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Reivindicadas las fotos de Rex Heflin

Luis R. González Manso


En el número correspondiente al Invierno de 2000, el Journal of Scientific Exploration incluye un extenso trabajo firmado por Ann Druffel (conocida ufóloga estadounidense), Robert M. Wood (científico aeroespacial famoso en los ambientes ufológicos por sus análisis en defensa de los documentos "Majestic 12") y Eric Kelson (experto en tratamiento de imágenes por ordenador) donde presentan sus consideraciones sobre una famosa serie de fotografías cuyos originales han salido de nuevo a la luz treinta años después.

El caso

   
Primera de las fotos tomadas por Rex Heflin
Segunda fotografía
Foto número 3
Cuarta fotografía
El 3 de agosto de 1965, sobre las 12:30 horas (PDT), Rex Heflin, de 38 años, estacionaba su camioneta a poco más de 2 kilómetros del perímetro de la base naval de El Toro, cerca de la ciudad de Santa Ana (California). Algunas ramas de un árbol tapaban parcialmente una señal de paso a nivel y Heflin, en su calidad de ingeniero encargado del mantenimiento viario del condado de Orange, se detuvo a fotografiarlas. Intentó comentar la situación con su supervisor a través de el radiotransmisor del coche, pero éste no funcionaba.

Todavía en el interior de la cabina, se disponía a fotografiar la señal con su cámara Polaroid modelo 101, cargada con una película de 3000 ASA, cuando notó de reojo a su izquierda algo moviéndose. Al mirarlo mejor pudo ver que se trataba de una extraña nave plateada y con forma de sombrero de paja que cruzaba lentamente sobre la carretera de izquierda a derecha, a unos 50 metros de altura y a unos 200 metros de distancia. Rápidamente disparó su cámara, obteniendo la primera foto a través del parabrisas delantero. La nave siguió su trayectoria con un cierto bamboleo, revelando una panza de color oscuro de la que parecía salir un rayo de luz rotatorio de color verdoso. Tomó entonces la segunda fotografía por la ventana del pasajero. El objeto siguió alejándose, pero aún tuvo tiempo de disparar una tercera vez, antes de que aumentase su velocidad y altura perdiéndose sobre la autopista de Santa Ana. Todo el avistamiento había durado apenas 20 segundos. La nave dejó tras de sí un anillo como de humo que Heflin fotografiaría, tras acercarse más al lugar con su camioneta.

Pensando que se trataba simplemente de algún prototipo experimental, Heflin volvió a su trabajo notando que el radiotransmisor volvía a funcionar. Sin embargo, no mencionó nada de lo ocurrido hasta la tarde cuando se reunió con algunos compañeros de trabajo. Éstos empezaron a pedirle copias y algunas de ellas llegaron a manos del periódico local, el Santa Ana Register, que las publicaría el 20 de septiembre, seis semanas después de ocurridos los hechos, sin pedir permiso al autor ni pagarle nada.

Sin embargo, antes de su publicación en prensa, el caso ya había llegado a conocimiento de los militares (quizá por las gestiones del propio periódico). Tanto la Marina como la Fuerza Aérea entrevistaron al testigo durante varias horas, le solicitaron los originales (sólo de las tres primeras fotos, pues el testigo había decidido no mostrar más la foto del anillo de humo con el argumento de que "tres fotos eran bastantes para un día") y tras realizar las copias oportunas se las devolvieron sin problemas.

También uno de los grupos ufológicos privados más importantes de la época (el NICAP) había tenido noticias de lo ocurrido antes de la publicación de las fotos y ya el 18 de septiembre, el ingeniero Edward Evers obtuvo una declaración firmada del testigo.

Sin embargo, el propio día en que aparecieron en el periódico local las fotografías, Heflin asegura haber recibido la llamada de una persona que, identificándose como coronel del NORAD, concertó una cita con él para dos días más tarde, recomendándole que no siguiese hablando con la prensa. En la noche del 22 de septiembre, dos personas que exhibieron unos carnets sin foto similares a los empleados por sus visitantes militares anteriores, se presentaron en su casa, le solicitaron los tres originales... y Heflin nunca más volvió a verlos.

Pese a los esfuerzos del propio testigo, del NICAP y del propio congresista del condado, la identidad de esos "hombres del NORAD" sigue siendo un misterio 35 años después.

Los análisis

En base a las copias que pudieron salvarse, las imágenes fueron sometidas a diversas comprobaciones.

Los investigadores del Proyecto Libro Azul de la Fuerza Aérea estadounidense, tras filmar una maqueta en condiciones similares, aseguraron que se trataba de un fraude, en contra de la opinión del capitán Reichmuth quien, tras entrevistar al testigo en persona, afirmaba en su informe: "Según todas las apariencias, el testigo no está intentando perpetrar ningún fraude".

El famoso investigador y físico atmosférico Dr. James E. McDonald se interesó por el caso en marzo de 1967. Aunque llegó a considerarlo "uno de los 100 mejores casos", mantenía sus dudas porque la cuarta fotografía mostraba abundantes nubes, no visibles en las tres fotografías precedentes. Por su parte, el equipo de expertos del NICAP entendía que la diferencia podría deberse al mecanismo de la cámara, considerando que las primeras fotografías fueron tomadas desde dentro del vehículo mientras que la cuarta lo había sido desde el exterior, a plena luz del día.

