión que inicialmente consistió en una “bola de fuego” de plasma de hidrógeno completamente ionizado. 

En la siguiente tabla podemos ver los diferentes tipos de plasmas que se encuentran en el Universo, junto con su densidad electrónica (ηe) y temperatura electrónica (Te). 

PLASMA                                       ηe (1/m3)              Te (°K)
Sol
Centro                                    1031                  1.5 x 107
Fotosfera                                1020                   4,200
Cromosfera                              1017 a 1020         5 x 105
Corona                                    1013                  1.5 x 106
Viento solar                              5 x 106              4 x 105
(cercano a la Tierra) 

Espacio Interestelar
Regiones H II                            106                    104
Regiones H I                             102                    100 a 125 

Espacio Intergaláctico             1                       3 

Tierra
Magnetosfera exterior                 107 a 106            104
Plasmosfera                               1010 a 109          104
Ionosfera                                  1011 a 1012         250 a 3,000

Metales                                     1028                   104 

Durante las tormentas y en los casos en que el campo eléctrico de la atmósfera se hace espacialmente grande (tormentas de nieve o polvo, ráfagas de granizo, etcétera), frecuentemente se observan descargas luminosas, de un tipo espacial, en puntos y bordes puntiagudos de objetos que sobresalen de la superficie de la tierra. Estas descargas –los fuegos de san Elmo– ocurren frecuentemente en las montañas que poseen proyecciones puntiagudas de rocas, torres, árboles, etcétera. Usualmente van acompañadas de un estallido o silbido característico. Pueden durar varias horas y se observan en cualquier parte y en todas las estaciones del año (11).

Las descargas silentes son simplemente una forma en “cepillo” de la descarga en corona. Éstas aparecen cuando la fuerza del campo alcanza grandes valores cerca del electrodo (punta). En el estado inicial de la descarga en corona aparece cerca del electrodo una descarga autosostenible –cuando la fuerza del campo no es muy grande–, debida a los movimientos de los iones formados bajo la influencia de los ionizadotes atmosféricos. Su corriente es pequeña e independiente de la densidad de formación de iones. Cuando la fuerza del campo alcanza cierto valor crítico, el cual está determinado por la forma del electrodo y por la densidad del aire, el gas comienza a brillar repentinamente, con una luz azul cerca del electrodo y aparece un sonido característico, mientras que la corriente en el punto se incrementa a valores de microamperes o más. 

El calentamiento y brillo son una consecuencia de la ionización y excitación de las moléculas del gas y de los átomos del mismo, bajo la influencia de los electrones acelerados por el intenso campo electromagnético. 

El tamaño de este brillo se incrementa con un posterior aumento, y aparece sobre la punta un cono en forma de brocha, consistente en finas y luminosas corrientes, que se mueve rápidamente. 

El brillo se distribuye regularmente dentro de un cono de cerca de 90° en el vértice (extremo de la punta), cuando la punta está cargada positivamente (corona positiva). Se desarrolla una avalancha de electrones desde el extremo de la corona hacia la punta, mientras que los iones positivos permanecen estáticos dejando un espacio cargado positivamente, el cual debilita el campo en la vecindad inmediata de la punta. Debido a esto, la corona parece estar localizada no sobre la punta directamente, sino a una corta distancia de la misma. La longitud de las descargas en brocha alcanza algunas veces los 45 centímetros. 

En las coronas negativas el desarrollo de las cintas empieza en la misma punta y los electrones viajan en el espacio alrededor de la punta, donde se combinan con las moléculas del gas, dando la apariencia de que existe un espacio cargado negativamente. Esta corona es más pequeña y más estrecha que la positiva; la longitud de las cintas es de dos o tres centímetros. Las cargas espaciales alrededor de la punta tienen el mismo signo que la punta misma y pueden debilitar el campo si no existe una difusión en el espacio que las rodea, y con ello provocar la extinción de la corona. Por lo tanto, esta corona, por lo regular, no es constante y fluctúa continuamente, ya que tiene un carácter intermitente. 

Bajo condiciones naturales, la corriente de la punta “i”, el campo eléctrico “E” y la velocidad del viento “v” están relacionados como sigue: 

I = k(E – C)v 

donde “k” y “C” son constantes que dependen de la forma y dimensiones de la punta, del signo del campo y de otros parámetros.

 

SAN ELMO DE LA MONTAÑA 

Camille Flammarion relata en su libro “The Atmosphere” (12) un caso interesante acerca de los fuegos de san Elmo en las montañas, del que es autor el célebre naturalista francés Ferdinand de Saussure. En 1867 estuvo con varios compañeros en una cumbre en los Alpes, de más de tres kilómetros de altura. 

