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Alerta OVNI: superstición platillista

Ricardo Campo Pérez

La historia de la creencia platillista en España cuenta desde hace unos meses con un par de episodios destacados en su ya larga trayectoria de absurdos, infundios, y esporádicos momentos divertidos. A los primeros pertenece la alerta ovni convocada por el programa de radio Milenio 3 de la SER el 25 de junio de 2004, comandada por Iker Jiménez; al segundo grupo el proyecto Magonia, una alternativa lúdica a la alerta que el periodista científico Luis Alfonso Gámez puso en marcha en su blog homónima (http://magonia.blogspot.com) con el apoyo de algunos escépticos.


  Alerta OVNI en Los Monegros (2003). Imagen cortesía SEIP.

La alerta ovni, o "noche de observación", consistió en lo que consisten siempre estas propuestas: en reunirse en uno o varios lugares un numeroso grupo de creyentes en los platillos volantes a esperar que aparezca alguna nave interplanetaria pilotada por seres inteligentes alienígenas, apoyados por un programa radiofónico a la búsqueda de audiencia y publicidad. Esto es una alerta ovni, aunque luego se intentara disfrazar de "noche astronómica" y se usaran telescopios caseros para ver las nebulosas o los planetas. Arropando este escenario, el espíritu pseudo-romántico de los participantes, en el que se dan cita lo alternativo y lo misterioso, y la búsqueda de experiencias personales como criterio implícito de validez de estas cursiladas.

El proyecto Magonia pretendió reeditar el proyecto Iván, que a través de la sensibilización previa en la prensa consiguió que el público asistente a una alerta ovni a principios de 1979 confundiera con un platillo volante lo que no era más que los faros de un coche y otras luces en una montaña de la localidad vasca de Irún. Quedó probada la escasa fiabilidad de los que afirman haber visto luces de origen desconocido, y cómo influyen las creencias previas y el deseo de ver donde no hay.

Pero Magonia añadía entre sus objetivos, junto a la futura comprobación de la fiabilidad del testimonio humano, la sagacidad como investigadores de los ufólogos, que se iban a ver en la tesitura de tener que discriminar entre lo que podían ser "ovnis" y artilugios pergeñados por los "magonitas"; es decir, debían actuar como escépticos a la fuerza. Para propiciar la participación, los organizadores convocaron un concurso en el que se premiará, el próximo 30 de octubre, el mejor informe de confusión propiciado por los ingenios luminosos. Por ello, la magistral jugada del proyecto Magonia no podía contar en absoluto con el beneplácito de los organizadores de la alerta ovni ni del público asistente. De todas formas, a pesar de todas las acusaciones dirigidas contra los escépticos por su intromisión, de los insultos (se pudo leer en Internet cosas como "delincuentes, fascistas, talibanes, inquisidores, payasos armados, conspiranoicos") y amenazas de denuncia, el proyecto Magonia, para Iker Jiménez, no debió ser más que una piedra en el camino, un impedimento quizá pasajero, una probabilidad no muy alta de que el acto no saliera todo lo bien que era de prever siempre que algún avispado azuza los blandos e inmaduros cerebros de los creyentes. Este es, en mi opinión, el mecanismo externo de la alerta: una forma de adulación a la masa como otro cualquiera, una manipulación de las creencias irracionales tras la que no hay más que el afán de lucro de una emisora radiofónica y de un pseudo-investigador de una parcela de la realidad despreciable desde el punto de vista de las ciencias de la naturaleza y muy interesante desde el de las humanidades: lo paranormal en general y lo platillesco en particular.

