Dibujos


Rinoceronte

Desde muy niño Fernando Calderón encontrará una enorme facilidad para el dibujo. La visión de las pinturas de Altamira y las láminas de la Capilla Sixtina espolean al todavía niño y acrecientan ese don natural. Su contacto con otros artistas y con el mundo académico le incitan a ir perfeccionando su talento y su increíble sed de saber sobre el hombre, el mundo, los animales y las cosas hacen que todo aquello que llama su atención termine plasmado en el papel, con el lápiz, el carboncillo, los negros mugrientos para calafatear barcos, cualquier cosa era buena para trazar sus ideas, para desarrollar lo que su imaginación detectaba. Un dibujo fue su primer premio y dibujos en su mayor parte son las últimas obras de su vida como artista.

Solana


Retrato de Solana

En sus memorias nos habla de las diferentes influencias recibidas, pero, sin duda, es de José Gutiérrez Solana (Madrid, 1886-1945), de quien mayor impacto se desprende que recibió como artista. Primero por las obras que estaban en su casa y que tenía oportunidad de mirar y remirar cada día. Segundo por la personalidad del mismo Solana que se preocupaba de transmitirle incansablemente el mensaje de la perseverancia en el trabajo y el aprendizaje, aunque él confesara sentirse agobiado por tales manifestaciones.

Roma


El artista en Roma (1951)

Para un joven cuya formación hasta la pubertad estuvo en el entorno creado por sus padres, en el que la imaginación y los juegos se prolongaron por muchos años después de la niñez, salir de ese ámbito y el del propio país tuvo que resultar una experiencia única, donde la libertad como ser humano y el descubrimiento del arte que siempre había admirado se encontraban al alcance de su mano. De otro lado la madurez como hombre y tener sus primeras experiencias sexuales debieron dejar una enorme huella en el hombre y artista. No extraña pues leer de sus labios que Roma sea para él “mi casa, el lugar al que pertenezco”.

Murales

El auténtico espacio vital como creador está en los murales para Fernando Calderón, es donde se siente libre y donde sabe expresar ese concepto del espacio y la composición que le caracteriza como artista. Es también en este ámbito donde se ve más claramente la enorme influencia de la pintura de Miguel Ángel.

Loeches 1958-1962


Mural de Loeches

El Duque de Alba, Jacobo Fitz James Stuart Falcó, había conocido a Fernando Calderón en Santander y admiraba sus facultades artísticas, es por ello que en 1953 le escribiera para pedirle un bosquejo para sustituir las pinturas de Rubens en la Iglesia del Convento de las Dominicas de Loeches, las cuales habían desaparecido con la invasión francesa. Poco después falleció el Duque, pero gracias a las conversaciones que se mantuvieron entre la Casa de Alba y el padre de Fernando, el encargo llegó a buen puerto.

El mural que se desarrolló representa la figura de Santo Domingo de Guzmán – por cierto, conseguida por medio de descripciones del santo, ya que no se disponía de ninguna imagen - en una perspectiva ancha, alta y profunda en la que se rodea de casi cien figuras de tamaño mayor al natural. En la parte inferior hay 17 retratos de los más relevantes componentes de la Casa de Alba, varios personajes de la orden dominicana, un retrato de Paco Cossio, Ramón Calderón y un autorretrato del autor. Fernando consideraba una pérdida de tiempo inventar rostros cuando ya tenía a mano rostros conocidos.

En este periodo de tiempo tuvo oportunidad de retratar a muchos de los miembros de la Casa de Alba, entre ellos a Cayetana.

Retratos


Retrato de José Hierro

Si magistral ha sido su pintura mural, el retrato en Calderón es una muestra de su ingenio y grandes dotes psicológicas. De esta actividad él siempre dijo estar muy satisfecho de los retratos de S.M. D. Juan Carlos I y de José Hierro, seguramente por la espontaneidad del trazo y la extraordinaria viveza de la expresión. Se pueden contar por cientos y aunque hay memoria escrita de ellos, sería prolijo el detallarlos aquí y ahora. Sólo se puede decir que desde altos dignatarios a personajes populares, las manos de Fernando Calderón han dejado un amplio muestrario del saber hacer en una faceta de su arte en la que no se encontraba cómodo, porque le limitaba en el tema, en la forma y las dimensiones.

Ícaro en Urantia


Sirio

Sin duda la colección Ícaro constituye por si misma una faceta diferente del artista, por su temática, por la libertad de acción en sus contenidos y primordialmente por representar una de sus viejas inquietudes, la de la vida en otros planetas y todo lo que ello ha supuesto para nuestra sociedad.

Esta colección encuentra sus antecedentes en los muchos dibujos que plasmaron sus inquietudes sobre vehículos, técnicas de propulsión, entes y formas, dibujos llenos de notas. Otras veces fueron sus incursiones espontáneas en casos concretos como el de El Condesito a instancias de Manuel Osuna, los primeros esbozos y los murales del Aeropuerto de Santander con la figura de Ícaro y del platillo, pero la verdadera razón estuvo en la intervención de su íntimo amigo Julio Arcas. Él fue quien le animó a crear una colección de esta magnitud y naturaleza como un viaje por el mito moderno de los no identificados, que luego desde Fundación Anomalía impulsamos para su exposición pública en los salones de Caja Cantabria en 1999. Fue una última etapa creativa muy íntima que hoy constituye el germen de los fondos pictóricos que el museo dedicado a su nombre albergará.