“Los que habían realizado la escalada acababan de dejar junto a una peña sus bastones con conteras de hierro y se disponían a comer, cuando Saussure sintió en los hombros y en la espalda un dolor, que parecía estar producido por agujas que se le hincaran lentamente en el cuerpo. Suponiendo –dice Saussure– que en mi capote habían caído alfileres, me lo quité, pero no sentía alivio sino, por el contrario, el dolor se hizo más intenso y se extendió a toda la espalda, desde un hombro a otro; este dolor iba acompañado de cosquilleo y de pinchazos dolorosos, como si por mi piel anduviera una avispa y la llenara de picaduras. Después de quitarme rápidamente mi segundo abrigo, no encontré nada que pudiera producir esta afección. El dolor proseguía y empezó a parecerse a una quemadura. Pensé que se había inflamado mi jersey de lana. Estaba ya dispuesto a desnudarme, cuando me llamó la atención un ruido parecido al abejorreo. Este ruido procedía de nuestros bastones apoyados en la peña; era semejante al ruido que hace el agua caliente en vísperas de arrancar a hervir. Todo esto duraría unos cinco minutos.

 

Comprendí entonces que la sensación dolorosa era debida al flujo eléctrico procedente de la montaña. Sin embargo, como era de día, no vi ningún resplandor en los bastones. Estos producían el mismo ruido agudo cuando, teniéndolos en la mano, dirigíamos las conteras de hierro hacia arriba, hacia abajo y horizontalmente. Del suelo no salía ningún sonido.

 

Al cabo de algunos minutos sentí que se me erizaban los pelos de la cabeza y la barba, parecía que me estaban pasando una navaja de afeitar seca por la barba fuerte y crecida. Mi joven ayudante gritó que se le erguían los bigotes y de la parte superior de sus oídos emanaban fuertes corrientes. Al levantar la mano sentí cómo la corriente salía de mis dedos. En una palabra, la electricidad emanaba de los bastones, de las ropas, de los oídos, de los pelos, de todas las partes salientes del cuerpo.

 

Abandonamos rápidamente la cumbre de la montaña y descendimos unos 100 metros. A medida que íbamos bajando, nuestros bastones emitían cada vez un sonido más débil; por fin el sonido se hizo tan sordo, que sólo podía oírse llevándose el bastón al oído” 

Yákov Isidórovich Perelmán presenta otros casos interesantes de aparición de los fuegos de san Elmo en su libro “Problemas y experimentos recreativos” (13). 

“La emanación de electricidad de las peñas prominentes se observa con frecuencia cuando el cielo está cubierto de nubes bajas que pasan a poca altura de las cumbres. 

“El 10 de julio de 1863, Watson y varios turistas más, ascendieron al puerto de Jungfrau (en los montes suizos). Hacía una mañana magnífica, pero ya cerca del desfiladero, los viajeros tuvieron que aguantar un viento fuerte con pedrisco. Se oyó el horrísono bramar del trueno, y poco después Watson percibió un sonido silbante procedente de su bastón; este sonido era parecido al de un calentador en que se inicia la ebullición. Los viajeros se detuvieron, y notaron que sus bastones y hachas emitían el mismo sonido y no dejaron de sonar ni después de clavar uno de sus extremos en tierra. Uno de los guías, que se quitó el sombrero, comenzó a gritar que le ardía la cabeza. Y, efectivamente, sus cabellos estaban erizados como si los tuviera electrizados. Todos experimentaban sensación de cosquilleo en la cara y en otras partes del cuerpo. Watson tenía los cabellos completamente en punta. En los extremos de los dedos, cuando los movíamos en el aire –dijo Watson–, se oía el silbido eléctrico”. 

El siguiente es un reporte de un piloto de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, que apareció en el Informe Condon, Capítulo 7, Sección 8 (14), que habla de los fuegos de san Elmo pero se detiene en la descripción de las centellas en aviones en vuelo: 