Días antes de la alerta arreciaron las críticas contra la propuesta bartsimpsoniana de Magonia (que también tenía un aire divertidamente pícaro): los mismos lamentos y reproches habituales dirigidos a los escépticos por parte de quienes participan del misterio ufológico. Uno de estos argumentos, en una de las listas de la Fundación Anomalía (www.anomalia.org), se dirigía contra la crítica que al parecer Magonia estaba haciendo a quienes "no habían perdido la costumbre de salir a mirar el cielo de vez en cuando". Yo metí baza y respondí que no había perdido esa costumbre... porque nunca la he tenido. Por supuesto, he salido muchas veces al Parque Nacional de Las Cañadas del Teide de noche (quizá el mejor cielo de España) a mirar las estrellas, o a cualquier playa de la costa tinerfeña, a darle a las espirituosas con los amigos y a pasar el rato, pero sin ningún interés especial por ver nada raro ni confirmar ninguna creencia o deseo personal. Nunca he tenido la necesidad de que de allí arriba (o de allí abajo) vinieran alienígenas a la Tierra, ni siquiera tengo la necesidad de que existan, me da absolutamente igual. Es decir, he mirado al cielo de noche muchas veces, pero con un espíritu totalmente distinto al de las alertas ovni. El comentario reproducido es una pequeña muestra de cómo los que abogan por la realidad misteriosa que nos rodea interpretan a los escépticos: éstos son vistos como aburridos o atrabiliarios señores, incapaces de sentir las emociones vitales que proporciona una vida atenta al misterio, a lo que tales hechos "inexplicables" presuponen sobre la naturaleza de la realidad. Una naturaleza que, por tanto, se extiende más allá de lo que en la anquilosada ortodoxia que nos enseñaron en las escuelas se nos muestra.

Reproduzco a continuación un breve texto extraido de la convocatoria a la alerta ovni en Internet:

Misterios no resueltos, periodismo de investigación, fenómenos extraños, ciencia de vanguardia, enigmas de las antiguas civilizaciones...todo eso es "Milenio 3". Con una visión reporteril de los hechos, enviados especiales informando desde diversos lugares del Globo y una conexión permanente con las nuevas tecnologías e Internet, este espacio entrará a fondo en temas habitualmente considerados tabú y que, a pesar de la poca información que hasta ahora ofrecían los medios generalistas, atraen al gran público que afronta lleno de curiosidad este tercer milenio.

Es de desear que a esos medios de información general les siga pareciendo todo esto una auténtica payasada, como ahora. Este es el nivel cultural medio de estos programas: se trata de una auténtica farsa en la que un amago de investigación se intenta hacer pasar como un acercamiento plausible a la realidad. Esa "visión reporteril" no es investigación científica; conviene dejar esto bien claro: es periodismo sensacionalista, es un batiburrillo de bambolla pseudocientífica, un género literario-radiofónico que ha sabido penetrar en las mentes ávidas de maravillas que esta sociedad del aburrimiento cultiva. Al calor de lo alternativo, del "despertar de la conciencia", de la libertad para creer en lo que se desea, los líderes populacheros de los enigmas de la ciencia se convierten en engañabobos consentidos, en hábiles manejadores de la industria cultural -pseudocultural, mejor dicho- y de la deficiente instrucción que arrastra una gran parte de los consumidores acríticos de medios masivos.

El escrito citado terminaba con una simplona llamada: "¡¡Todos a Madrid el 25-J en favor del misterio!!". ¿A favor del misterio?, ¿cómo es posible estar a favor de misterio? ¿No habrán querido decir, si hemos de confiar en la salud intelectual de estos promotores, en que accedieron en su momento a una educación obligatoria de calidad mínima, en que conservan ciertos escrúpulos a pesar de vivir de fabricar sinsentidos para una empresa privada, no habrán querido decir, repito, que todos debemos estar a favor de la resolución de los misterios?, que es lo que caracteriza a los investigadores inteligentes, a los científicos y a todos los honrados "clarificadores" que pretenden conocer cada vez con mayor precisión la naturaleza de este mundo, y que piensan, me atrevo a asegurar, que toda labor oscurantista y a favor del misterio per se no es más que una estafa a la curiosidad intelectual y un irritante ejercicio de cinismo por parte de personajes marginales aunque estén respaldados por 8.000 almas cándidas...

