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Crítica de libros
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![]() | Robert L. Park (2001): Ciencia o vudú De la ingenuidad al fraude científico Grijalbo, Barcelona 326 páginas ISBN: 84-253-3595-7. |
Comentario: Luis R. González Manso
El subtítulo de este libro denuncia una situación bastante peculiar entre las llamadas seudociencias. Es frecuente que sus practicantes se hayan iniciado en las mismas de una manera ingenua. Un ejemplo claro son los innumerables inventores de máquinas de movimiento perpetuo que creen haber hallado soluciones que nadie antes había pensado. Sin embargo, lo que puede empezar siendo un honesto error suele hallar el modo de evolucionar, a través de etapas casi imperceptibles, desde el autoengaño hasta el fraude. La línea que separa la necedad del fraude es muy delgada y el autor utiliza el término ciencia vudú para referirse a de forma conjunta a todas las variedades que pueden darse.
Robert L. Park distingue tres tipos de desviaciones en el método científico. Cuando son los propios científicos los que logran engañarse a sí mismos la denomina ciencia patológica. Cuando algunos llamados expertos se dedican a fabricar argumentos deliberadamente orientados a confundir a juristas, legisladores o al público en general, sería la ciencia basura. Finalmente, el autor reserva el término seudociencia exclusivamente para aquellas disciplinas que sus partidarios consideran auténticas ciencias pero que no ofrecen, en absoluto, evidencias contrastables y suficientes.
Hasta aquí, todo perfecto. Lo que quizá sorprenda al lector son los ejemplos que presenta para ilustrar algunas de estas desviaciones. Naturalmente se incluyen los más habituales: las máquinas de movimiento perpetuo (nunca identificadas como tales sino adornadas de los más ingeniosos métodos propulsivos); la fusión fría (sobre la que ofrece interesantes anécdotas de su auge y caída); la Meditación Transcendental del gurú Maharishi y su partido de la Ley Natural que pretende acabar con la violencia mediante tales prácticas (y vuelven a insistir ahora, tras los atentados contra los Estados Unidos); los diversos suplementos alimenticios y farmacológicos de efectos no demostrados, sin olvidar tratamientos como la homeopatía o la acupuntura; o los temores ante los efectos perniciosos de las líneas de alta tensión o de los teléfonos móviles.
Pero también menciona otras opciones menos “políticamente correctas” como el debate sobre el calentamiento global, la exploración humana del espacio interplanetario (empezando por esa costosísima estación espacial que nunca será rentable en ningún sentido), la “Guerra de las Galaxias” de Reagan, o el empeño de los gobiernos por el secretismo (con el caso del OVNI estrellado en Roswell como paradigma)
Resulta muy interesante la visión que nos ofrece el autor de los entresijos gubernamentales, legislativos y judiciales en Norteamérica, y de las continuas presiones de toda índole que sufren todos estos organismos oficiales para que permitan, respalden e incluso subvencionen muchas de estas cuestiones sin fundamento. “Cuando las barbas de tu vecino veas pelar...”.





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