“Las centellas más pequeñas siempre las asocio con el fenómeno conocido como fuegos de san Elmo. Sin embargo, el fuego de san Elmo consiste generalmente en una especie de tela blanca que cubre los extremos de los aviones. No es muy brillante ni cegadora, pero sí irrita los ojos y evita una buena recepción de radio. La ‘bola pequeña’ varía de tamaño desde cinco centímetros a 46 cm de diámetro y generalmente ‘rueda alrededor’ del avión sin verse afectada por su movimiento. En una ocasión una bola pequeña (de unos 15 cm de diámetro) de color blanco amarillento, se formó en la punta de mi tanque izquierdo, de mi F-94B, y luego rodó por el ala, subió por la carlinga, cruzó el ala derecha hasta el otro tanque y de ahí comenzó el trayecto inverso. Por un momento la dejé de observar, pero mi copiloto me dijo que había desaparecido espontáneamente, tal y como había llegado. Yo había visto este tipo de fenómenos varias otras veces, pero nunca por un período de tiempo tan prolongado. Estimo que este episodio tendría una duración de unos dos minutos. Algunas veces las bolas son azules, azul verdoso o blancas, pero hay más azul verdosas y blanco amarillentas. Podría interesarle que después del paso de la bola sobre mi avión, éste fue golpeado por tres ocasiones por relámpagos convencionales, los cuales fundieron unos 10 cm del extremo de los depósitos y soldaron otros 10 cm de la sección que cubre mis luces de cola”. 

Thomas Bowen, un estudiante de postgrado de la Universidad de Colorado estaba escalando el Chimborazo, una montaña aislada en Ecuador, cuando tuvo una experiencia similar. En el Informe Condon también aparece este relato. 

La montaña es en realidad una meseta con un diámetro de unos 400 metros y una altura de seis mil 266 metros sobre el nivel del mar. Él y su compañero dejaron el campo, a cinco mil 700 metros, la mañana del 1 de marzo de 1968. A las 10 a.m. se comenzaron a formar nubes en la cresta, y empezó a caer una pequeña cantidad de granizo. Cuando alcanzaron la meseta, entre las 2 y 2.30 p.m., ésta se encontraba completamente nublada. Justo cuando comenzaron a tomar las tradicionales fotografías, el granizo comenzó a caer más fuerte.  

Repentinamente sintieron una extraña sensación en sus cabezas, que describieron como descargas eléctricas acompañadas de sonidos y zumbidos. Sus goggles de aluminio comenzaron a vibrar, y su cabello se paró en punta. Los deportistas se hundieron en la nieve y esperaron. La tormenta se oía a la distancia. Pronto se dieron cuenta de que en cuanto sacaban la cabeza del refugio, regresaban los efectos eléctricos. Parecía como si tuvieran una capa que los oprimiera. Después de esperar por media hora, se arrastraron sobre sus estómagos durante una hora y media, hasta recorrer la totalidad de los 400 metros y poder bajar por la pendiente. Después de descender 60 metros, encontraron que, finalmente, se podían poner de pie. En este momento la caída de granizo y los sonidos de la tormenta habían cesado. 

Fue por estas características que el fuego de san Elmo era considerado como un maleficio satánico o como un aviso para que los marinos se precavieran sobre la inminencia de la tormenta (15). 

En muchos casos de modernos encuentros cercanos, los testigos han mencionado esa especie de “campo electromagnético”, la sensación de enfrentarse a “energías desconocidas”. Se habla del famoso “efecto electromagnético” que produce interferencias en aparatos eléctricos e, incluso, llega a detener automóviles. Qué podemos decir de los supuestos abducidos que mencionan cómo su cuerpo es perforado por minúsculas agujas, con las que los extraterrestres los inspeccionan, a la vez que les implantan objetos desconocidos para monitorear sus movimientos. No olvidemos, tampoco, las luces como parte esencial del fenómeno san Elmo y que bien se pueden asimilar a la iconografía ufológica.  

Están, también, los efectos de parálisis que bien pueden ser confundidos con los síntomas que presenta una persona expuesta a intensos campos eléctricos. Y recordemos que Michael Persinger ha señalado la importancia de estos campos en la formación de visiones o alucinaciones provocadas por la estimulación del lóbulo temporal. Finalmente mencionemos que muchos cultos ufológicos y otros tantos de la nueva era, acostumbran “cargar las pilas” en lugares elevados como montañas y pirámides. Para estos adoradores de lo desconocido podríamos tener una recomendación: en lugar de ir a Teotihuacán el 21 de marzo, inténtenlo en cualquier montaña elevada, solitaria y sin árboles en una época del año que vaya de finales de mayo a finales de octubre. Si no se “cargan de energía” por el efecto corona, con suerte, podrían recibir la descarga de un rayo que los enviaría directamente a “otros niveles”. 

Otro consejo para personas más cuerdas: cuando en la montaña sienta la presencia de electricidad estática o vea algún fenómeno tipo san Elmo, descienda rápidamente o busque refugio. Todo indica la proximidad de una tormenta, que puede presentarse entre media hora y dos horas después. No trate de tener un “encuentro cercano” ni “cargarse las pilas”. 