El día anterior a la alerta, José Gregorio González, el coordinador del acto en Tenerife, envió un mensaje de correo electrónico a diversas listas de distribución en el que se podía leer que

...una minoría muy bulliciosa ha intentado boicotearlo con todo tipo de vergonzosas estratagemas. No han faltado insultos ni engaños, ni actitudes de censura propias de la Edad Media, pero bueno, todo eso debería servir para disfrutar con más ganas de la experiencia

Parece que algunos no han asumido aún la libertad de crítica dirigida a cualquier acto social, sea del tipo que sea, y el derecho incluso de los participantes a conocer esos argumentos. En cuanto a la mención a "censuras propias de la Edad Media" vale la pena, obviando la sandez de la censura, pararse un momento en la Edad Media. En opinión de González la actitud de los escépticos críticos con el sarao platillista anda por esa edad más bien oscura, según el cliché histórico. Pero resulta que quien realmente anda por la Edad Media no son los escépticos, sino el propio José Gregorio González, porque esas medicinas erróneamente denominadas alternativas que él ha divulgado frecuentemente en sus artículos y programas radiofónicos están basadas en creencias terapéuticas medievales y renacentistas totalmente superadas por la medicina científica; porque la criptozoología, a la que tan aficionado es, resulta ser una actualización de los tratados medievales en los que se daba por buena la existencia de dragones y se detallaban testimonios e imágenes de los diversos tipos de estos animales inexistentes; y porque las sincronicidades jungianas, esas conexiones acausales entre fenómenos a las que el citado ha recurrido en alguna ocasión, podríamos interpretarlas en realidad como una recuperación posmoderna de la cosmología medieval, en la que el microcosmos se halla en íntima conexión con el macrocosmos, versión del hermetismo alejandrino según el cual "como es arriba es abajo".


  El periodista Iker Jiménez.

El día 24 de junio la Asociación de la Prensa, Radio y Televisión concedió la "Antena de Oro" al programa Milenio 3, circunstancia que, lógicamente, debió acoger Iker Jiménez como una bendición ahora que estaba recibiendo una buena colección de críticas desde diversos lugares. Al parecer, los criterios del jurado para la concesión del premio fueron: "rigor en la información y su innovación del formato radiofónico, la utilización de nuevos medios y su espectacular audiencia". Me interesan bien poco estos criterios, excepto el primero, que no demuestra más que el hecho de que los miembros del jurado no saben realmente qué es lo que estaban premiando, o que son una muestra típica del frecuente nivel cultural de parte de la prensa española. Muchos premios no son en absoluto indicio de la calidad cultural de un programa. Precisamente la asociación norteamericana CSICOP dirigió en julio de 2004 su crítica, una vez más, al exitoso programa televisivo Larry King Live de la CNN. King ha recibido muchos premios periodísticos -muchos más que Jiménez- pero sigue haciendo una presentación irresponsable de los tópicos paranormales más destacados. Cuando Paul Kurtz y Joe Nickell pusieron en conocimiento del productor del programa la sesgada orientación del mismo éste les respondió que “todo el mundo sabe que es sólo entretenimiento". Al igual que los escépticos norteamericanos yo lo dudo. Y también dudo que el jurado de la "Antena de Oro" y los oyentes tercermilenarios sepan lo que es el rigor cuando se hace mención a supuestos hechos confirmados o a simples creencias sin fundamento.

¿A qué tanto revuelo con esta pamplina de alerta ovni convocada por Milenio 3, se preguntará el lector? Cada quien puede creer lo que le parezca oportuno, es cierto; pero de la misma forma el crítico tiene derecho a que su opinión sea conocida y considerada por el aficionado; de lo contrario, estaríamos ante un sistema de creencias cerrado -de hecho, esa es la situación- en el que un círculo externo imaginario está formado por quienes proponen iniciativas como ésta apoyándose en las imaginaciones mistéricas e irracionales de un amplio grupo de seguidores, que son el núcleo de ese espacio circular. En el fondo, esto no es más que la eterna dialéctica entre la afectada sensiblería de quienes han abrazado un conjunto de dogmas pseudo-religiosos y los escépticos que se inflaman ante la manipulación de las conciencias que efectúan premeditada y alevosamente los aprovechados de turno, ya sean gurús de multinacionales religiosas o periodistas sin escrúpulos que se dedican a encantar planetas, mentes defectuosas y cuentas corrientes. Esta es la razón de la perturbación promovida por Magonia; por lo menos esta es la razón de mi reacción en diversos foros, y apostaría a que es la de muchos otros sensibilizados por mejunjes nuevaerísticos y supersticiosos como el de la alerta del 25 de junio.

