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Crítica de libros

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  Albert Budden (1998):
Electric UFOs
Blandford, Londres. 
ISBN: 0 7137 2730 6 (Tapa dura)  0 7137 2685 7 (Rústica)
268 páginas + Notas, referencias e índice. Fotografías.
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Comentario: Luis R. González Manso

Desde hace unos años, Albert Budden ha defendido casi en solitario una peculiar explicación para el fenómeno OVNI (y más específicamente para las abducciones) que rechazando la HET pretende evitar ese escepticismo a ultranza que las atribuye a engaños y fraudes. Su idea: las abducciones y demás imaginería extraterrestre derivarían de una reacción alérgica de los testigos a influencias electromagnéticas.

Más en concreto, propone que los abducidos tras haber sufrido en su infancia un "incidente eléctrico grave (IEG)" (ser alcanzados por un rayo, etc.) quedan sensibilizados a las radiaciones electromagnéticas ambientales (bien naturales, o especialmente artificiales ölíneas de alta tensión, emisoras de televisión o radio, etc.-) por lo que si viven en una ãzona calienteä donde confluyan distintas emisiones de este tipo pueden alcanzar un "umbral de sobrecarga" que desencadene visiones o alucinaciones, las cuales ellos interpretan dentro del contexto de visitantes extraterrestres.

La idea en sí tiene un innegable atractivo (especialmente para los escépticos, a quienes eximiría de apelar a ese gastado recurso de los fraudes voluntarios) y con el tiempo, Budden ha ido puliendo las críticas más simplistas. Por ejemplo, los incidentes en zonas poco pobladas o anteriores a la época actual vendrían motivadas por fuentes electromagnéticas naturales como fallas, etc.. Sin embargo, como casi siempre, quizá peca por querer explicar demasiado, como cuando aplica el mismo mecanismo a las llamadas "casa encantadas" o a los "poltergeists", o pretende que los propios testigos se convierten en emisores electromagnéticos.

Otro problema aparece con los métodos aplicados para verificar la hipótesis. Cuando el investigador acude a la casa del testigo con su detector electromagnético, nunca deja de encontrar lo que busca. Cuando aplica a los testigos un cuestionario específicamente diseñado, las respuestas afirmativas resultan mayoritarias. El problema es que no se nos comentan pruebas negativas con esos mismos detectores en las casas de los vecinos, ni se incluyen preguntas neutrales o que deban responderse negativamente. Además, el autor (cuya esposa precísamente sería una víctima de tales "alergias electromagnéticas" y él mismo habría sufrido de pequeño un IEG) acude a las dudosas técnicas de la llamada "medicina alternativa" para comprobar sus teorías, se apoya en experimentos "basados en los cuadernos secretos de Tesla" para demostrar la levitación electromagnética (siempre fuera de cámara) de materiales no ferrosos, o recorre el vademécum médico hasta encontrar una explicación electromagnética a cualquier síntoma, cuya causa puede ser mucho más convencional.

Y ello acaba desembocando en las sospechas sobre un encubrimiento galopante de todo este asunto por parte de la "ciencia oficial" a fin de evitar la quiebra de la poderosa industria de la energía y las telecomunicaciones. En algún momento, una buena idea llena de prometedora potencialidad para explicar parte del fenómeno, ha vuelto a desbarrar. Recomendaría leer con atención este libro e intentar diseñar experimentos que nos permitan determinar cuánto de verdad hay en las manifestaciones del autor.





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