Sin salirnos del aspecto ufológico del fuego de san Elmo tendríamos que mencionar que las famosas “Luces de Marfa” también fueron explicadas como una descarga en corona por Kahl y Curt Laughlin, este último superintendente del observatorio McDonald, cercano al lugar (16). 

No cabe duda que los fuegos de san Elmo son un fenómeno desconcertante que ha dado lugar a infinidad de leyendas.

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NOTAS 

(1) Shakespeare, William. “Obras completas, La Tempestad”. Planeta Agostini. 1990.

(2) Quevedo González, Óscar. “¿Qué es la parapsicología?”. Colección Esquemas No. 98. Editorial Columbia. Séptima edición. Buenos Aires. 1973. Pps. 50-51.

(3) Harrison, Michel. “Fuego en el cielo”. Ediciones Martínez Roca. Colección Fontana Fantástica. Barcelona. 1980 . Pps. 49-50.

(4) Loeb, Leonard. “Electrical coronas. Their basic physical mechanisms”. University of California Press. 1965.

(5) Robiou, Sebastián. “Posibles ambigüedades sobre OVNIs”. “Stendek”. Año IV. No. 13. Junio de 1973. Pps. 18-21.

(6) Coffman, John y Browne, William. “Corona chemistry”. “Scientific American”. Junio de 1965.

(7) Klass, Philip. “Plasma theory may explain many UFOs”. “Aviation Week and Space Technology”. Vol. 75. No. 23. 22 de agosto de 1961. Pág. 52.

Klass, Philip. “Many UFOs are identified as plasmas”. “Aviation Week and Space Technology”. Vol. 75. No. 23. 22 de agosto de 1961. Pág. 52.

Klass, Philip. “UFOs: Identified”. Random House. Nueva York. 1968.

Klass, Philip. “UFOs: Explained”. Random House. Nueva York. 1974.

Klass, Philip. “Letter”. “Astronautics and aeronautics”. Octubre de 1975. Pág. 4.

Klass, Philip. “UFOs. The public deceived”. Prometheus Books. Nueva York. 1983.

(8) Hourcade, Milton. “Fenómeno OVNI desafío a la Ciencia”. Ediciones de la Plata. Colección Periodismo y Testimonio. Montevideo. 1978.

(9) Barthold, O. y Pfeiffer, G. “High voltage transmissions”. “Scientific American”. Mayo de 1964.

(10) Debye, Peter y Hückel, Walter. “Physikalische Zeitschrift”. No. 24. 1923. Pps. 185 y 305.

(11) Tverskoi, N. “Physics of the atmosphere. A course in meteorology”. NASA Technical translation. NASA TT F-288. NTIS; Sprinfield. Va. 1965.

(12) Flammarion, Camille. “The Atmosphere”. J. Glaisher (ed.). Harper and Brothers. Nueva York. 1874.

(13) Perelmán, Isidórovich. “Problemas y experimentos recreativos”. Editorial MIR. Segunda edición. Moscú. 1983. Pps. 104-105.

(14) Altschuler, Martin. “Atmospheric electricity and plasma interpretations of UFOs”. Sección 8. En Condon, Edward. “Scientific Study of Unidentified Flying Objects”. Capítulo 7. Dutton. Nueva York. 1969.

(15) Morales, Juan José. “Mitos y leyendas del mar”. Editorial Posada. Colección OMNIA. México. 1984.

(16) Mulholland Derral. “What are those lights?”. “Science 84”. Vol. 5. No. 2. Marzo de 1984. Pág. 32 

BIBLIOGRAFÍA 

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- De Ritis, Beniamino. “Ortona”. Rome. T. Aquino. 1925. (Algunas páginas sobre la llamada “Lume di San Tommaso”, un “meteoro” extraño que se ve en ocasiones sobre la iglesia de Ortona, en el mar Adriático, desde el siglo XIII).

- Felici, Maria Luisi. “Alla scoperta dei fuochi di Sant'Elmo”. “Il Giornale dei Misteri”. Florencia. Tedeschi. No. 351. Enero de 2001. Pps. 25-26.

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- Mohr. “Beobachtung eines St. Elms-Feuers”. “Annalen der Physik und Chemie”. Leipzig. vol. XXXIV. 1835. No. 2. Pps. 370-373.

- Morr, T. “Curious electric phenomenon”. “Nature”. 1 de julio de 1880. Pág. 193.

- Napoletano, Raffaele. “I fuochi di Sant’Elmo. Studio critico”. Nola. Tipografia Rubino. 1932. Pág. 78.