Pero la alerta tenía trampa: disfrazarla de aventura científica. Con el demagógico recurso a la libertad de expresión y creencia, unos pocos se aprovecharon de la ingenuidad generalizada, de quienes desconocen lo que es el trabajo científico auténtico, de la exigencia intelectual que éste supone, detalles éstos situados bien lejos de la adulación al gusto mayoritario y del entretenimiento engañoso y facilón de un producto prefabricado. Como suele ser habitual, los periodistas del misterio critican a la ciencia y a los científicos cuando éstos no dan el visto bueno a alguna de sus historias de miedo, pero se aprovechan siempre que pueden de la buena voluntad de algún astrónomo al que pescan para avalar indirectamente sus disparatadas afirmaciones y en general el teatrillo de lo misterioso en versión radiofónica. En el caso de esta alerta ovni, según información transmitida en la lista de correo electrónico "Fabricantes de ovnis" durante la emisión radiofónica se emitieron dos grabaciones, una de un astronauta de la NASA y otra del director del radiotelescopio de Arecibo. Según el oyente, dio la impresión que estaban hablando de la vida ET y no de ovnis, y que fueron editados y sacados de contexto...

Una de las entidades de divulgación científica con las que contactó la organización de la alerta fue el Planetario de Pamplona. Su director, el astrofísico Javier Armentia, se dirigió a todos sus colegas en la lista de correo electrónico de la Sociedad Española de Astronomía (SEA) alertándolos ante la estafa cultural que Milenio 3 se aprestaba a cometer con el habitual desahogo de todos los sofistas del misterio prefabricado. Y es que Jiménez pretendía contar con el apoyo tácito o explícito de algunos museos de la ciencia y planetarios españoles como el Museo de la Ciencia de Castilla-La Mancha, el Planetario de Madrid y el citado Planetario pamplonés, presentando como una noche de divulgación astronómica lo que no iba a ser más que una parada mediático-platillista. Los planetarios, la SEA y la Red de Investigación Sobre Bólidos y Meteoritos mostraron su desagrado y repulsa por la maniobra del periodista anómalo (véase al respecto la nota publicada en Magonia). En cualquier caso, lo importante es que en los foros de divulgación científica españoles quedara claro, para futuras ocasiones, quién realiza auténtica divulgación científica y quien enmascara un producto pseudocientífico de jornada de observación astronómica, provenga de quien provenga, de la SER o de todas las emisoras españolas al mismo tiempo.

Pero ¡ay de los científicos y críticos en general con las alertas ovni y con todo aquel ejemplo de pseudociencia factible de ser exprimido económicamente!; éstos serán acusados de pertenecer a algún oscuro conciliábulo contra la libertad de expresión. En http://superiores.blogalia.com/ figura una respuesta intercalada a una ridícula carta de Iker Jiménez, donde se despachaba con esos piropos que el pseudo-periodismo del misterio suele dedicar a los escépticos: "estos fascistas censores del pensamiento", a lo que añadía que la alerta

va a ser una manifestación en favor de la libertad, de la libertad de pensamiento, de la libertad de preguntarse, de la libertad de mirar al cielo unidos porque nos da la gana.

Otra frase de la carta, meritoria por su simpleza, es:

adalides de la ciencia de letras muertas aprendidas de memoria y sin sentimiento.

Además, la alerta ovni es mucho más que

ver o no ver cosas y de aprender o no del cielo. Va a ser una manifestación de miles de amigos en todo el mundo. De miles de amigos unidos en libertad.

No quedaba ahí la cosa; Jiménez también se presentaba como abanderado de la lucha contra la opresión mundial:

Por fortuna, siempre en cualquier pueblo, en cualquier lugar, ante cualquier dictadura ortodoxa. siempre habrá tercermilenarios. Y, por último, los participantes acudirían a la alerta creyendo en lo que quieran. Con la fe que quieran.

Todos estos discursos infantiles son los que los tercermilenarios se tragan enteros, sin digerir.