Un curioso problema es que aunque todos los carretes Polaroid llevan impresos unos códigos numéricos en el dorso de cada foto (permitiendo así verificar la secuencia en que son tomadas las instantáneas y comprobar si falta alguna), los originales del Heflin no incluían tales códigos. Finalmente se pudo comprobar que ese tipo de película de 3000 ASA utilizada en todas las cámaras del departamento donde trabajaba Heflin se fabricaba efectivamente sin códigos secuenciales. ¡Qué oportuna casualidad!

Aunque la mayoría de los investigadores privados defendían la verosimilitud del caso, a mediados de la década de los 70 entraría en juego el Ground Saucer Watch. Dirigido por William Spaulding, el grupo estaba especializado en el análisis fotográfico por ordenador, muy novedoso en aquella época, y fue recibido con entusiasmo por la comunidad ufológica que esperaba disponer así de un instrumento incontrovertible para distinguir las fotos falsas de aquellas otras que presentasen auténticos OVNIs.

Tras obtener de una fuente no especificada copias de las tres fotos, Spaulding aseguró haber encontrado un "hilo" que sujetaría el supuesto objeto, por lo que afirmaba tajantemente que se trataba de un fraude.

Las fotografías reaparecen

Y así habrían quedado las cosas de no ser por dos motivos.

Uno general. Con el paso del tiempo, los análisis del GSW (organización ufológica que desapareció pocos años más tarde) han sido puestos en entredicho repetidamente. Los supuestos "hilos" que aparecían en muchas de las mejores fotos OVNI que ellos descartaban como fraudes han desaparecido bajo las nuevas y mejores técnicas de análisis informatizado, dejando una situación muy confusa. Merecedora, desde luego, de un próximo y detallado artículo.

Otro, más específico. Rex Heflin siguió trabajando para el departamento de Obras Públicas del condado de Orange durante 15 años más. Eventualmente, tras tres décadas de trabajo en las carreteras de la zona, Heflin desarrolló una grave enfermedad debida a la acumulación de plomo en la médula ósea, lo que le obligó a retirarse en 1985. Sin embargo, su enfermedad no es reconocida como profesional, lo que excluye su tratamiento gratuito, y Heflin se vio obligado a hacer frente a sus crecientes facturas médicas con su magra pensión.

Según asegura, un día de 1993, mientras Heflin descansaba en su casa, sonó el teléfono. Una voz de mujer le preguntó si había recibido correo, cortando la comunicación antes de que pudiera responder. Decidió comprobar su buzón, pero estaba vacío. Media hora más tarde, la misma mujer volvió a llamar y formularle la misma pregunta. Esta vez, al examinar su buzón, apareció un sobre sin sellos ni direcciones y en su interior, ¡las tres fotos Polaroid perdidas! Las fotos se conservaban en muy buenas condiciones considerando su antigüedad.

La situación de Heflin era delicada. Recientemente había dejado de recibir su pensión porque el condado estaba en bancarrota. Afortunadamente, la noticia de la recuperación de las fotos llegó pronto a la comunidad ufológica y Druffel (quien ya había intervenido en la investigación original) contactó con el testigo. Éste, deseando preservar los originales para el futuro, los confió a Ann Druffel, y en justa contrapartida, ella le ofreció 850 dólares (en torno a las 160.000 pesetas, algo realmente simbólico) como colaboración amistosa, nunca como una compra formal.

Resultados de los nuevos análisis

En opinión del trío Druffel-Wood-Kelson, los análisis, que han podido hacerse con las más modernas técnicas disponibles en la actualidad, han permitido descartar totalmente la presencia de ningún hilo en las fotos. Asimismo, las condiciones de luminosidad, brillo, etc. parecen consistentes con las declaraciones del testigo y se confirma que la cuarta fotografía fue realizada con el mismo fondo nuboso que las demás.

Asimismo parece haberse hallado en la tercera fotografía una estela nubosa emitida por el OVNI que permitiría relacionarla inequívocamente con el anillo de humo captado en la cuarta fotografía de la serie.

Sin embargo, pese al tiempo transcurrido desde la reaparición de los originales, no ha sido todavía posible establecer el tamaño y la distancia del objeto, por lo que no puede descartarse el empleo de alguna maqueta lanzada al aire.

Si a ello añadimos las misteriosas circunstancias que rodearon la desaparición de los originales (justo cuando el caso había alcanzado la luz pública y se intensificaba la presión de los investigadores) y su posterior reaparición (justo cuando el testigo se encuentra con graves problemas financieros, y de manos de una misteriosa mujer no identificada), junto al devaluado prestigio de sus actuales analistas, personalmente no me apresuraría a restablecer la honorabilidad del testigo y de sus fotografías.

Esperemos que sus actuales propietarios cumplan con su compromiso y faciliten el acceso de investigadores más imparciales a los originales (digitalizados o no).



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