- Ossola, Franco. “Dizionario enciclopedico di ufologia”. Milano. SIAD. 1981. Volume 1. “Fuochi fatui” y “Fuochi di Sant'Elmo”. Pps. 399-401.

- Pietro (Colonna), Galatino (OFM). “De arcanis catholice veritatis, impressun in Orthone maris, XV februari 1518 apud Hyeronimus Soncini”. (En el colofón, en una nota del editor, el tipógrafo judío Hyeronimus Soncini documenta por vez primera las luces misteriosas de Ortona, en la costa del Adriático. Es “Il lume di San Tommaso” que se dice se ve sobre la catedral de Ortona, especialmente durante las tormentas.).

- Piper, Ferdinand. “Das St. Elmsfeuer”. “Annalen der Physik und Chemie”. Leipzig. Vol. LXXXII. 1851. No. 2. Pps. 317-326.

- Saint-Laurent, France. “Effet couronne et décharges electro-atmospheriques”. “The Journal of Meteorology”. Inglaterra. Vol. 16. No. 161. Septiembre. 1991. Pps. 238-241. (Luces recurrentes vistas por observadores cualificados en Quebec en 1988-89 relacionadas con descargas atmosféricas, e. d. fuegos de san Elmo)

- Tomlinson, Charles. “Atmospheric electricity”. “Nature”. Vol. 40. Pág. 102. 30 de mayo de 1889.

- Traill, William. “St. Elmo's fire seen in Orkney”. “Edinburgh New Philosophical Journal”. 23:220. 1837.

- Traill, William. “St’Elmo’s fire seen in Orkney”. Franklin Institute. Journal. 24:362. 1837.

- Van der Pohl, Balthasar. “Bead-Corona on Radio Antenna”. “Nature”. Vol. 130. No. 3287. 29 de octubre de 1932. Pág. 662.

- Watt, A. “Electric Phenomenon”. “Nature”. Vol. 32. 1885. Pág. 316.

- Zibra, Ernst von. “Elsmsfeuer und Erd-Erschütterungen in Franken”. “Annalen der Physik und Chemie”. Leipzig. Vol. XXXXVI. 1839. No. 4. Pps. 655-658.

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Busto en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles. Julio César reportó haber observado fuegos de san Elmo durante la guerra de las Galias.

 

 


Retrato de Magallanes en la Torre de Oro, Sevilla. El marino fue otro de los testigos del fenómeno eléctrico, durante su viaje de circunnavegación al mundo.


Museo de la Marina de Lisboa. Cristóbal Colón.


Alvar Núñez Cabeza de Vaca


Science Museum de Londres. Roger Bacon


Charles Robert Darwin, en una fotografía de 1860. El naturalista inglés vio el fenómeno durante su famoso viaje por el Beagle.


El famoso experimento de Benjamin Franklin que daría lugar a la invención del pararrayos y a la posterior comprensión del fuego de san Elmo como un fenómeno electromagnético.


Retrato de Herman Melville por A. W. Twitchell, 1847. En su famosa novela “Moby Dick” relata un episodio de corpo santo.

 

 

 


Ilustración de principios del siglo XX que muestra unos marinos tratando de arriar las velas durante una tormenta. En el extremo aparece una “Luz de Pedro” o Cozmozant (fuego de san Elmo).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Efecto corona, mejor conocido como fuego de san Elmo, en líneas de alta tensión.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Philip Klass inició su carrera de escéptico profesional explicando los avistamientos de New Hampshire como producto del efecto corona sobre las líneas de alta tensión. Aquí aparece besando a un alienígena.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


El doctor Condon también se ocupó de los fuegos de san Elmo, a través del doctor Altschuler, como posible explicación para algunos casos de OVNIS.

 

 

 

 

 

 

 

 


La electricidad estática que se forma en días de tormenta y sobre las montañas puede, literalmente, poner los pelos de punta.

 

 

 

 

 

 


Una de las pocas fotografías que se conocen de las esquivas “luces de Marfa”.

 

 

 

 

 

 

 


El doctor Martin D. Altschuler, físico de plasmas, fue el encargado de redactar el Capítulo 7, sobre electricidad atmosférica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


El naturalista y lingüista francés Ferdinand de Saussure tuvo un “encuentro cercano” con un fuego de san Elmo.


Camille Flammarion relató varios episodios de fuegos de san Elmo en su célebre “The Atmosphere”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Michael Persinger es el científico que más ha estudiado los fenómenos lumínicos “anómalos”.

 

 

 

 

 

 

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