Para el creyente habitual, el escéptico es un tipo aburrido, incapaz de sentir emoción por un cielo estrellado, un aguafiestas, un conchabado con la "ciencia oficial", alguien que cobra de ésta, un vendido a los poderes que ocultan las sorprendentes realidades que los investigadores disfrazados de Indiana Jones nos desvelan en sus libros y sus programas de radio. Esta es la imagen que fomentan programas radiofónicos como el de Jiménez de todo aquel que mantenga una clara actitud crítica contra la confusión entre la ciencia y el pensamiento racional y lo que no son más que especulaciones de medio pelo y viejas creencias enquistadas generación tras generación, por obra y gracia del mercadeo paranormal. Lógicamente los científicos son bienvenidos a programas como Milenio 3 siempre y cuando desconozcan cuál es la auténtica filosofía del programa, no sea que vayan a decir alguna inconveniencia que haga tambalearse los cimientos invisibles en los que se apoya el pensamiento mágico y la ramplona cosmovisión de los consumidores de misterios. Basta un poco de optimismo, de sonrisa radiofónica, de jovialidad mediática, a la que son propensos algunos científicos cuando un medio les permite ejercer el papel de expertos consultores, para que den un juego estupendo en programas como el de los tercermilenarios.

Me gustaría que el lector haga un esfuerzo por mirar desde fuera un acto como esta alerta ovni y cualquier otra de que las se han convocado años atrás. Olvídese por un momento la lógica de Ovnilandia, el país en el que estas cosas se presentan como plausibles, e incluso lógicas. Si salimos de este recinto cerrado nos daremos cuenta de que una alerta ovni es una de las manifestaciones más estúpidas que se pueden dar en el terreno del mito de los platillos volantes. Como es sabido, desde el propio interior de la ufología racional siempre se ha considerado al "fenómeno ovni" como algo -si es que es algo- esencialmente impredecible; en cualquier momento puede divisarse un fenómeno que podría caer en ese cajón de sastre que son los ovnis. Por tanto, cualquier intento planificador, de espera premeditada del acontecimiento misterioso, carece de más mínimo sentido. Pero es que el creyente en lo enigmático, el participante activo en esta noche de observación, ni siquiera tiene en mente esta elemental enseñanza de la ufología crítica y racional. Imagine el lector el siguiente escenario: la noche del día x un grupo de personas se van a reunir en varios lugares para esperar la aparición de luces que ellos no van a saber identificar. No saben si van a ver algo -el deseo ferviente obra maravillas- ni a qué hora, ni en qué forma, pero acuden a la llamada de un programa radiofónico que tampoco ha aportado jamás una sola prueba en este sentido, y que echa mano de unos pocos científicos a modo de vigas de sujeción de lo que no es más que un castillo de naipes mediático. ¿Y cuál es el pegamento con el que se unen todos estos ingredientes?: el romanticismo platillista, el pensamiento conformista y gregario del creyente, la incapacidad de ciertos profesiones del medio radiofónico para aprovechar una tribuna y divulgar auténtica ciencia, perpetuando las simplezas heredadas de maestros de amaño y la revuelta confusión entre unas pocas pinceladas científicas y afirmaciones fantasiosas en las que pescan los avispados del platillo volante y lo paranormal, que en estos eriales intelectuales no escasean.

Por el lado de los creyentes, de los participantes emic en la alerta, el escenario es un poco más complejo, pero quizá más fácil de imaginar para un crítico escéptico interesado en esta manifestación socioemotiva de contacto cósmico. Es suficiente con decir que a ninguna creencia religiosa le apetece ver cómo un grupo de impíos pone de manifiesto la simpleza de sus seguidores. Por ello, a todo creyente en el misterio ufológico le hace la misma gracia el proyecto Magonia que a un devoto de las apariciones marianas en Fátima le haría que tres o cuatro escépticos con ganas de divertirse se disfrazaran de etérea señora con biotipo ario, contradiciendo el más que probable aspecto de la madre del Nazareno. Y al igual que en el caso de una aparición mariana o un acto litúrgico cargado de simbolismo, los participantes potenciales en una alerta ovni se defenderán con una colección limitada de razonamientos de tipo emotivo ante la amenaza crítica que interpreta tales actos colectivos como una manipulación mediática encabezada por los santones del misterio.

