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La generosidad de la familia Calderón

La breve historia que vamos a narrar comienza en 1996. Por aquel año, Fernando Calderón, pintor cántabro de renombre y uno de los mejores artistas que ha dado esta tierra, andaba porfiando sobre nuevas creaciones, en esta oportunidad, reflexionando sobre temas de su particular interés. Pintor de estilos “Da Vincianos”, comenzó a elaborar una notable colección de dibujos, collages y de técnicas mixtas, de gran formato, donde plasmaba sus más imposible sueños. Por sus rápidas y certeras manos, desfilaban astronautas, naves espaciales, interpretaciones históricas de fenómenos aéreos, cosmologías y un sin fin de elementos de esa mitología moderna que hoy denominamos “ovnis”.

Así, en los tres primeros años de intensa dedicación, el mundo se fue poblando de historias, de leyendas, de observaciones y de reinterpretaciones de la “historia sagrada”. La famosa “visión del profeta Ezequiel” fue trasladada a un muestrario tecnológico bien actual mediante una serie compuesta de varias obras que explicaban los misteriosos párrafos narrados por el profeta hebreo. Así apareció también el símbolo de esta colección sin par, el vuelo del mitológico ÍCARO, que desde una posición privilegiada observa el devenir de los hombres. Así también, nació la primera exposición de esta singular obra que organizada por Fundación Anomalía, tendría lugar en Santander, en el mes de junio de 1999 y bajo los auspicios de la Caja Cantabria.


  De izquierda a derecha vemos a Bea, Fernando, Bianca, Marly Kuenerz (primera esposa de Fernando) y Bruna, ante la atenta mirada de Pancho Villa y Emiliano Zapata que conversan en una de las obras notables del gran pintor cántabro Fernando Calderón.

Fernando siguió trabajando en esta que sería su última muestra artística, del gran creador que era, y del ser humano interesado por las cosas de su mundo, porque como Paul Eluard pensaba que, “había otros mundos pero estaban también en éste”. Casi hasta el último momento en que la cruel enfermedad se lo permitió, estuvo aportando, sacando de las tinieblas nuevas obras y enriqueciendo ÍCARO de un modo sorprendente. Más de cien cuadros de diverso formato y técnica, componen lo que denominamos hoy colección ÍCARO y ellos dan cuenta de que nos encontramos ante uno de los grandes pintores y dibujantes de nuestro país.

Al compás del nacimiento de ÍCARO surgió también la idea, el proyecto novedoso e inusitado para la tierra de Cantabria, de poder disponer de un Museo que recogiera especialmente esta colección y fuera enriqueciéndola con otras obras del pintor que ayudasen a comprender su enorme calidad como artista, creador y ser humano.

Como en tantas cosas, todo parte de algo tan valioso como es la amistad y el enorme cariño que desde el principio sentimos por Fernando y su familia. Les expusimos el proyecto, intentar la materialización de un museo y centro documental donde estuviera recogida su obra ÍCARO, su trabajo de tantos años en el mundo pictórico y sus intereses, a través de libros, correspondencia, colecciones y mil y un detalles que explican su compleja figura.


  En la imagen aparece Juan Calderón Sáenz de Buruaga, en el momento de la firma de su donación. (Fotografías: María Antonia Álvarez)

En 2003 la Fundación planteó, en su reunión anual, celebrada en Madrid, el proyecto ÍCARO, presentado por dos de sus patronos, Julio Arcas Gilardi y José Ruesga Montiel, amigos ambos de Fernando Calderón y deseosos de hacer algo por su memoria. El proyecto fue aceptado y con el aval del patronato se comenzó una amplia elaboración del mismo. Un año después fue presentado a la familia Calderón, que lo acogieron con el cariño y amistad que todos nosotros pensábamos. Tiempo de intercambio de ideas y de sueños. Tiempo fructífero que finalmente se ha materializado en un primer paso, sumamente importante para nosotros y que demuestra la enorme confianza y generosidad que tienen sus herederos, sus cinco hijos: Bianca, Bruna, Bea, Fernando y Juan, para estos gestores del proyecto ÍCARO. Tal generosidad se ha materializado recientemente, (para la pequeña historia el pasado día 28 de Agosto en la localidad de Puente Agüero –Cantabria-) , en la donación, a la Fundación Anomalía, de toda la colección ÍCARO, compuesta inicialmente por ciento tres obras, para constituir el núcleo central del futuro, y esperamos que pronto, Centro ÍCARO-Museo Fernando Calderón.

Como dato que refrenda la importancia material de este increíble gesto de generosidad, diremos que la colección ÍCARO está valorada en 25 millones de pesetas, que sería lo de menos frente al incalculable valor artístico y humano que tiene este último trabajo de uno de los componentes de esa saga familiar, la de los Calderón, de la que es uno de sus principales exponentes. Nos gustaría que Fernando estuviera con nosotros materialmente para disfrutar de este momento. Gracias a su familia y gracias también a Fernando por habernos dejado este impagable legado.


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