Una de las mejores críticas a la movida "alertera" fue un mensaje enviado por Alejandro Beceyro desde Argentina el 9 de junio a la lista "Fabricantes de ovnis". Su autor dio en el clavo al asegurar que "... esta convocatoria les supone un riesgo inesperado: el de tener obligatoriamente que sospechar, aún en contra de su voluntad. Porque después de anunciar públicamente [el proyecto Magonia] que se van a poblar los cielos de engañifas -continúa Beceyro-, tendrán que ejercer aunque sea una mínima y necesaria precaución intelectual, para no quedar ante ellos mismos como chorlitos irredimibles".

La duda estaba creada entre los propios organizadores y entre los crédulos que se aprestaban a participar. Por una vez se vieron obligados a pasar por el aro de la crítica y del cuestionamiento de la realidad social pre-digerida que fuentes con exclusivos intereses crematísticos les suministran. La tremenda desazón que esta posibilidad provocó fue notoria, y la respuesta fue proporcionada, con la ya comentada colección de improperios.

Como ya he indicado, la alerta ovni del 25 de junio, como tantas otras manifestaciones pseudocientíficas, intentó legitimarse mediante el concurso de un par de voces de representantes de la ciencia astronómica. De la misma manera que la Astrología popular se disfraza de consultorio con carácter "racional" (consejos o camino a seguir para conseguir un objetivo) la alerta ovni se presentó arropada con una racionalidad respetable. En un comunicado de los organizadores podía leerse:

No se trata de una mera alerta ovni. Esto es mucho más. En cuanto a temática y tratamiento. Es la Gran Noche del Misterio interactivo. La noche en la que la tecnología y la naturaleza se unen para generar un experimento de comunicación único. Para ello contaremos con los mayores expertos en materia astronómica.

Así, la presencia de algunos científicos en antena, ya en directo, ya enlatados, pretendía sancionar el acto haciendo uso de unas instancias que frecuentemente son criticadas cuando se niegan a seguir la corriente; en este caso entran en escena un número no demasiado amplio pero suficiente de clichés y lugares comunes como la "cerrazón mental", "ciencia oficial", "negadores", etc., expresiones y términos totalmente hueros en sí mismos pero que para el aficionado a los misterios de papel cuché son poderosos sobreentendidos, terreno fértil para el irracionalismo y la adhesión ciega. De todas formas, la irracionalidad esencial de esta iniciativa, como la de cualquier otro ejemplo de ocultismo comercializado, no puede entrar en contradicción completa con los esquemas básicos de nuestra sociedad, pues, como señala T. W. Adorno (Filosofía y superstición. Alianza/Taurus, Madrid, 1972, p. 109) refiriéndose a la Astrología:

... se trata de una superstición de épocas desaparecidas hace tiempo más o menos artificialmente resucitada; la receptividad correspondiente se mantiene viva hasta hoy por razones sociales y psicológicas, pero los contenidos recalentados son incompatibles con el nivel alcanzado por la ilustración universal pues el aspecto anacrónico de la superstición de segunda mano le es esencial a ésta: colorea la conducta de la Astrología, sin menoscabar, por lo demás, su efecto.

En el caso de la alerta ovni su aspecto general no es anacrónico, más bien posmoderno, porque el proceso de coloreado de su conducta no se produce de atrás en el tiempo hacia delante hasta el presente, una antigua superstición rehabilitada como en el caso de la Astrología, sino del presente hacia delante, como ciencia de vanguardia, lo que se concreta en vestir con un lenguaje y maneras racional-científicas lo que en el fondo es una superstición contemporánea: los platillos volantes. Esta superstición se objetiva y socializa por medio de las alertas ovni, aunque al mismo tiempo adquiere el carácter de experiencia directa (visualización de luces extrañas u ovnis); no se queda en una relación mediada con lo lejanamente numinoso, como en el caso de la Astrología, en la que el creyente dispone de intérpretes organizados que saben leer los astros por él.

Uno de los colaboradores de la alerta aseguró en un edulcorado escrito que

Muchos nos reuniríamos allí esa noche con la esperanza de ser testigos de una 'prueba', de una demostración que no sabíamos si se nos daría. Desde lo mas profundo de nuestro corazón, queríamos dar el gran salto, pasar de creer a saber con certeza que no estamos solos en el Cosmos.

Todo ello aderezado con un poco de crítica social de pacotilla sobre los males de nuestra civilización que no nos deja tiempo para pensar en lo "espiritual" y fomenta el consumismo, dicho todo ellos con ese espíritu de apariencia neoreligiosa en el que consiste el flácido razonamiento de la New Age.

Aunque la creencia en los extraterrestres se quiera disfrazar de "noche de convivencia", o de "noche mágica" y de aventura para aprender cosas sobre el cielo nocturno, aquélla siempre termina saliendo a relucir, porque no es otro el motivo que hay detrás de los que participan totalmente convencidos en una alerta ovni. Así, en diversas listas de correo se pudieron leer mensajes en los que se apelaba a la posible existencia de vida extraterrestre y de sus visitas a nuestro planeta. La posibilidad de que exista vida microscópica alienígena es real y posiblemente alta. Mucho menor es la de que haya vida compleja inteligente; y menor aún, prácticamente nula, de que alguna civilización haya alcanzado nuestro planeta no en el siglo XX, sino en algún momento de la existencia de la Tierra como planeta. No debemos engañarnos: las leyes de la física son las mismas en todas partes, no es razonable pensar que otros seres racionales hayan superado las enormes dificultades del viaje interestelar.

Por todo ello, las alertas ovni no sirven lo más mínimo para saber más de la vida en el universo (aparte de la nuestra y de cómo nos comportamos en manifestaciones con aire religioso como estas concentraciones platillistas). Esta no es materia para los más conocidos periodistas del misterio. La vida extraterrestre es materia de estudio de los astrobiológos en general, no de novelistas sensacionalistas que no han aportado jamás un átomo de materia contrastable e irrefutable. Las alertas ovni son una prueba de lo fácil que es apretar un par de clavijas emotivas en el público y despertar ese vago sentimiento de maravillas por medio de la figuración y de la venta descarada de humo. Y a las pruebas de otras alertas ovni hay que remitirse: por ejemplo a la más importante que se ha celebrado en España, en Las Cañadas del Teide, Tenerife, el 24 de junio de 1989: un desvergonzado juego mediático promovido por un grupo de contactados... con el marketing aztlanero, afortunadamente caído en el olvido.

La alerta ovni del 25 de junio de 2004 -ni ninguna otra- tuvo nada que ver con la ciencia, ni con la Astrobiología, ni siquiera fue un producto radiofónico respetable por su calidad y afán imparcial e informativo. Fue un artículo publicitario de tercera calidad, una maniobra radiofónica vetusta, una reactivación de la ufología de feria más chusca, una cosa premeditada para aprovecharse, haciendo uso impropio de algunos científicos, de los anhelos y deseos del público. Fue un ejercicio de cinismo por parte de la SER, tan preocupada por la calidad y la cultura, que acabó plegándose a un rancio engendro pseudo-cultural.

Todas las alertas ovni tienen la facultad de poner en funcionamiento una capacidad muy humana, la de maravillarse ante un escenario de apariencia misteriosa. Nos encontramos en el terreno de las especulaciones relacionadas con misterios y las creencias irracionales o pseudocientíficas. Se trata de un sentimiento vago, algo semejante a un ambiente que envuelve cada sensación o percepción, antes que una disposición de nuestro intelecto orientada hacia la comprensión racional de la realidad. En las alertas ovni es imposible pretender que los participantes apliquen su raciocinio crítico, en primer lugar porque no están planteadas con este objetivo -con esta orientación en nuestra línea de razonamiento, más bien- y en segundo porque cada interpretación, cada visión personal o imaginación, contará con los mismos derechos sobre la realidad que cualquier otro. La personalización de la realidad fomentada por la New Age se hace patente en estas ocasiones.



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